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¿QUE DICE EL CORAN DE LOS MISTERIOS CRISTIANOS?

 

El objetivo del presente trabajo es mostrar la manera en que tanto la divinidad de Cristo como el misterio de la Santísima Trinidad, misterios principales del cristianismo, son presentados en algunas de las 'suras' o capítulos en los que se divide el Corán. Presentamos sólo aquellas más significativas al respecto, en relación a la abundancia con la cual tratan la materia.

 

  1. Introducción y presupuestos
  2. Queremos establecer algunos presupuestos antes de entrar en materia: Nuestra intención es esbozar criterios que puedan ser muy fructíferos tanto para aquellos que, siendo cristianos, tienen por misión trabajar o al menos vivir en ambientes donde se ha hecho necesario el diálogo interreligioso con el Islam, como para aquellos que son totalmente noveles en la materia y están interesados en adquirir cierto conocimiento de la misma.

    Es una opinión a veces bastante difundida entre teólogos o expertos 'de avanzada' en el diálogo interreligioso, el pensar que este sólo puede ser abordado colocándose por completo en la mente y el pensamiento del otro, cambiando o al menos relativizando las propias ideas. Nosotros disentimos totalmente con esta postura. Por sentido común y sobretodo por la experiencia vivida como misioneros en el mundo islámico, sabemos muy bien que cuando un musulmán (y análogamente sucede para una persona de cualquier otra religión) está dispuesto al diálogo con un cristiano, espera encontrar en su interlocutor justamente un cristiano convencido de sus ideas. No espera hallar alguien que le dé la razón en todo, ni que parezca más musulmán que él mismo (en el caso del diálogo con los musulmanes). Para que exista verdadero diálogo interreligioso, debemos suponer al menos religiones diversas, y por lo tanto pensamientos diversos, los cuales pueden sin embargo perfectamente confrontarse en un clima cordial.

    Por lo tanto, nuestra primera convicción versa sobre la naturaleza misma del diálogo interreligioso, para el cual consideramos bueno y muy bueno el saber respetar las ideas ajenas y saber respetarse las propias. Es necesario hacer un esfuerzo para favorecer la comprensión del otro, y de sus razones y motivos, pero al mismo tiempo hace falta estar muy convencido del propio pensamiento y saber exponerlo de ser necesario, con la máxima claridad y precisión posibles. Dice en efecto el Papa Juan Pablo II: 'En el diálogo interreligioso no se trata de renunciar al anuncio, sino de responder a una invitación divina para que el intercambio y la participación lleven a un recíproco testimonio de la propia visión religiosa, a un profundo conocimiento de las respectivas convicciones, y a un entendimiento sobre algunos valores fundamentales' (1). Ya en la Redemptoris Missio, había afirmado que 'el diálogo no dispensa de la evangelización' (2), y 'está orientado hacia la evangelización' (3).

    En segundo lugar, y como consecuencia de lo primero, ya que no somos musulmanes, lógicamente la presentación que haremos del Corán no será del punto de vista de la Fe musulmana, e incluso pensamos que dicha presentación debe ser llevada a cabo desde una óptica cristiana, lo cual nos brindará importantes criterios para el análisis crítico. Esto lo consideramos de gran importancia; de no ser así no habría lugar para la reflexión ni para análisis alguno. En efecto, la Fe musulmana considera el Corán revelado por Dios a modo de 'dictación', letra por letra. Además el escrito habría sido confrontado por Dios mismo, de modo que no cabe en él error alguno ni se da en él desviación humana alguna; ni siquiera es dable pensar en elaborar una traducción, que pueda gloriarse de ser efectivamente válida (4). Por lo tanto, la única forma de poder disentir con algunas afirmaciones allí contenidas es elaborando al menos un cierto estudio crítico sobre el Corán, respecto tanto a su contenido como al mismo lenguaje y formas literarias. Nosotros no estamos ciertamente en condiciones de encarar un trabajo de envergadura al respecto. Esperemos poder hacerlo en el futuro. Por el momento sólo se brindarán algunos esbozos, pero ya en esta dirección.

    Una tercera consideración se desprende de la anterior y es esta: Sólo podemos mantener nuestra óptica cristiana sobre el Corán considerando este, y el Islam mismo, como un producto natural de la cultura de la Arabia del siglo VI. O sea nuestra visión del Islam ha de ser la que tenemos sobre una religión natural, humana, no revelada. El carácter de revelación que el Islam se atribuye a si mismo lo coloca en una suerte de tercer estadio de la Revelación, después de la Torah o Ley (revelada a Moisés), y del Evangelio (revelado a Jesús). El Corán, revelado a Mohammed (Mahoma), completa y perfecciona las revelaciones anteriores, y en cierto modo las hace caducar. Aceptar por lo tanto el más mínimo carácter revelatorio del Corán (y del Islam, al cual aquel da origen), nos coloca en consecuencia fuera de la óptica cristiana, ya que la verdad y la Revelación cristiana no tienen ya pleno sentido en la visión islámica. Por lo mismo no podemos atribuir a Mahoma el profetismo en sentido propio, o sea el carácter de profeta como el de los profetas del Antiguo Testamento o como Jesucristo. Consideramos que en los designios de la Providencia alguna misión el Islam ha cumplido (como el liberar a los árabes del siglo VI de la idolatría), y cumple actualmente (esto daría pie para un estudio totalmente aparte), pero no podemos absolutamente considerarlo revelación divina positiva, ni siquiera parcial o restrictivamente (para los árabes por ejemplo). Se le puede atribuir el carácter de 'semina Verbi', o verdades parciales de orden natural que disponen o al menos acortan la distancia para el desarrollo de la divina Revelación, pero nada más. De todos modos, hay en el Islam elementos culturales - algunos proceden del mismo Corán, otros son posteriores, de carácter histórico por ejemplo- que obstaculizan casi totalmente dicha disposición, al menos respecto a la Revelación Cristiana.

    Hechas estas aclaraciones, es hora ya de abordar el tema central.

  3. La presentación en el Corán
  1. Notas previas:
  2. El libro sagrado de los musulmanes se divide en capítulos llamados 'suras' (el singular es 'sura'. El plural árabe es 'suwar'). Son 114, ordenadas generalmente de la más larga hacia la más corta, con excepción de la sura primera o introductoria. Este orden fue el que prevaleció después de muchas deliberaciones y cambios al respecto, y es el que presenta la tradicional edición coránica del Cairo, de 1924, que sirve como texto oficial para la inmensa mayoría de las comunidades islámicas (5). Los capítulos están divididos en versículos ('ayat; singular: 'aya). Hay en total 6252.

    Mahoma empezó su actividad de predicador a los cuarenta años de edad, mientras vivía en La Meca, cuando afirmó haber recibido la primera revelación. Desde allí en adelante fueron trece años de actividad en su ciudad natal, durante los cuales fue muy perseguido y humillado, mientras asentaba los cimientos de su doctrina y lograba sus primeros discípulos. Evidentemente, años tan agitados no han podido sino producir profundas variaciones y evoluciones en el pensamiento del fundador del Islam, razón por la cual toda su producción en el período de la Meca registra varias etapas según los estudiosos. Las llamadas 'suras de la Meca' ('Meccan surahs') suelen dividirse en tres o cuatro períodos (6). Posteriormente Mahoma emigró a Medina, donde el Islam conoció un período de prosperidad, de notable incremento de adeptos e incluso de conquista política y militar. Allí logró la fundación de un mini-estado, de carácter confesional, que poco a poco se fue extendiendo territorialmente de modo asombroso. Fueron diez años que también marcaron la personalidad del llamado profeta. Las suras de este período se conocen con el nombre de 'suras de Medina' ('Medinan surahs'). El común denominador de las suras del período de la Meca sea quizás la prevención y lucha contra la idolatría, que por otra parte fue clave en aquellos momentos de la vida de Mahoma. Las de Medina guardan una relación muy estrecha con las circunstancias políticas y sociales del gobierno de la ciudad. Las que dicen relación (de notable contraste) con la Fe cristiana son sobre todo estas últimas. Es lógico, era el período en que se volvió necesaria una neta diferenciación con los otros credos monoteístas, y además comenzaban las primeras escaramuzas militares con el imperio bizantino, de inspiración netamente cristiana (7).

  3. Primeros contrastes:
  4. La Hégira es el acontecimiento histórico más relevante de la historia de Mahoma, y el más clave para los musulmanes, pues indica hasta hoy el momento a partir del cual deben empezar a contarse los años (inicio del calendario islámico). Significa 'huída' o 'salida', y significa el éxodo de Mahoma desde Meca hasta Medina. En la primera ciudad era perseguido y buscado para que se le diese muerte. En la segunda en cambio, muy rápidamente consiguió ser jefe del gobierno y conformar el primer estado islámico. Los habitantes de la Meca se movieron contra él con la excusa de rescatar una caravana, y enviaron un ejército casi al final del segundo año después de la Hégira. Las fuerzas se enfrentaron en las aguas de Bader. El resultado se tradujo en una neta victoria para los musulmanes.

    Pues bien, meses antes de dicha batalla tiene lugar la 'revelación' de una sura, conocida con el nombre de La Vaca (al- baqara), que es prácticamente la primera en la cual se dan reflexiones de cierta envergadura vinculadas con el cristianismo y los cristianos.

    Leemos en efecto en el 'aya 116: 'Ellos (o sea los cristianos) dicen: Dios ha tomado para sí un hijo' (8). Es una clara referencia a la Fe en el Hijo de Dios, que los cristianos poseen y declaran. Sin embargo, no se perfila todavía una crítica a la posición cristiana, sino tan sólo un distanciamento de ella. Por otra parte, la misma sura es benévola con los 'creyentes judíos y cristianos' (o sea monoteístas), ya que les asigna una cierta recompensa en el mundo futuro (9). Dice el versículo 62: 'De seguro aquellos que creen, y aquellos que son judíos, cristianos y sabeos, quienes creen en Dios y en el Ultimo día, y hacen el bien, ciertamente su recompensa la hallarán en el Señor, y no tendrán temor ni aflicción'.

    Casi un año más tarde, los de la Meca volvieron a la carga, y esta vez consiguieron una victoria sobre los musulmanes en el monte 'Uhud. Tanto que hasta Mahoma fue herido, y se le dio por muerto. El período anterior a la batalla, después de la victoria de Bader, había sido protagonista de un crecimiento en el prestigio de los aún flamantes musulmanes. La derrota los humilló ciertamente, más tiene que haber actuado como un factor catalizador para la fe musulmana. Probablemente han intentado reforzar sus convicciones, y arraigarse sólidamente en sus fundamentos. Se observa de hecho con posterioridad a dicha batalla (años tercero y cuarto después de la Hégira), un deseo ya no sólo de diferenciarse y distanciarse del judaísmo y del cristianismo, sino también una actitud combativa respecto a ambos, y hacia el credo cristiano especialmente.

    Así, en la sura llamada La familia de 'Imran leemos algo muy distinto de lo que escuchamos anteriormente: 'Y quien busca religión fuera del Islam no será aceptado por El, y estará entre los perdedores en el avenir' ('aya número 85). Esta es la razón fundamental por la cual entre los mismos musulmanes hay graves desacuerdos respecto a la suerte eterna de judíos y cristianos.

    También, en el número 64 se lee: 'Di: ¡Oh gente del libro! ¡Llegad a un entendimiento entre nosotros y vosotros!, de modo que sirvamos no otro que a Dios, y no le atribuyamos en absoluto socio, y ninguno de nosotros tome otros por señores sino El'. Aquí podemos notar varias cosas interesantes. En primer lugar, la expresión 'gente del libro' ('ahlu-l-kitaab), expresión ya clásica en el Islam, designa por igual judíos y cristianos, más lo que sigue a continuación en el versículo citado hace sólo referencia al credo cristiano. Esto es muy llamativo, pues en este período histórico Mahoma se preocupa de diferenciarse ritualmente de los judíos, de quien había heredado muchos elementos (10), como el día sábado para el descanso o la oración orientada hacia Jerusalén (la cambiará respectivamente por el viernes y por la oración dirigida a La Meca). Sin embargo, teológica y doctrinalmente toda su preocupación parece volcada en diferenciarse del cristianismo.

    La segunda cosa a notar es la expresión: 'No atribuir socio'. En árabe dice algo así como: 'No asociar a El cosa alguna'. La referencia parece hecha en este caso no tanto en considerar Dios a Jesús (quien para los musulmanes es claramente una persona), sino más bien en no adscribir a Dios ninguna 'otra realidad' que pueda ser catalogada como divina. Una referencia a la Trinidad, aunque mal entendida. Da la impresión que en el Corán hay una muy mala información sobre en que consiste la Trinidad para los cristianos. Esto puede haber sido influencia de las sectas judeo-cristianas (heréticas) que existían en Arabia en aquel tiempo, y que Mahoma conoció. Que la referencia parece hecha a la Trinidad se corrobora por el tercer elemento: 'Tomar otros por señores', donde ya sí es clara la referencia a Jesús (sabe en efecto, que los cristianos llaman 'señor' a Jesús, e intuyen el alcance que esto tiene).

    Acerca de Jesús, se vuelve a la carga en el 'aya 59, al afirmar: '¡Ciertamente que la semejanza (mathal) de Jesús con Dios es como la semejanza de Adán! El lo creó del polvo, y le dijo: ¡Sé (existe)!, y fue (existió) '. Pese a la mala inteligencia de los misterios cristianos, es claro que se intuye algo de lo que implica la noción de naturaleza divina de Jesús, y se busca poner distancia con ella.

    Algo parecido encontramos en la sura llamada Mujeres, de prácticamente la misma época que la anterior. Se dice (en el número 171): '(Oh!, gente del libro, no exageréis en vuestra religión!) El Mesías Jesús, hijo de María, es Mensajero (rasul) de Dios, y su Palabra (qalimatuhu), la cual hizo llegar hasta María, y un espíritu de El (ruhon minhu). Por lo tanto creed en Dios y sus mensajeros, y no digáis: ¡Tres! ¡Terminad! ¡Es esto mejor para vosotros! Pues Allah es Dios único (sólo Allah es Dios); ¡sea alabado! ¡Tener El, para si un hijo!'. Es difícil interpretar lo que aquí se quiere afirmar. En primer lugar hay que notar que los tres términos que hemos resaltado: Mensajero, Palabra y espíritu de El, están en nominativo, lo cual significa que todos son predicados nominales de Jesús. Jesús es Mensajero, Palabra y espíritu de Dios. No es un Mensajero de Dios, y de su Palabra, y de su espíritu. O sea, se está afirmando que hay tres aspectos en Jesús, que dependen de Dios, pero que no hacen más que reafirmar que Jesús es sólo un Profeta. El versículo da a entender que los cristianos parecen tomar estos tres aspectos por tres realidades divinas. Nuevamente la doble alusión a la naturaleza de Cristo y la Trinidad, aunque sobre esta última permanece siempre una gran ignorancia y confusión.

    La sura anterior, la de la familia de 'Imran, posee también importantes descripciones sobre Jesús, que sirven de base para comprender de que manera el Corán cataloga a aquel como profeta. Por ejemplo, en el versículo 49 (Jesús habla): 'Yo curo al que nació ciego, y al leproso, y yo levanté al muerto, por voluntad de Dios'. En el 55: 'Oh, Jesús! Yo te estoy reuniendo conmigo y te estoy elevando (raafi'uka)…' Este último, junto con otro posterior, se toman como punto de partida para afirmar la ascensión de Jesús al cielo, en la cual los musulmanes creen.

    El número 157 aparentemente es en contra de los judíos. Se afirma que intentaron realmente acabar con Jesús, pero Dios lo liberó de la muerte, y colocó en su lugar a un extraño, a quien realmente crucificaron, con lo cual se niega explícitamente la crucifixión de Cristo. Se lee en efecto: 'Y su discurso era: Hemos dado muerte al Mesías Jesús, hijo de María enviado de Dios, más no lo mataron ni lo crucificaron sino que así les apareció a ellos, y ciertamente aquellos que disienten con ello están en la duda, y no tienen conocimiento de ello sino que siguen una conjetura, pues por cierto que no lo mataron'. Esto fundamenta la concepción coránica y musulmana sobre los profetas. Son ellos gloriosos y no puede haber triunfo del mal sobre ellos, ni siquiera aparente. En el versículo siguiente, se vuelve a afirmar que Dios lo elevó al Cielo: 'Más Allah lo elevó (rafa'hu) hacia El'.

  5. Diferencias posteriores:
  6. Entramos en las suras llamadas 'medias' del período de Medina, sobre todo en aquella de alrededor del año quinto después de la Hégira. En ese año nuevamente los paganos de la Meca habían sitiado Medina, aliados con tribus judías. Sin embargo, tuvieron que levantar el sitio de modo inesperado, a causa de un viento adverso que se prolongó varios días. Después de ello, Mahoma salió y tomó venganza de las tribus judías traidoras. A partir de ese momento, comienza la consolidación definitiva del Islam, las conversiones en cantidad y la expansión territorial. Por otra parte, tienen lugar las disputas de carácter más fuerte contra los cristianos, y la pretensión de conquistar tierras del imperio bizantino. Lo percibimos en el tono de las respectivas suras.

    Leemos por ejemplo en La mesa desplegada (17): 'No creen por cierto aquellos que dicen: El Mesías, el Hijo de María es Dios. ¿Quien puede quitar (restringir, limitar) de Dios algo, si El quisiese destruir al Mesías, al Hijo de María y a su Madre, y a quienquiera en toda la extensión de la tierra?'. En esta sura y en aquella llamada 'María' tiene lugar la ya clásica descripción de Jesús como 'hijo de María', apelativo con el cual el Corán y los musulmanes catalogarán a Jesús como profeta. La ilusión a los cristianos aquí es más que evidente. Además, contradiciendo expresiones anteriores, se los llama 'no creyentes', por suponer naturaleza divina en Jesús.

    Aún en el número 72: 'Seguramente no creen aquellos que afirman que es Dios el Mesías, el hijo de María.. Dijo el Mesías: ¡Escuchad, hijos de Israel, rendid culto a Dios, mi Señor y vuestro!' Y en el 75: 'No fue el Mesías, el Hijo de María, sino otro que un mensajero; ciertamente han pasado mensajeros antes de él. Y su Madre fue fiel. Ambos consumían alimento. ¡Mira como eran claros para ellos los signos! ¡Y mira como se han desviado!'

    Todavía más fuerte en el 116, donde supuestamente se pone en boca de Jesús la propia negación de su persona divina: 'Y cuando Allah dijo: ¡Oh, Jesús, hijo de María! ¿Has dicho acaso a las gentes: Tomad a mi y a mi madre por dos dioses además de Allah? Dijo: ¡Sé (Tú) glorificado! No es propio de mí el decir otra cosa sino la verdad. Si yo lo hubiese dicho, ciertamente Tú lo habrías sabido, pues conoces lo que hay en mi mente, y yo no conozco lo que hay en tu mente. Tú ciertamente conoces lo escondido'.

    La contradicción a la que habíamos hecho referencia se da en el interior de la misma sura citada, donde leemos por ejemplo en el 'aya 69: '¡Mira!; aquellos que creen, y aquellos que son judíos, y sabeos, y cristianos - quienquiera cree en Dios y en el Ultimo día y hace el bien - no deberán temer ni aflicción vendrá sobre ellos'. La 'gente del libro' es aquí catalogada como perteneciente a una cierta categoría de 'creyentes'. Como podemos observar, es prácticamente igual al versículo 62 de la sura La Vaca, que habíamos ya citado. Sólo que aquí no se dice 'de seguro', como se lo había dicho allá. Pensamos que probablemente haya habido redactores diferentes, o bien uno mismo que cambió o evolucionó de idea, y que quiso introducir una sustancial modificación en el pensamiento musulmán, aunque se vio atado por lo aseverado anteriormente. Aquí lo reafirma - para no negarlo- pero ya no con la misma seguridad o énfasis.

    Hay intentos de explicar esta contradicción. La misma sura que estamos analizando, afirma en el número 66, que 'entre ellos hay gente que es moderada, y muchos de ellos no obran el mal'. Esta última frase ofrece un problema de traducción. Podría traducirse en efecto: 'pero muchos de ellos obran el mal'. De cualquier manera, puesta dicha frase después de una sentencia que afirma que 'si la gente del libro hubiera observado la Ley y el Evangelio serían nutridos desde arriba…', introduce una salvedad, afirmando que pese a todo, hay entre ellos gente buena y que merece la salvación. Por descarte, hay algunos entonces que no la merecen. Esto podría pensarse como una distinción entre 'creyentes' y 'no creyentes', al interno de la 'gente del libro'.

    ¿Quienes son esos creyentes, o moderados? La misma sura responde en los números 82 y 83: 'Y (vos.) encontraréis los más cercanos en afecto a los creyentes, aquellos que dicen: Somos cristianos.. Esto porque hay (algunos) de ellos clérigos (kasisin) y monjes (ruhbanan), y no son orgullosos'. 'Cuando escuchan lo que ha sido revelado a su mensajero, tu ves sus ojos rebosar de lágrimas por el hecho de conocer (reconocer) la verdad… Ellos dicen: ¡Oh, señor, nosotros creemos! ¡Inscríbenos entre los testigos!' En una palabra, se trata en primer lugar de los cristianos -que tienen preferencia respecto a los judíos-, y a su vez dentro de ellos, los religiosos. Pero, según el Corán estos deberían convertirse al Islam al escuchar la predicación coránica. El no hacerlo, los sitúa entonces automáticamente entre los no creyentes. Así debe entenderse este otro versículo (65): 'Si la gente del libro creyese y se guardase del mal, ciertamente que los alejaríamos de sus iniquidades y los haríamos entrar en el jardín del gozo'. Por 'creer' sólo puede entenderse la Fe islámica. Creemos que esto explica en gran parte la actitud agresiva del islamismo en general hacia los cristianos y judíos, pero más aún hacia los primeros, pues el Corán afirma que son los más cercanos a los fieles, y 'que se deberían convertir' (por eso se busca su conversión), y que ciertamente 'no creen' si confiesan que Jesús es Hijo de Dios. Creemos que esta es una vía de solución para la contradicción coránica. La gente del libro (especialmente los cristianos) son ciertamente preferibles a los paganos y más cercanos a la Fe, pero si no se convierten, 'debiendo hacerlo', da la impresión que su pecado es mayor.

    Sobre la sura 116 queremos hacer aún una aclaración. Dios pregunta a Jesús si ha enseñado a las gentes a tomar a Jesús mismo y a María por 'dos dioses' además de Allah. Evidentemente esto refleja una muy mala interpretación de la Trinidad, probablemente debida a la influencia de alguna secta judeo cristiana, de las muchas que había en Arabia en aquel tiempo. Se ha hablado de algunas que distinguían entre Jesús y Mesías. El primero es hijo de María (típica expresión coránica), el segundo tiene por 'madre' al Espíritu Santo, que es Dios. Una mala comprensión de esto, puede llevar a concluir que los cristianos consideraban a María como dios (el espíritu santo).

  7. Momento definitivo:

Una de las suras más características de los últimos años de la vida de Mahoma es la llamada Arrepentimiento, ciertamente que al menos la más elocuente en cuanto a marcar las diferencias con el credo judío y el cristiano. Estamos en el año noveno después de la Hégira, también llamado 'de las disputas'. Se recuerdan solemnes disputas con los judíos acerca de la Fe, pero probablemente también con algunas sectas judeo-cristianas, cuyas opiniones se tomaron como opiniones normales de los cristianos. Por otra parte, el imperio bizantino empezaba ya a preocuparse seriamente del creciente poderío del Islam, ya que gran parte de Arabia se encontraba unificada bajo el poder político de aquel. Esto debía incitar las declaraciones en contra del credo imperial, cosa que además debía servir de precaución a la naciente comunidad islámica, para no pasarse al cristianismo, ahora que los contactos con este parecían más probables. De hecho, hay en el resto de la sura alusiones a una futura guerra.

En el 'aya 30, leemos: 'Dicen los judíos: Uzair (Ezra) es hijo de Dios, y los cristianos (an-nassaara): El Mesías es Hijo de Dios. Este es el dicho de sus bocas. Ellos imitan el discurso de los que no creen ya desde antes. Allah ha luchado contra ellos. ¡Ciertamente son perversos!'

Aquí no hay lugar a ninguna clemencia. No sólo no se hace ya diferencia entre judíos y cristianos (cuando en época anterior la diferencia era notable), sino que incluso se identifica a ambos con los paganos (los que no creen desde antes), lo cual equivale a introducir una buena piedra de escándalo en el interior del mismo Corán. La lucha de Allah contra ellos y la categoría de perversos se aplica sobre todo a los paganos, pero por lo dicho anteriormente (acerca de la igualdad), también podría predicarse de los judíos y cristianos.

En el versículo 31 se afirma que: 'Ellos han tomado sus rabís (ahbaarahum; literalmente: sus señorías), y sus monjes (ruhbaanahum) como señores además de Dios, y al Mesías hijo de María. Se les había mandado que no sirvieran sino a Dios sólo. No hay otro Dios sino El! (la ilaha illa huwwe). ¡Sea glorificado por todos los que le adscriben un socio!' Una crítica a la devoción popular cristiana a los religiosos, así como judía a los rabinos. No queda claro si los critica por tomarlos como dioses (lo cual evidentemente es exagerado), o como 'señores' dignos de devoción. Se explica por un versículo de una sura apenas anterior en el tiempo o casi simultánea (entre el año octavo y noveno después de la Hégira), llamada Hierro, en la cual se afirma (número 27), que 'ellos inventaron el monasticismo (o la vida religiosa), sólo buscando complacer a Dios, más no la observan con verdadera observancia'. Esto quizás parece querer conciliar lo afirmado en suras anteriores, acerca de la buena cualidad moral de los religiosos, con lo que se dice en Arrepentimiento sobre el hecho que han sido divinizados por la gente. La vida religiosa no ha sido ordenada por Dios según el Islam (y con ello justifican la ausencia de clero en dicho credo); es invención de los hombres, hecha con buena intención pero mal llevada a la práctica (supuestamente esto debería valer sólo para algunos, si no se quiere caer en contradicción con lo afirmado en la sura La mesa desplegada acerca de los clérigos).

Un tiempo antes de la sura Arrepentimiento, el año sexto de la Hégira aproximadamente, tiene lugar la 'revelación' de la conocida como Las clases o los rangos, donde se afirma en el 'aya 6: 'Jesús, hijo de María dijo: ¡Oh, hijos de Israel! Yo soy el Mensajero de Dios ante vosotros, conforme a lo que ha sido revelado en la Torah, y anunciador de un profeta que vendrá después, de nombre Ahmad (Consolador)' (11). Como vemos, el mismo Corán considera a Jesús un profeta intermedio (y por lo tanto los evangelios como revelación intermedia), ordenado al que debe venir después de él. El mismo Corán da testimonio de si mismo. La aceptación del más mínimo carácter de revelación en él -como hemos ya adelantado-, relativiza 'según el mismo Corán' la revelación evangélica, que deja entonces de ser definitiva.

  1. Balance final.

Hecha ya toda la exposición, queremos presentar algunas consideraciones finales. Hemos intentado presentar aquellos versículos coránicos más relacionados con los misterios cristianos de la Santa Trinidad y de la Encarnación del Verbo. Con respecto al primero, la presentación coránica es más bien escasa, y sobre todo muy confusa. Ya hemos citado el versículo 171 de la sura Mujeres, en el cual se afirma que el mismo Jesús es Mensajero, Palabra y un espíritu de Dios. Como vemos, el segundo y el tercer término parecen asemejarse al Verbo y al Espíritu Santo, respectivamente. Aunque sorprende el primero, que no es Padre sino Mensajero, lo cual parece indicar más bien la naturaleza humana de Jesús; Jesús como hombre o bien como profeta. ¿Por qué el Corán se toma el trabajo de afirmar que en Jesús es lo mismo ser Profeta que ser Palabra o Espíritu, cuando estos dos últimos términos son totalmente extraños al Corán mismo y a la terminología musulmana? Según el versículo, pareciese que los cristianos afirman que en Cristo existe por un lado la realidad de Mensajero o profeta (humana), y por otro la divina de Palabra o Verbo, pero entendidas como realidades hipostáticas diversas, de lo contrario no se entiende el énfasis en señalar que en Jesús todo es lo mismo. La distinción entre naturaleza e hipóstasis, así como cualquier otra distinción filosófica, es ajena al pensamiento coránico. De todos modos, no es de descartar cierta influencia nestoriana. Esta misma sura que citamos, agrega el mandato: '¡No digáis tres!', razón por la cual hay que entender que se hace referencia a la Trinidad.

En el número 116 de La mesa desplegada, la descripción es muy distinta: Dios pregunta a Jesús si alguna vez enseñó a los hombres a tomar a Jesús mismo y a María por dioses, además de Allah (Dios). Como ya dijimos, este disparate podría explicarse por influencia de alguna secta herética. Es muy difícil que sea de otro modo, pues haber entendido de manera tan mala lo que los cristianos afirman, sólo parece posible mediante una tergiversación previa, obra probablemente de una secta herética. Observemos también que este versículo, siendo posterior a aquel de la sura Mujeres, no toma en cuenta para nada lo afirmado en aquella acerca de la Trinidad. Es difícil pensar que un mismo autor humano (mucho menos si realmente fuera un autor divino) no considerase en absoluto su pensamiento anterior sobre un tema tan puntual. Aquí parece claro que ambos versículos (aún ambas suras) provienen de fuentes, pensamientos y probablemente de autores diversos (12).

Pasemos ahora al tema del Verbo Encarnado o la Divinidad de Cristo. Aquí los testimonios son más numerosos y ciertamente muchísimo más claros. En el período mecano, tenemos la sura María, que describe el relato del anuncio del ángel Gabriel a María (con notables diferencias respecto al relato evangélico), y da algunas características de Jesús como profeta. En el número 35 se dice que 'no es para Dios (el sentido es 'no cuadra con él'), el tomar alguien como hijo'. No obstante que se está refiriendo a los cristianos, la referencia es sólo indirecta. Pasará a ser directa en el período de Medina. Al comienzo de él, en la sura La Vaca -como hemos ya visto- se dice que 'son los cristianos los que afirman que Dios ha tomado para si un hijo'. De ahí en más, las alusiones se vuelven más fuertes, se crece en indignación ante tal aseveración, y se termina diciendo que los cristianos son infieles y hasta se pone en duda su entrada al cielo, contrariando lo dicho anteriormente. Este 'in crescendo' de las afirmaciones coránicas en contra de la divinidad de Cristo es la primera característica a señalar. Un 'in crescendo' que es propio de las pasiones humanas, del espíritu de lucha, y hasta de las peripecias de los avatares políticos, podría decirse.

Una segunda característica a notar, aunque no es infalible y tiene muchas excepciones, es el fenómeno de reservar generalmente el nombre 'Jesús' para mostrar su aspecto profético, de enviado de Dios, casi siempre acompañado del apelativo 'hijo de María'. El nombre 'Mesías', aún cuando excepcionalmente puede designar la característica de profeta, parece más bien reservado a testimoniar lo que los cristianos afirman de él, sobre todo su divinidad. Esto parece que pueda deberse quizás también a alguna influencia sectaria. Si se admite por ejemplo, que 'Jesús' es 'hijo de María' (apelativo que abunda en el Corán), y el 'Mesías' es en cambio hijo del Espíritu Santo, colocando una dualidad en Jesús probablemente de origen nestoriano, entonces ambos apelativos se usarán diferentemente. Pensamos sea esto una muestra de influencia externa en la redacción coránica.

Finalmente, la tercera característica está relacionada ya no con la divinidad de Cristo directamente pero sí con algo que la afecta, como es su obra redentora en favor de los hombres. En el Corán existe una negación expresa de la crucifixión de Cristo que constituye mucho más incluso que la negación de un simple hecho histórico; marca toda una concepción religiosa. Como bien dice Juan Pablo II: 'Cualquiera que, conociendo el Antiguo y el Nuevo Testamento, lee el Corán, ve con claridad el proceso de reducción de la Divina Revelación que en él se lleva a cabo. Es imposible no advertir el alejamiento de lo que Dios ha dicho de Sí mismo, primero en el Antiguo Testamento por medio de los profetas y luego de un modo definitivo en el Nuevo Testamento por medio de su Hijo. Toda esa riqueza de la autorrevelación de Dios, que constituye el patrimonio del Antiguo y del Nuevo Testamento, en el islamismo ha sido de hecho abandonada.

Al Dios del Corán se le dan unos nombres que están entre los más bellos que conoce el lenguaje humano, pero en definitiva es un Dios que está fuera del mundo, un Dios que es sólo Majestad, nunca el Emmanuel, Dios-con-nosotros. El islamismo no es una religión de redención. No hay sitio en él para la Cruz y la Resurrección. Jesús es mencionado, pero sólo como profeta preparador del último profeta, Mahoma' (13).

Esta última aseveración coincide con lo que el mismo libro sagrado de los musulmanes dice de Jesús y de Mahoma. No obstante, hay sitio aún para una cierta discusión respecto a los libros sagrados de una y otra religión. El Corán mismo afirma (dirigiéndose a Mahoma): 'Y ante ti hemos revelado la Escritura con la verdad, confirmando toda Escritura anterior, y como un guardián sobre ella' (La Mesa desplegada, 48). De tal modo que la Escritura anterior no queda verdaderamente abrogada sino confirmada. Esto vale la pena aclararlo, pues algunos comentadores y teólogos islámicos han insinuado y afirmado que la Biblia queda abrogada con el Corán (14). Esto no debería ser así para una auténtica visión musulmana. Si así fuese, 'el Corán habría fallado en su propósito de ser un guardián' (15).

Queremos terminar con una nueva y breve reflexión sobre el diálogo interreligioso con el Islam, hacia el cual se ordena todo lo hasta ahora expuesto. Por lo que hemos podido ver, el mismo Corán es controvertido respecto a la interpretación de muchas verdades cristianas, y de las relaciones con los 'pueblos del libro', judíos y cristianos. Todo ello contribuye, creemos nosotros, y también el carácter de la misma religión musulmana, a que nazcan muchas veces en el seno de las comunidades islámicas las corrientes fundamentalistas, que hacen difíciles los contactos recíprocos. Como también afirma Juan Pablo II, 'por parte de la Iglesia permanece no obstante, inmutable la apertura al diálogo y a la colaboración' (16). Ciertamente, más es necesario no ser ingenuo. Como dijo recientemente en el Sínodo para Europa uno de los obispos participantes: 'Debemos siempre atenernos a la enseñanza cristiana: aunque la reciprocidad sea difícilmente alcanzable, no por ello debemos desechar nuestras convicciones. El diálogo debe seguir adelante, aunque quizá con menos ingenuidad por parte católica' (17). Y también el filósofo Alain Besançon, en la misma aula sinodal: 'Una Iglesia que no está segura de su fe corre el riesgo de pasar al islam'. Explicad a los cristianos lo que es el Islam y en modo especial los aspectos directamente contrarios a la fe cristiana y al mismo tiempo enseñad el respeto y el amor por los musulmanes; instruid a los cristianos en su religión'.

 


Notas:

1 Juan Pablo II, Catequesis del Papa audiencia gral. del 21/4/99 en L'Osservatore Romano (ed. lengua española), año XXXI, n.17, 3.

2 Cfr. Juan Pablo II, Redemptoris Missio, 55.

3 Pontificio Consejo para el diálogo interreligioso - Congregación para la evangelización de los pueblos, Dialogo y Anuncio. Reflexiones y orientaciones sobre el diálogo interreligioso y el anuncio del evangelio de Jesucristo, 82.

4 Así por ejemplo se expresa The Meaning of the Glorious Qur'an, translation by Muhammad Marmaduke Picktall, Beirut- Cairo (1970), ii: 'El Corán no puede ser traducido'.

5 Conocida como 'Abd al-Baqi, al-Mu'jim al-mufahras li-'alfaz al-Qur'an al-Karim.

6 A. T. Welch divide en Early, Middle and Late Meccan, tomando dicha división de la realizada el siglo pasado por Gustave Weil. Además afirma que dicha división obedece a los mismos presupuestos que la tradicional visión islámica (Cfr. Welch, al-Qur'an, en Encyclopedia of Islam, New Edinburgh, vol V, 416-8). Por su parte, la edición del Corán que hemos citado (cfr. nota 2), divide en very Early, Early, Middle and Late (Cfr. The Meaning of the Glorious Qur'an, 7).

7 Excepción hecha de la sura María, que según los mismos musulmanes habría sido revelada durante el período de la Meca, en particular durante la llamada 'primera Hégira' o huida, cuando muchos musulmanes debieron huir al imperio de Etiopía. Allí habrían tenido un fuerte contacto con el cristianismo de aquella nación. (Para más datos, cfr. The Meaning of the Glorious Qur'an, surah XIX, i-ii). En esta sura hay referencias a la Fe cristiana.

8 Expresión muy similar a la de la sura María, durante el período mecano, donde se afirma (n.35): 'No es para Dios (no cuadra con él), el tomar alguien como hijo'. Igualmente aquí la referencia a los cristianos no es clara, aunque se halla en germen lo que vendrá después.

9 Esto da lugar a un postulado ya clásico en los credos islámicos (hay más de uno), en los que se afirma que a los 'creyentes' (judíos, cristianos y los misteriosos sabeos), les está reservado un especie de purgatorio o recompensa menor, más no infierno. De todos modos, hay sentencias posteriores en el Corán que son terribles en lo que respecta a los no musulmanes. Dichas contradicciones son una constante en el libro sagrado de los musulmanes. Aunque se buscan argumentos para explicarlas, la duda permanece.

10 La presencia y la influencia de los judíos en Arabia en aquel tiempo era realmente muy grande. Existían tribus judías, pequeñas poblaciones también. Muchos judíos y también muchas sectas judeo-cristianas, expulsadas del imperio bizantino, habían emigrado a Arabia, fuera del alcance imperial.

11 Ahmad tiene la misma raíz que Mohammed (o sea Mahoma).

12 La expresión que hemos citado y que aparece abundantemente: 'No asociarle a El cosa alguna…', aunque nos parece que hace referencia a la Trinidad, no la tomamos en cuenta pues es un poco confusa.

13 Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, Barcelona (1994), 106.

14 Ver el interesante comentario sobre la teoría de la abrogación en Geijbels M., An introduction to Islam: Muslim Beliefs and practices, Rawalpindi (Pakistán) 1975; part II, 132-6.

15 Cfr. Ibidem, part I, 58. El término que hemos traducido como guardián ofrecen algunos inconventientes. Quizás habría que haberlo traducido como observador, o encargado de controlar.

16 Cfr. Juan Pablo II, op.cit., 107.

17 Del arzobispo de Tarento, Mons. Benigno Papa. Cfr. Boletín Agencia Zenit del 14/10/99. La cita siguiente es extraída del mismo boletín.