La Estrella de David y la Media Luna
Prólogo
Muchos autores se han preguntado y siguen
preguntándose sobre el origen del Islam.
Para San Juan Damasceno, la nueva religión era
una herejía cristiana. Algunos estudiosos judíos1
se han limitado a poner de manifiesto la influencia ejercida por el Antiguo
Testamento, el Talmud y otras fuentes rabínicas sobre Mahoma y el Corán, sobre
la legislación islámica y la interpretación del Corán. Según otros estudiosos2, el Islam sería una herejía
judeo-cristiana.
Para Abu Mussa Al-Hariri (seudónimo de P.
Yusef Azzi), el Islam sería precisamente la extensión de la secta de los
Ebionitas, una de las herejías judeo-cristianas de los primeros siglos de la
Iglesia.
Hanna Zakarias, opina que el Islam es nada
menos que una creación hebrea. Esta última interpretación no explicaría, sin
embargo, la existencia de ciertos elementos en la religión musulmana, tales
como la fe coránica en Jesucristo como Mesías, Profeta y Palabra de Dios.
Lo que es coincidente es que todas estas teorías
muestran la gran influencia judía sobre el Islam. En efecto, como veremos, las
grandes fuentes de la religión de Mahoma son el Antiguo Testamento, el Talmud,
otras fuentes rabínicas; y del lado cristiano, no los Evangelios, ni los Santos
Padres, sino las herejías judaizantes.
Nosotros sabemos que el Nuevo Testamento
completa el Antiguo, que Cristo no vino a anular la ley, sino a darle
cumplimiento. Y sabemos también que en el mismo Antiguo Testamento la
revelación de Dios se dio de un modo pedagógico. Por eso quien se queda en las
enseñanzas del Antiguo Testamento, olvidando las del Nuevo no conoce el culmen
de la Revelación. Y quien se queda con las enseñanzas del Pentateuco,
minusvalorando el progreso que significan los libros posteriores en el Antiguo
Testamento, desconoce aún más el mensaje de Dios. Esto último hacen los
hebreos.
El Islam intentó hacer otro tanto, pero su
regresión fue mayor todavía.
Sólo pretendemos presentar algunos elementos
de comparación que muestran la tendencia judaizante del Islam. Es decir, una
vuelta a las enseñanzas vetero-testamentarias primeras (olvidando incluso el
progreso dogmático que el Antiguo Testamento contiene), y aún una regresión con
respecto a éstas.
Lo ha dicho el mismo Santo Padre, en el libro
entrevista “Cruzando el umbral de la Esperanza”, capítulo 15: “Cualquiera
que conociendo el Antiguo y el Nuevo Testamento, lee el Corán, ve con claridad
el proceso de reducción de la Divina Revelación que en él se lleva a cabo. Es
imposible no advertir el alejamiento de lo que Dios ha dicho de Sí mismo,
primero en el Antiguo Testamento por medio de los profetas y luego de modo
definitivo en el Nuevo Testamento por medio de su Hijo. Toda esa riqueza de la
autorrevelación de Dios, que constituye el patrimonio del Antiguo y del Nuevo
Testamento, en el islamismo ha sido de hecho abandonada”.
Se puede alegar que algunas de las semejanzas,
no pasan de ser coincidencias culturales de una época (por ejemplo, el modo de
sepultura). Lo que no deja de ser sintomático, es que permanecieron a través de los siglos. Es que dichas
coincidencias culturales no son meramente tales sino especies de preceptos
ceremoniales religiosos. De hecho en ambas religiones (judaísmo e islamismo)
podemos ver la fuerza preponderante de los ritos religiosos externos.
I- Fuentes hebreas y rabínicas del Corán
D. Sidersky3,
Abraham Katsch4 y A. Geiger5, ponen en evidencia que las fuentes del
Corán (y la de sus antiguos y más autorizados comentaristas) fueron en gran
parte el Talmud y otros escritos judeo-rabínicos.
-
El mismo nombre árabe "Qur`an
(Corán) que designa el Libro sagrado del Islam va unido al vocablo hebreo
"Miqra" (idéntica raíz - q r `- en hebreo y en árabe), que encierra
el significado de leer, recitar: Miqra designa los Libros de Antiguo Testamento.
-
Al igual que los hebreos, cuando el Corán se refiere a la Santa
Biblia no designa el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento con estas mismas
palabras sino respectivamente con el vocablo hebreo "Torah" (estrictamente
el Pentateuco e "Ingil" (término griego "euangelion"
arabizado).
-
El Corán distingue claramente los libros
que componen el Antiguo Testamento Torah (Pentateuco), Salmos de David (Sura
21,105) y los Profetas (p.ej. Jonás), desde Adán a Juan Bautista, pasando por
los Patriarcas (Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Ismael, Moisés y su hermano el
sacerdote Aarón), los Jueces (por ej. Ehud), los reyes, (Saulo llamado Talu,
David y Salomón); en cambio, no menciona ninguno de los Apóstoles de Jesús.
-
En el Corán, fuera de los escasos relatos
sobre la infancia de Juan Bautista, la Virgen María, de Jesús y algunos de sus
milagros (de niño y de adulto), se encuentran interminables cuentos y leyendas
-con un sin número de repeticiones- referentes a diversos personajes del
Antiguo Testamento, de modo particular, Abraham, Noé y José, hijo de Jacob.
Resulta particularmente extraño, p.ej., cómo el Corán, que presenta la historia
de José hasta los más mínimos detalles talmúdicos, ignora por completo la
figura de José, esposo de María y padre putativo de Jesús, no obstante que
aparece en los evangelios apócrifos cristianos, que sin duda fueron conocidos y
usados en la redacción del Corán en lugar de los Evangelios canónicos.
-
El Corán se "inspiró" en el
Talmud y otras fuentes rabínicas, midrásicas y targúmicas (según demuestran
autores tales como Sidersky, Geiger y Katsch): después del fratricidio de Caín
(no es mencionado el nombre de Abel) se lee la siguiente declaración coránica:
"Quien mata a un alma (una persona) mata a toda la humanidad". Esta
frase proviene directamente del Talmud. Los Rabinos querían, explicar el plural
hebreo "dammim" (sangres, plural de sangre) en el discurso de Dios a
Caín: "la voz de la sangre (literalmente de las sangres) de tu hermano
clama a Mí desde la tierra" (Génesis 4:10). Para justificar el uso del
plural, los Rabinos escribieron: "El que mata a un alma en Israel, es como
si hubiera matado a todo Israel".
-
Caín, perplejo ante el cadáver de su
hermano, el primer asesinado sobre la faz de la tierra, aprende la lección de
la sepultura de dos águilas que, ante sus ojos luchan entre sí. Caín la imita
enterrando al hermano al que ha dado muerte. Así cuenta la historia el Talmud.
-
José, hijo de Jacob, fue solicitado por
la mujer de Putifar. Mientras que el libro del Génesis (39:6-19) narra sobriamente
la belleza del joven y el tentativo frustrado de la seductora, el Talmud,
seguido luego por el Corán (Sura 12,21-34) refiere un episodio pintoresco: las
amigas de aquella mujer le reprochan su pasión por José. Ella las invita a que
vayan a su casa donde les preparó un banquete y les rogó que la ayudaran a
prepararlo dando a cada una de ellas un cuchillo. Cuando vieron a José delante
de ellas, le hallaron tan bien parecido que se hicieron cortes en las manos. La
Biblia narra simplemente que José huyó de la mujer. El Talmud, en cambio, y
también el Corán sugieren que casi estaba para sucumbir a la seducción y que
"la imagen de su padre (Jacob) se le apareció" -el Corán dice que fue
una "señal de su Señor" (Sura 12,24).
-
De Salomón, el Talmud y el Corán cuentan
que conocía las lenguas de los animales.
Todos estos ejemplos nos muestran el origen
rabínico del Corán. Un estudioso paquistaní-musulmán -Zafar ad-Din Khan-,
cayendo en la cuenta de las analogías entre los relatos talmúdicos y los
coránicos, escribe en su obra "El Talmud": "Puede ser que el
Talmud se inspirara en el Corán…" primero de todo el tal Khan no está
seguro de ello. Luego, es sabido que el Corán es muy posterior al Talmud
(redactado dos siglos antes de Cristo y continuado hasta el quinto d.C.).
Preciso es hacer notar que la postura
respetuosa que adopta el Corán con relación a la Virgen María y a Jesucristo,
su Hijo, está a las antípodas de la difamatoria del Talmud. No obstante, las
fuentes del Corán, por lo que se refiere a la persona de Jesucristo y a otros
personajes del Nuevo Testamento son los evangelios Apócrifos cristianos. Quizás
este recurso coránico a leyendas, tanto rabínicas como cristianas (el niño
Jesús que habla, juega con la arcilla y con ella crea pájaros) se explica por
la profesión mercantil del profeta quien durante sus viajes escuchaba a sus
colegas judíos y cristianos, más propensos a los cuentos y leyendas populares
que el verdadero y sobrio contenido de los textos sagrados.
He aquí un ejemplo evidente: la confusión
coránica entre Mariam, hija de Amrám (en el Corán Imran) y hermana de Moisés y
de Aarón, y María, Madre de Jesús. Esta identificación coránica (muy poco
defendida por los exegetas musulmanes) entre Myriam hermana de Aarón y la
Virgen María, la cual vivió muchos siglos después (Sura 3,33 ss.) se explica
con la confusión de los cuentos de los mercaderes hebreos y cristianos, y con
la leyenda judeo-talmúdica (baba bathra 18) según la cual Myriam, la hermana de
Moisés no conoció la corrupción de la tumba. Ahora bien, también los cristianos
profesaban (y profesan) idéntica posición respecto a María, Madre de Jesús; por
lo que al menos la existencia de estos dos elementos habrían contribuido a la
confusión coránica (Cf. Sidersky, o.c.).
Letras
misteriosas que encabezan las Suras coránicas.
Los comentaristas del Corán, tanto antiguos
como modernos, reconocen su incapacidad y perplejidad cuando tratan de ofrecer
una explicación plausible y verídica sobre el significado de algunas letras que
aparecen en el Libro sagrado de los musulmanes, el cual se declara estar
escrito y revelado en lengua árabe "clara". Después de muchos
tentativos infructuosos, han acabado admitiendo que "Allah a`lam",
“Dios de eso sabe más".
La Sura (capítulo) 19-Mariam, comienza con las
consonantes "k h y `s". En árabe, la raíz formada por estas letras
carece de significado. En hebreo, estas consonantes coránicas formarían dos
palabras (añadiendo, naturalmente, las vocales): Koh ya `ats: "Así (el
Señor) ha ordenado", equivalente a la expresión: "Oráculo del
Señor" (hebreo "ne´um YAHWA") que se encuentra en los libros
proféticos del Antiguo Testamento.
La Sura 36, lleva por título "YA
SIN", dos letras árabes (sin las vocales). Más tarde, "Yassin"
se convirtió en nombre personal o de familia…En árabe, no tiene significado.
¿No serían, quizás, las iniciales de Yhwh Shaddai", el Señor Omnipotente?
II - Las fuentes judeo-cristianas del Corán
El Corán no habla de "Evangelios"
sino de "El Evangelio", en singular, y acompañado del artículo
determinado. Abu Musa Al-Hariri (en su obra "Un sacerdote y un
profeta") es del parecer que se trata del "Evangelio según los
Hebreos" ya mencionado por San Jerónimo, libro que el mismo Hariri
identifica con el evangelio de los Ebionitas, secta judeo-cristiana que ya
admitía ya negaba la divinidad de Jesús (una tal fluctuación puede vislumbrarse
en el mismo Corán) y que insistía en la prestación de la ayuda a los pobres,
sobre todo huérfanos y viudas, solicitud que encontramos repetidas veces en el
Corán.
Al-Bujari, autorizado y prestigioso
coleccionista de Hadith (tradiciones de hechos y dichos del profeta Mahoma), en
el libro "Revelación" (p. 7) escribe del obispo (presbítero,
sacerdote) Waraqa hijo de Naufal, primo hermano de Jadiya, primera esposa de Mahoma:
"Era -dice- un hombre que se hizo
cristiano en el tiempo de la "jahiliia" (de la ignorancia,
oscurantismo, e.d., antes del Islam). Éste escribía (e.d., copiaba, explicaba,
interpretaba) el Evangelio Hebreo según la voluntad de Dios…" Cuando Waraqa
oyó a su prima Jadiya describir los fenómenos extraordinarios de que era objeto
su esposo Mahoma, exclamó: "Es ésta la Ley de Moisés". Al-Bujari,
continúa diciendo: "Y Muerto Waraqa", se entibió (o: se interrumpió)
la revelación (a Mahoma)".
Es de notar que Waraqa, en Arabia (según la
versión musulmana) y al menos después de seis siglos de existencia del
cristianismo entre los árabes (cf. He.2:11), en los años treinta del séptimo
siglo d.C., "lee" (copia o traduce) el "Evangelio Hebreo".
¿No sería un hebreo, o más concretamente, un judeo-cristiano?
Luego, el anciano Waraqa, en el siglo séptimo
d.C. y el ventésimo después de Moisés, relaciona una hipotética profecía de
Mahoma no a la de Jesús sino más bien a la de Moisés. Fácil es responder que,
para los musulmanes, Mahoma es un legislador al igual que Moisés, éste con la
Torá (sobre todo los diez mandamientos) y Mahoma con la "Sari`a",
ley, norma, práctica de vida para el musulmán. Pero un creyente musulmán no
debería ignorar a Jesús y Su Ley, la ley del amor y la contenida en el "Discurso de la Montaña" (cf.Mt.
5,1-12; Lc.6,20-23).
El verdadero motivo de esta relación
espontánea del anciano Waraqa es que, el esposo de su prima Jadiya, que jamás
podrá aproximarse a la persona sublime de Jesús, se esforzará por acercarse
aunque de modo imperfecto a la persona del antiguo legislador. Sirviéndonos del
lenguaje árabe, podemos decir que Waraqa, se imaginó ver una semejanza entre
Mahoma y Moisés, el "Interlocutor de Dios" (kalim Allah) más bien que
con Cristo, definido en el Evangelio y el Corán: "El Verbo de Dios
(Kalimat Allah).
Algunas herejías juedeo-cristianas, retornando
al Judaísmo, habían negado la divinidad de Jesús: entre otras, la de los
"ebionitas" (según San Epifanio en su "Panarion", San
Ireneo, y según autores modernos como D. Haddad, M. Hariri, E. Al.Murr; F.
Manns, ofm.). Esta posición se refleja en los textos coránicos (SS. 9,29
ss.;5,116).
III - El Islam, un retorno coránico al
Antiguo Testamento en la escuela de los Rabinos
Mientras en el Nuevo Testamento, Cristo revela
los sublimes misterios de la Trinidad, la Encarnación y la Redención, el Islam,
por su parte -siete siglos después de la aparición del cristianismo-, niega y
rechaza todos estos Misterios. Esto representa con respecto al Islam un retorno
evidente al Antiguo Testamento como si Cristo no se hubiese manifestado.
El monoteísmo coránico rotundamente expresado
en la fórmula "No hay más Dios que Dios" (la ilaha illa Allah),
repite al pie de la letra los términos del Salmo 18 (17),72 ("¿Quién es Dios
fuera del Señor?"). Este estribillo forma la primera parte de la profesión
de fe musulmana -repetida en la oración cinco veces al día- reproduce el famoso
"escucha, Israel" del Deuteronomio 6,4 que todo judío pío debe
recitar dos veces al día. Contrariamente al Antiguo Testamento que por una
parte ignora la existencia del cristianismo (posterior al judaísmo) y que
aunque de manera confusa se abre a la Trinidad, el Corán se opone rotundamente
a lo que se imagina que constituye la Trinidad cristiana.
Afirmando un monoteísmo cerrado y agresivo, el
libro sagrado del Islam se empeña en criticar y condena "trinidades"
que en modo alguno corresponden a nuestro dogma de la Santísima Trinidad que es
Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo). El Corán imagina (S.5,116) que el
Cristianismo profesa la fe en la divinidad de Jesús y en su Madre la Virgen
María. Elías Al-Murr es del parecer que el Corán hace alusión a una herejía
judeo-cristiana la cual retenía al espíritu Santo como "la Madre de
Jesús", siendo el término espíritu" (ruah, ruh) de género femenino en
hebreo y en arameo. El Corán condena en estos pasajes lo que imagina ser la
Trinidad cristiana entendiendo erróneamente el concepto como si Dios fuera uno
entre tres (S.5,73).
Verdad es que el Islam reconoce a Jesús como
Palabra de Dios (Suras 4,171,169;3,40) pero ciertamente esto no en sentido de
Verbo Divino. Lo entiende más bien como el fruto de la voluntad creadora de
Dios como en el caso de Adán creado sin padre ni madre. Así Jesús, nacido de
María sin el concurso de un padre humano, es parangonado a Adán, porque fue
fruto como Él, de una "palabra" de Dios. Es interesante notar que el
Islam, al igual que ciertas sectas judeo-cristianas, identifica al Espíritu
Santo con el Ángel Gabriel.
Como el Judaísmo, el Islam acepta los
sacrificios de animales. En la fiesta musulmana del "Sacrificio" (`is
al-Adha), los creyentes musulmanes inmolan corderos que representan al carnero
(Gn. 22,13) que Abraham sacrificó en lugar de su hijo Isaac (Ismael, según los
musulmanes). El Islam rechaza el misterio cristiano de la Redención, en la
sangre de Jesús -Cordero, Sacerdote, Salvador-. El Judaísmo espera todavía un
"mashiah" (Mesías) pero desconoce el concepto de la humillación en el
Mesías. El Islam condivide esta posición.
El Corán se inspira en el Judaísmo en su
aversión a la Cruz. Para el uno como para el otro, este patíbulo era un
instrumento de escarnio y locura, tal como lo describe San Pablo en la primera
carta a los Corintios (1,17 ss.).
Una objeción engañosa se expresa tal como
sigue: "En modo alguno se puede atribuir el Islam a una iniciativa hebrea,
ya que, contrariamente al Judaísmo post-bíblico, el Islam reconoce a Jesús como
Hijo de Dios y como Mesías.
A esto respondemos: El Islam niega todo lo que
está relacionado con el misterio de Cristo: Su Naturaleza divina, la
Encarnación y la Redención, la Crucifixión y la Resurrección, por más que
reconoce que Jesús está "Vivo junto a Dios". Pero, dado que el Islam
atribuye a Jesús el haber profetizado la venida de Mahoma (Sura 61,6), el Corán
vuelve a tomar -no obstante las apariencias- la misma idea hebrea según la cual
"Otro (no Jesús) es "El que tiene que venir" (expresión
significativa que designa el futuro Mesías). Así, en realidad, Mahoma sería el
Mesías anunciado.
El Corán concuerda con el Judaísmo
post-bíblico cuando designa a los secuaces de Cristo con el apelativo de
"nazarenos": en hebreo "nosrim", en árabe
"nassara". La posición hebrea se comprende bien: dado que el Judaísmo
no reconoce a Jesús de Nazaret como Cristo, el Mesías, lógicamente designa a
sus secuaces "nazarenos". El Corán, contrariamente al Judaísmo,
afirma que Jesús, Hijo de María, es la Palabra de Dios, el Mesías (en árabe:
al-massih). Sin embargo, nunca designa a sus secuaces con el apelativo de
"cristianos" sino que los llama "nassara", término que
obviamente deriva de "nasirah", la ciudad de Nazaret. El mismo Corán
ofrece otra terminología: "Nassara", del verbo "nassara",
que quiere decir "auxiliar": los Apóstoles son "nassara",
fueron los auxiliares de Jesús en el cumplimiento de su misión.
Si a alguien no le satisface la interpretación
coránica de "nassara" podría poner el acento en otras explicaciones,
a saber:
A
- "nassara" procedería de "nazoraioi", secta
judeo-cristiana, conocida en la Iglesia primitiva.
B
- de "nazorio-nosrim", vocablo que designa globalmente a los
judeo-cristianos que, no obstante que adoptaban el Evangelio, practicaban
también la Ley de Moisés (circuncisión, abluciones rituales, abstención de
determinados alimentos…).
Contrariamente al Corán y a los escritos
rabínicos, el Antiguo Testamento hebreo abre misteriosamente la puerta a una
cierta pluralidad-comunidad en el Dios Único y Uno. En el Libro del Génesis
3,22) se lee: "El Señor Dios dijo: ¡He ahí al hombre, que ha llegado a ser
COMO UNO DE NOSOTROS…" ¿Con quién habla Dios? ¡Ciertamente no con los
ángeles ni con toda la corte celestial! Dios habla en plural y en singular en
Isaías,6,8 ("Oí la voz del Señor que decía: ¿A quién ENVIARÉ? ¿Quién irá
por NOSOTROS?). El Niño que nacerá será un "dios" (o: Dios) fuerte,
el Padre de los siglos", atributos que sólo pertenecen a Dios. En el Libro
de los Proverbios, la "sabiduría", (el Verbo) estaba con Dios
Creador.
El Corán hace hablar a Allah siempre en el
plural mayestático, por ejemplo: "Somos NOSOTROS quienes hemos revelado la
Amonestación (el Corán) y somos NOSOTROS sus custodios" (Sura 15,9). Pero
cuando Allah habla con Jesús -siempre en el Corán- lo hace en singular (Sura
3,55): "Cuando Dios dijo: "¡Jesús! Voy a llamarte a MÍ, voy a
librarte de los que no creen y PONDRÉ, hasta el día de la Resurrección, a los
que te siguen por encima de los que no creen".
La negación de la crucifixión de Jesús.
En el Corán, Sura 4,155 (157) se lee: " Y
por haber dicho (los judíos): 'En verdad, hemos dado muerte al Mesías, Jesús,
Hijo de María, el Apóstol de Dios, siendo así que no le mataron ni le
crucificaron, sino que así les pareció. Los que discrepan acerca de él, (acerca
de ello), dudan. No tienen conocimiento de él (no hay certeza de que lo
mataron), sino que Dios LO ELEVÓ A SÍ…" Los comentaristas piensan que las
apariencias de Jesús se reflejaron en otro individuo, el cual habría sido
crucificado en lugar de Él. Es cierto que Mahoma no admitió la crucifixión sino
más bien la "ascensión" de Jesús; sin embargo, parece que fue elevado
al cielo bajo la forma de un cuerpo terrestre y no de un cuerpo transfigurado y
glorioso" (Cf. "El Corán", de Luigi Bonelli, ad. Loc.).
Los nombres de Dios
El Talmud habla de setenta nombres de Dios;
los comentaristas del Corán mencionan 99. Uno de ellos es "Rahman",
repetición del vocablo talmúdico-arameo "Rahmana". Como lo subraya
Geiger, la invocación árabe (coránica) a Dios, en la forma
"allahumma", procede del hebreo "Elohim". De hecho, en
árabe, el vocativo nunca se forma con la letra "m" final. Por otra
parte, la misma palabra "Allah" deriva del vocablo semita
"El". En la península arábiga, los judíos fueron los primeros a usar
este término para dirigirse a Dios.
Los atributos de Allah mencionados en el Corán
son idénticos a los que aparecen en el Antiguo Testamento: Dios "creador
de los universos" o "de los mundos" (en árabe
"rabb-al-`alamin", es la traducción del hebreo y del arameo
"melekh ha `olam" o `almin"); Santo, Eterno, Justo,
Misericordioso.
El Haram y el Jihad, guerra
santa
Haced la guerra a los infieles paganos, matad
a sus hombres, capturad sus mujeres y niños: estos elementos son comunes al
"haram" -prohibido-, anatema del Antiguo Testamento, y a las
excursiones de Mahoma. Una diferencia, sin embargo: mientras los hebreos
quemaban las propiedades pertenecientes a los paganos para evitar toda
contaminación, Mahoma - más pragmático - se apropiaba de un quinto del botín,
para él, para sus parientes y para los pobres, y permitía a sus soldados adueñarse
del resto (Sura 8,41).
La Tierra Prometida
El Corán (Sura 5,20-26) declara que la tierra
de Canaán pertenece a los hebreos. No abroga esta disposición ni especifica que
la promesa tuviera un valor relativo, condicional o provisorio, contrariamente
al Antiguo Testamento que presenta la permanencia en la Tierra Prometida como
recompensa de la fidelidad del pueblo hebreo a la Alianza, y contrariamente al
Nuevo Testamento donde la "Tierra Prometida" se convierte en el
símbolo de una "Patria mejor" (He.2,13-16).
La teocracia judeo-islámica
En la Ley de Moisés, ciertos pecados graves y
determinados delitos son castigados con la pena de muerte, por ejemplo, el
adulterio, la apostasía, la falta de respeto a los padres, comer o beber
sangre…La "Shari`a" (Ley) de Mahoma castiga con la pena capital la
apostasía (el Corán ordena: "A quien cambia de religión, ¡matadlo!")
y la herejía. Esta pena capital es conocida en el judaísmo rabínico con la
expresión "din rodef", literalmente "juicio que persigue al
culpable hasta su ejecución”, que corresponde a la expresión árabe "hadr
damm" literalmente, "legalización de la efusión de la sangre (del
culpable)". Las sentencias pronunciadas por los rabinos y por los jefes
religiosos musulmanes se llaman respectivamente en hebreo "pesaq" y
en árabe "fatuah".
Por cuanto atañe al adulterio, parece que el
Islam ha copiado dos disposiciones hebreas: la lapidación y la flagelación.
La Revelación
El Islam concuerda con el Judaísmo respecto al
concepto de la "Torá increada", pues lo mismo dice el Corán. También
existe acuerdo sobre el instrumento de la Revelación: la lengua sagrada. Para
los hebreos, sobre todo después de su concilio de Yamnia (Yavne), solamente el
hebreo constituye la lengua sagrada de la Palabra escrita de Dios. El Islam
recoge esta misma idea sosteniendo que el árabe es la lengua sagrada de la
revelación escrita en el Corán.
La vida futura
En el Antiguo Testamento, hasta el Libro de
Daniel, 12,2-3 ("Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se
despertarán; unos para la vida eterna, otros para la vergüenza y la ignominia
perpetua. Los sabios brillarán entonces como el resplandor el firmamento, y los
que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas por toda la
eternidad"), la idea de la vida futura no es clara. El Corán (Suras 55 y
56) describe un paraíso machista sensual. Algunos autores subrayan la similitud
de su descripción con la herejía de Cerinto o con una tradición hebrea
primitiva.
IV- La ética islámica: un
retorno al Antiguo Testamento
Para ser más precisos, conviene notar que la
moral musulmana es semejante a las etapas primitivas del Antiguo Testamento,
sobrepasadas y superadas ya dentro de la misma Antigua Alianza. Servirá de
preciosa ayuda el parangón entre el Discurso de la Montaña de Jesús (Mt. 5-7)
con el Judaísmo primitivo, el rabínico y el Corán.
a- Las Bienaventuranzas
-"Dichosos
los pobres", encuentra en el Corán la siguiente formulación diametralmente
contraria: "Las mujeres, las riquezas y los hijos (varones) son un regalo
de Dios y constituye el adorno de la vida presente".
-"Dichosos
los mansos, porque ellos heredarán la tierra". Jesús cita el Salmo 37,11.
El Corán, en cambio, en la Sura 21,105, sustituye "los mansos" por
los "devotos", estrategia muy comprensible en Mahoma jefe de varias
guerras y expediciones militares.
-"Dichosos
los que trabajan por la paz": el
Corán ignora esta bienaventuranza.
-"Dichosos
los limpios de corazón": Jesús y la Virgen María son los ejemplos más
sublimes, reconocidos por el Corán mismo (Sura 21,91).
b- Moisés legislador, Jesús
perfección de la Ley y el Islam regresión.
-El
homicidio: Mientras Jesús cumple la Ley Divina proclamada por Moisés que
prohíbe matar y añade la prohibición de la ira, raíz y origen del homicidio;
Mahoma condena solamente la acción homicida sin desaprobar la ira.
-El
adulterio: El Corán se quedó con la condenación mosaica del acto externo. Hay
que notar, sin embargo, que el Islam impone a las mujeres llevar el velo, como
defensa de la modestia y de la castidad.
-El
divorcio de las mujeres: Jesús declara que la práctica mosaica de repudiar las
mujeres (Deuteronomio 24,1; Mateo 19,9) tenía su origen no en la voluntad de
Dios sino en la dureza del corazón de los hebreos. El Corán constituye una
regresión respecto a la permisión mosaica del divorcio porque el repudio
islámico puede efectuarse sin un acto escrito, y también porque la mujer que es
repudiada tres veces, tiene que casarse con otro si desea volver al primer
marido, contrariamente a la ley hebrea (Deuteronomio 24,2).
-El
juramento: En el Antiguo Testamento, el Señor, no satisfecho con prohibir el
perjurio (Deuteronomio 23,22), prohibe también el uso inútil de Su Nombre santo
(Éxodo 20,7). Cristo va más allá y exige la perfección: "No juréis de
ninguna manera: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra,
porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén…Ni por tu cabeza…" El
Corán hace un uso constante del nombre de Dios: Mahoma jura por Allah, por su
propia vida, por la higuera, el olivo, "este país fiel", por la
montaña.
-La
ley del talión: "ojo por ojo, diente por diente" (Éxodo 21,24) es
copiada por el Corán, Sura 5,45, siete siglos después que Jesús hubiera
superado esta norma arcaica, invitando a sus discípulos a presentar también la
otra mejilla, lo que equivale a no responder a la ofensa.
-El amor y el odio:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo: para los hebreos, el prójimo era -y es- el
hebreo; para el Corán, son hermanos sólo los creyentes (musulmanes). En el
Antiguo Testamento los pasajes a favor de la compasión hacia los enemigos se
mezclan con los que incitan al odio y la violencia semejantes a los que se
encuentran en el Corán, Suras 9,5; 8,6º; 47,35-36. No hallando en el Corán el
precepto explícito, sublime e incómodo "amad a vuestros enemigos",
culmen de la caridad, perfección de la Ley, se puede a buen título constatar la
drástica regresión islámica también en este tema.
c- La poligamia
Tolerada en el Antiguo Testamento, abolida en
el Nuevo, vuelve a ser permitida en el Corán.
d- La paternidad divina, la paternidad y la
maternidad humanas.
En el Antiguo Testamento, Dios es reconocido
como Padre. Jesús ha utilizado este concepto tan fundamental en el
Cristianismo, más aún ha extendido la idea de la Paternidad Divina a todos los
pueblos sin distinción contrariamente al pensamiento hebreo extra bíblico que
hubiera anhelado monopolizar para Israel sólo la ternura paternal de Dios.
El Corán desconoce e ignora completamente el
concepto de Dios Padre, situándose así en una clara inferioridad y una palpable
regresión en relación con el Antiguo y Nuevo Testamento.
Mientras el Señor ordena a Adán y Eva que
crezcan y se multipliquen para la gloria de Dios y la felicidad del género
humano, Mahoma ordena a sus fieles "copularse" para que él pueda
enorgullecerse de ellos, ante las demás
naciones, el día de la Resurrección. De este modo perpetúa, quizás, cierta idea
rabínica consistente en el proyecto de conquistar el mundo demográficamente.
Algunos ritos y costumbres análogos en el
Judaísmo y el Islam
A
- Por lo que atañe a la mujer ambos adoptan idéntica praxis: el varón judío, en
la oración de la aurora, da gracias a Dios porque no le ha creado mujer; Mahoma
declara repetidamente que la mujer tiene menos inteligencia y menos religión que
el hombre (Al-Bujari, Haidh, p.6). Al igual que el Talmud, el Corán (Sura 4,3)
permite al hombre casarse con cuatro mujeres simultáneamente. El Pentateuco y
el Corán están de acuerdo en exigir el testimonio de dos hombres para probar un
hecho en el tribunal islámico. El Corán legisla que el testimonio de una mujer,
lo mismo que su posición en la herencia, vale la mitad de la del hombre.
Como el Antiguo testamento, el Islam considera
como una impureza los menstruos,
también el contacto físico con un cadáver. La sepultura musulmana es como la
hebrea: el difunto queda desnudo cubierto con una sábana mortuoria y es
enterrado sin caja funeraria.
B
- La Circuncisión: Práctica obligatoria en el Antiguo Testamento, es común en
el Islam (aunque no está prescrita en el Corán).
C
- La orientación (Qibla) para la oración: Los hebreos para orar se orientaban
en dirección del templo de Jerusalén (Salmo 5,8; 28 (27), 2). Jesús superó
todos los detalles materiales y físicos fijados para la validez de la oración,
insistiendo más bien en la necesidad de adorar al Padre en espíritu y en verdad
(Jn. 4,24). En sus comienzos, el profeta
Mahoma y los creyentes oraban en dirección de Jerusalén, más tarde la
"Qibla", fue cambiada por la Meca. ¿Porqué?
D
- La prohibición de tomar alimentos impuros: El Judaísmo y el Islam prohíben la
comer la carne porcina, mientras que Jesús había ya enseñado que no es lo que
entra por la boca lo que contamina al hombre sino más bien lo que de ella sale.
E
- La prohibición de la sangre, es decir, la obligación de secar los animales
sacrificados antes de comer de sus carnes: prescripción mosaica (Génesis 4,9)
aceptada por los Apóstoles como muestra de solidaridad y de atención a los
hebreos (He. 15,20-21, está presente en el Islam.