Diálogo
Cristiano-Musulmán en el umbral del Tercer Milenio
Francis Cardenal
Arinze
Los cristianos y los
musulmanes hacen más de la mitad de la humanidad, puesto que los primeros son el
35 % y los segundos el 18% de la población mundial. Son las dos religiones más
expandidas en el mundo. Por lo tanto es muy importante como los musulmanes y los
cristianos se relacionan mutuamente.
Estoy muy feliz de proponerles
esta tarde algunas reflexiones sobre “diálogo cristiano-musulmán en el umbral
del tercer milenio”. Después de un breve repaso sobre la disímil situación en el
mundo, daremos algunos detalles del deseable tipo de relaciones que debería
existir. Los obstáculos y desafíos vendrán mencionados. Concluiremos examinando
algunos de los pasos pueden darse para superar los obstáculos.
1. Variación de las relaciones
entre musulmanes y cristianos
Mirando el mapa mundial,
encontramos que las relaciones entre musulmanes y cristianos no son iguales en
todos los países.
Hay países donde esas
relaciones han sido razonablemente amigables, a pesar de las diferencias.
Mencionemos algunos. En India, Sierra Leona, y podemos incluir a Indonesia, en
las pasadas décadas, las relaciones entre musulmanes y cristianos han sido
buenas. Líbano, un país cercano a nosotros, es un caso aparte, pues tiene una
tradición de convivencia, una fórmula sobre colaboración también garantizada por
acuerdos políticos.
La
convivencia se puso a prueba durante la Guerra civil libanesa, sin embargo ha
revivido. El Líbano respeta sus diferentes comunidades religiosas y no adopta
una religión de Estado. Otro ejemplo de buenas relaciones lo ofrecen los países
europeos y americanos, los cuales son de tradición cristiana y generalmente han
recibido musulmanes inmigrantes y les han permitido la libertad para practicar
su religión y también para difundirla.
Hay
países donde la tensión entre dos religiones estalla a cada momento. Ejemplos
como Nigeria y ahora Indonesia, con las debidas concesiones hechas por sus
diferentes marcos.
Tres países donde la mayoría
de la población es musulmana pero donde no obstante hay presencia cristiana,
necesitan de especial mención: Pakistán, Malasia y Turquía. Pakistán aplica la
Sharia y es llamada “La Republica Islámica de Pakistán”. Malasia adopta el Islam
como la religión del Estado pero no aplica la Sharia. Turquía es oficialmente un
estado secular aunque de hecho se aprueba el Islam. En estos tres países, hay
cosas que pueden ser difíciles para los cristianos.
Marruecos y Libia son
diferentes porque todos sus ciudadanos son musulmanes, el Islam es la religión
del Estado, pero los extranjeros son libres de practicar el cristianismo entre
ellos mismos.
Sudán se encuentra fuera como
un país donde el Gobierno de Khartoum mantiene una guerra desde hace diecisiete
años contra los “neonles” del sur, quienes son en gran parte cristianos y
seguidores de la Religión Tradicional Africana. La guerra ha cobrado acerca de
dos millones de muertos y cerca de 4 o 5 millones de refugiados. Si bien el
Gobierno dice que la religión no es una consideración en la guerra, la
percepción de los cristianos sudaneses es distinta. La tragedia sudanesa aun
continúa. En el mundo de los mass media podría ser llamada “una guerra
olvidada”.
Arabia Saudita es excepcional
porque permite solo el Islam y excluye la práctica de cualquier otra religión
dentro de sus fronteras. Por lo tanto, al tratar las relaciones
cristiano-musulmanas alrededor del mundo, se puede apreciar que la situación es
muy variada en realidad. Y en algunos casos se puede ver algo frágil.
Relaciones
deseables
Estas son algunas sugerencias
del tipo de relaciones cristiano-musulmanas que se pueden esperar y por las
cuales se puede trabajar.
2. Mejor conocimiento del otro
El conocimiento del otro es el
primer requisito si uno espera construir relaciones que sean respetuosas y
provechosas. Se necesita buena voluntad, pero no es suficiente. Se requiere un
estudio planificado de la otra religión para no quedarse en un nivel superficial
de generalizaciones y prejuicios. Aquellos que tienen una posición de
responsabilidad o de liderazgo en cada religión tienen más obligación que sus
correligionarios de emprender un profundo estudio de la otra religión.
Existen ocasiones o
celebraciones, que favorecen el mutuo conocimiento entre cristianos y
musulmanes. Por ejemplo visitas amistosas y participación en celebraciones que
marcan un gran evento en la vida de uno como lo es el matrimonio, el nacimiento
de un niño, iniciación religiosa y fallecimiento. Es instructivo escuchar a los
amigos de otra religión explicar los ritos y manifestaciones culturales en estas
ocasiones. Cristianos y musulmanes pueden comunicarse mutuamente cómo realizan
el período de ayuno y como celebran sus más importantes fiestas religiosas. Este
tipo de conocimiento puede obtenerse simplemente a través de conversaciones
abiertas y sin prejuicios. Es necesario también para mayor especialización el
estudio de las ciencias religiosas, historia, sociología y política. Tales
estudios no son nuevos. Ellos han formado parte del plan de estudio de las
universidades durante décadas. Lo que es nuevo es el gran espíritu de apertura,
respeto y colaboración entre cristianos y musulmanes.
3. Aceptación del otro y
respeto de las diferencias
Una correcta información sobre
el otro mostrará a cristianos y musulmanes que sus dos religiones pueden
compartir muchas creencias. Por ejemplo la creencia en un solo Dios, Poderoso y
Misericordioso; aceptación del rol de los profetas, creencia en las realidades
escatológicas del juicio, recompensa y castigo. No obstante existen diferencias
fundamentales. Para los cristianos el creer en la Trinidad y en la Encarnación
transforma completamente las relaciones entre Dios y la humanidad. Para los
musulmanes el lugar dado en el Corán como la última revelación y el rol dado a
Mahoma como el último de los profetas pone un sello especial sobre el Islam.
También
en la esfera moral hay puntos de convergencia y divergencia. Existe un común
acuerdo en que la religión debe ocupar un adecuado lugar en la sociedad, que se
debe vencer el materialismo, que hay que apoyar la institución de la familia,
que se debe hacer frente todo permisivismo sexual. Aun así los conceptos de ley
y sociedad, de matrimonio y familia no coinciden plenamente. Cuando se habla de
respeto y de aceptación, no significa necesariamente la total aprobación de lo
que los demás creen.
El auténtico diálogo pide que
cristianos y musulmanes se acepten mutuamente con todas sus similitudes y
diferencias en materia teológica, moral y cultural. Y debe seguirse de esto el
respeto por el otro. “Solo en una mutua aceptación del otro y en el resultado de
un mutuo respeto, profundizados por el amor, se halla el secreto de la
humanidad finalmente reconciliada”, dijo el Papa Juan Pablo II en la oración de
la Vigilia por la paz en Europa, especialmente en los Balcanes, el 9 de enero de
1993 en Asís. (L'Osservatore Romano, edición en inglés, enero 1993, p.2).
Los obispos católicos del
mundo reunidos en el Concilio Vaticano II en 1965, pusieron énfasis en la
necesidad de respetar y amar a quienes piensan diferente de nosotros, si
queremos entrar en diálogo con ellos. “ El respeto y la caridad”, dijeron, “se
deben extender también a los que en el campo social, político e incluso
religioso, piensan u obran de diverso modo que nosotros; y cuanto mejor
lleguemos a entender por la caballerosidad y caridad sus modos de sentir, tanto
más fácilmente podremos entablar con ellos el diálogo”.(Gaudium et Spes,
28).
4. Actual compromiso en el
diálogo
Cuando musulmanes y cristianos
llegan a conocerse mutuamente y a aprender a respetarse y aceptarse, están bien
equilibrados para abordar una forma de diálogo cristiano-musulmán u otro.
Generalmente se identifican cuatro formas de relaciones interreligiosas. La
primera de toda el área de relaciones más allá de las fronteras religiosas, es
en el nivel de la vida diaria, en la familia, en el lugar de trabajo o en otras
actividades sociales. Hay aquí una oportunidad para una interacción sin que se
discuta necesariamente sobre religión. En segundo lugar, hay una cooperación
interreligiosa como la asistencia a los refugiados o víctimas de desastres. El
diálogo del discurso teológico es la tercera forma. Finalmente, hay un
intercambio de experiencias religiosas junto con el encuentro de
espiritualidades.
5.
Testimonio común para valores
compartidos
Hay algunas personas que
acusan a las religiones de ser la raíz de rivalidades y conflictos a través de
la historia. Frecuentemente esa gente se considera a sí misma como no
comprometida desde el punto de vista religioso, adoptando lo que ellos podrían
llamar una posición humanista. Esa gente es escéptica sobre cualquier
contribución positiva en conjunto. Piensan que la mayoría de las religiones
están excluidas de vida privada o al menos pública.
Ningún cristiano o musulmán
serio aceptará ese punto de vista. Pero no es suficiente rechazar esa acusación.
Es necesario también para musulmanes y cristianos, y en realidad para cualquier
otro creyente, vivir e interactuar de un modo tal que toda persona de buena
voluntad vea la falsedad de las deformaciones de las religiones.
Cristianos y musulmanes están
llamados sobre todo a desarrollar tales relaciones armoniosas en el siglo XXI.
Mientras que mantienen sus diferentes identidades religiosas, pueden mostrar al
mundo que ellos comparten el respeto por Dios y que creen que el comportamiento
humano puede seguir la voluntad de Dios. Tanto el Cristianismo como el Islam,
consideran que tienen un mensaje universal, para ser comunicado a través de la
mision cristiana o la da´wah islámica. Este derecho a extender la religión de
uno se debería sostener, con tal de que sea llevado con el debido respeto por la
dignidad humana. Ningún daño se debería hacer a otros en nombre de la religión.
La Regla de Oro que ambas religiones enseñan instruyen a uno a tratar a los
demás como a uno le gustaría ser tratado.
La religión genuina no es
causa de odio, tensión y violencia. Cada religión digna del nombre enseña el
amor a los demás. Cristianos y musulmanes no solamente co-existen. Deben tambien
cooperar para construir la sociedad. Sus líderes deberían motivarlos para llegar
a conocer, respetar y amar el uno al otro y a cooperar.
6.
Promoción de la
paz
De todos los valores
compartidos entre cristianos y musulmanes, la paz merece una especial mención.
Ambas religiones recalcan la preeminencia de la paz. “La paz os dejo, mi paz os
doy, una paz que el mundo no puede dar”, dijo Jesús a sus apóstoles la noche
antes de que sufrir y morir. Y después de su resurrección cuando se apareció a
sus apóstoles, generalmente comienza con el saludo: “La Paz sea con vosotros” (cf.
Jn. 20 19,2 1,26). San Pablo llama a Cristo “nuestra paz”. (cf. Efe 2,14). Para
los musulmanes, la paz es uno de los Hermosos Nombres de Dios. ¿No le
acrecienta significado este hecho a la costumbre de saludar entre los
musulmanes: al‑salamu 'alaykum?
La Paz es necesaria para
personas individuales, dentro de la misma comunidad, entre dos o más religiones,
entre gente y entre estados. Cristianos y musulmanes tienen el derecho a
promover esta tranquilidad en el orden. Ningún derecho cristiano o musulmán
debería hoy apoyar cruzadas o guerras santas. No deberían permitir que su
comportamiento sea contaminado por consideraciones racistas o cualquier
discriminación por motivos de raza, color, condición de vida o religión
(cf. Nostre Aetate, 5).
El Concilio Vaticano II
exhorta a musulmanes y cristianos a que “defiendan y promuevan unidos la
justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los
hombres”. (Nostra Aetate, 3).
El Papa Juan Pablo II,
dirigiéndose a varios representantes de la Conferencia Mundial de Religión y Paz
en la apertura de su 6 Asamblea Mundial en Roma el 3 de Noviembre de 1994,
insistió en la necesidad de un compromiso común de promoción de la paz: “Hoy,
los líderes religiosos deben mostrar claramente que se comprometen a la
promoción de la paz, precisamente a causa de sus creencias religiosas.
(L'osservatore Romano, edición
en inglés, 16 Nov. 1994, p.2).
Durante la inolvidable visita
del Papa Juan Pablo II a Tierra Santa el año pasado, el Santo Padre en el
encuentro interreligioso celebrado en este mismo lugar el 23 de Marzo del 2000,
recalco la contribución que el Judaísmo, Cristianismo e Islam, deberían hacer
por la paz en Tierra Santa. Entre otras cosas, dijo: “La religión es enemiga de
la exclusión y de la discriminación, del odio y la rivalidad, de violencia y de
conflictos. La Religión no es, ni debe llegar a ser, una excusa para la
violencia, particularmente cuando la identidad religiosa coincide con la
identidad étnica y cultural. ¡Religión y paz van juntas! Las creencias
religiosas y la práctica no se pueden separar de la defensa de la imagen de Dios
en cada ser humano.” (L'Osservatore Romano, edición en inglés, 29/3/2000, p.
8).
Los cristianos y musulmanes
padres, educadores y líderes deberían estar convencidos de la necesidad de un
sincero compromiso por la paz, comenzando con la paz entre musulmanes y
cristianos, la cual podrán compartir efectivamente en la familia, en la escuela,
a través de los mass media, y especialmente en las mezquitas e iglesias. Es
bueno ofrecer condolencias a las familias que han perdido algunos de sus
miembros a través de la violencia, algunas veces perpetrada en el nombre de la
religión. Pero esto no es suficiente. Sobre todo es necesario educar a aceptar y
respetar a los demás y a cooperar con ellos en promover la paz. Esta dimensión
de las relaciones cristiano-musulmanas es más importante para el siglo en el
cual la humanidad acaba de entrar.
Obstáculos y desafíos
El camino para el logro de los
objetivos arriba mencionados no es ni fácil ni llano. Hay efectivamente
obstáculos y desafíos. Mencionaremos algunos.
7. El peso del
pasado
El presente y el futuro
también dependen hasta cierto punto del pasado. Una comunidad sin memoria es una
comunidad sin futuro. Las relaciones entre cristianos y musulmanes no siempre
han sido pacíficas y serenas. Tensión, conflictos, cruzadas y guerras santas, no
han sido desconocidas.
El Concilio Vaticano II admite
y se declara por un nuevo espíritu: “Si en el transcurso de los siglos
surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes, el
Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren
sinceramente una mutua comprensión”
(Nostra Aetate N. 3) .
8. Falta de auto-crítica
Los cristianos son enseñados
por su religión a examinar su conciencia cada día, especialmente en la tarde,
para aceptar responsabilidad de cualquier falta que pueden haber cometido, y
para arrepentirse e implorar el perdón de Dios. El acto supremo de adoración
cristiana, el Sacrificio Eucarístico, siempre comienza con un rito penitencial.
En el sacramento de la penitencia el cristiano que ha pecado acepta su
responsabilidad, confiesa y recibe el perdón. Me gustaría preguntar a mis amigos
musulmanes si en el Islam hay una práctica semejante.
La auto-crítica no es un signo
de debilidad. Es en realidad una prueba de madurez. Puede ayudar para consolidar
y profundizar relaciones entre individuos y entre comunidades. Con respeto a las
relaciones musulmano-cristianas, donde falta la auto-crítica, hay una tendencia
a contentarse criticando los demás. Este es un obstáculo real a la construcción
y continuación de las relaciones.
9. Manipulación de la religión
por la política
Ocasionalmente, existe la
tentación para las religiones de permitirse a sí mismas ser usadas por los
políticos y aun la gran tentación para los políticos de manipular la religión
para sus propios fines. Ya que las convicciones religiosas son una de las más
fuertes motivaciones, un político sin escrúpulo puede ser tentado a usar la
religión para conseguir sus metas políticas. Ha ocurrido en la historia que la
religión ha sido usada para motivar a la gente a pelear guerras que tienen como
causas reales consideraciones políticas, económicas o raciales. Esto es triste.
Es deplorable.
La reflexión puede hacer que
los líderes cristianos y musulmanes estén de acuerdo que los políticos tienen
sus propias metas y sus propios métodos para alcanzarlas. Se debería pedir a
tales políticos que respeten la libertad de las religiones para determinar sus
propias metas y sus actividades en ambas esferas de adoración y de servicio al
prójimo.
10. Fanatismo religioso o
extremismo
Las relaciones musulmano-cristianas
han desafiado y obstaculizado el fanatismo religioso o extremismo. El religioso
extremista o fanático puede estar motivado por el deseo de ver su religión
retornar a lo que se considera estado puro u original. Pero el extremista
generalmente sigue su propia meta por una rígida aplicación a nuestros tiempos
de prácticas y observancias que fueron parte de una diferente edad y cultura.
El extremismo es
frecuentemente caracterizado por una intransigente actitud hacia los
correligionarios y hacia otros que mantienen diferentes puntos de vista o que
tienen otro concepto de la sociedad. Esto frecuentemente guía a la violencia.
Algunos extremistas van mas allá, negando los derechos a la libertad religiosa a
aquellos cuyas convicciones religiosas difieren de las suyas, y aun los excluyen
de la salvación. ¿Quién no ve que este no es el camino para promover las
relaciones cristiano-musulmanas?
11. Reciprocidad y justicia
entre las Comunidades Religiosas
El derecho a la libertad
religiosa se aplica a individuos y también a comunidades religiosas. Incluye el
derecho de practicar una religión y el de compartir esa religión con otros. El
ejercicio de este derecho no tendría que tener límites territoriales. Se aplican
a todos los países, tanto si son predominantemente cristianos o musulmanes. Una
religión no debería pedir libertad religiosa para sus seguidores en un país
mientras se niega el mismo derecho a otros creyentes en un país donde es la
religión de la mayoría.
El 21 de Junio de 1995, el día
en el cual fue inaugurada la primera mezquita en Roma, el Papa Juan Pablo II
habló de la necesidad de la reciprocidad en la Audiencia General. “Una gran
mezquita ha sido inaugurada hoy en Roma. Este evento es un signo elocuente de la
libertad religiosa reconocida aquí para cada creyente. Y es significativo que en
Roma, centro del Cristianismo y Sede del Sucesor de Pedro, los musulmanes
tendrán su propio lugar de adoración con el completo respeto a su libertad de
conciencia. En una significante ocasión como esta, es desgraciadamente necesario
señalar que en algunos países islámicos signos similares de reconocimiento de
libertad religiosa están faltando. ¡Y todavía el mundo, en el umbral del Tercer
Milenio, esta esperando estos signos! La libertad religiosa ahora se ha hecho
parte de muchos documentos internacionales y es uno de los pilares de la
sociedad contemporánea (L'osservatore
Romano, ed. semanal en inglés. 28 June 1995, p.11).
He enumerado muchos obstáculos
a la cooperación cristiano-musulmana. Quizá es mejor considerarlos como
desafíos, porque este modo de considerarlos da alguna esperanza que puedan ser
alcanzados. Esta va a ser nuestra tercera y última consideración.
Caminos de
encuentro en los intercambios
12. Memorias históricas.
La historia de las relaciones
cristiano-musulmanas deberían ser estudiadas con sinceridad y verdad. Los
errores pasados deberían ser aceptados y lamentados. El perdón debería ser
buscado y dado. Solo después la reconciliación será posible. Como escribí a los
musulmanes al final del mes de Ramadán en 1995, sin una verdadera reconciliación
no podemos comprometernos juntos por el bien de nuestros correligionarios y del
mundo. Tal estudio sincero del pasado incluye rendir homenaje a una comunidad
religiosa por su contribución a la cultura y la ciencia. Por ejemplo, los
árabes, en su mayoría musulmanes contribuyeron a la civilización occidental. Las
comunidades cristianas estuvieron en la Edad Media por siglos antes de la
llegada del Islam y la cultura árabe le debe mucho a ellas. Aceptar el pasado es
una condición para enfrentar el futuro.
13. Aprendiendo a ejercitar la
auto-crítica
El difícil ejercicio de la
auto-crítica debe ser aprendido. El Papa Juan Pablo II invitó a la Iglesia
Católica a examinar su conciencia colectiva en las caídas de sus hijos en el
pasado, en preparación para el año 2000. Dijo que la Iglesia “debería llegar a
ser más conciente del pecado de sus hijos, recordando todos aquellos tiempos de
la historia cuando partiendo del espíritu de Cristo y su Evangelio y, en vez de
ofrecer al mundo el testimonio de una vida inspirada por los valores de la fe,
se complacieron en modos de pensar y actuar que fueron verdaderamente
escandalosos.
“La Iglesia, aun siendo santa
por su incorporación a Cristo, no se cansa de hacer penitencia: ella reconoce
siempre como hijos suyos, delante de Dios y delante de los hombres, a los hijos
pecadores” (Tertio Millennio Adveniente, 33).
Como ustedes saben, el 12 de
Marzo del 2000, el Papa Juan Pablo II condujo la Iglesia Católica entera en la
Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano, a pedir perdón a Dios por los
pecados de los cristianos durante los pasados 2000 años.
Si los musulmanes llevaran a
cabo ejercicios similares, las relaciones mutuas entre ellos y los cristianos
serían menos arduas. Como he dicho antes, la auto-crítica es un signo de
transparencia y fuerza.
14.
Liberar la religión de la manipulación política
Los líderes religiosos
cristianos y musulmanes no pueden permanecer indiferentes frente a la
manipulación de la religión por los políticos.
Se debería
permitir a la religión la necesaria libertad para concentrar la creencia, el
ritual y la regla de vida. Dios esta en el centro de toda
religión genuina. Los políticos y gobernantes deberían ser imparciales hacia las
religiones. Los líderes religiosos que sucumben bajo
la tentación de permitir que su religión sea usada y convertida en instrumento
por un partido política tendrán que reflexionar en las consecuencias negativas,
incluyendo la probabilidad de que esa religión se convierta en una viuda
despreciable cuando ese partido político no esté más en el poder.
15.
Promoviendo la libertad religiosa frente al fenómeno del extremismo religioso
Musulmanes y cristianos no
tienen otra opción que aceptar que estamos en un mundo en el cual la pluralidad
religiosa es un hecho. “No cabe coacción en religión” afirma el Corán. (Sura
2,256). La religión es por lo tanto para ser propuesta, no impuesta. La unidad
religiosa o conformidad como un resultado de la fuerza (psíquica, psicológica,
económica, social u otra manera) no es algo digno de la persona humana. Y no es
apropiado ofrecerlo a Dios. Los fanáticos religiosos necesitan absoluta
conversión.
Y todos aquellos que se
dedican a la violencia en el nombre de la religión, hacen el mayor insulto a
Dios y a la religión. “Nadie puede considerarse a sí mismo fiel a Dios Grande y
Misericordioso si en el nombre del mismo Dios se atreve a matar a su hermano.
Religión y Paz van juntas: hacer la guerra en el nombre de la religión es una
descarada contradicción”, dijo el Papa Juan Pablo II a la Conferencia Mundial de
Religión y Paz (L'osservatore
Romano Edición semanal inglesa,
16 Nov 1994, p.2).
Los líderes religiosos deben
convencer a la gente que la libertad de religión es uno de los más queridos
derechos humanos y que nadie debería ser impedido de ejercitar este derecho, con
tal de que los derechos justos de otra gente no sean violados.
16. Promoción de desarrollo y
paz
Pobreza, subdesarrollo,
injusticia y corrupción son tierra fértil para el levantamiento y crecimiento de
las tendencias religiosas extremistas. En tales sociedades aquellos que rechazan
la presente situación, o quienes se oponen al gobierno en el poder, encuentran
facilidad en pedir el apoyo de la gente que sufre, quienes son la gran mayoría,
haciendo interesantes las extravagantes pretensiones religiosas. La tentación
más fácil es pensar que la respuesta a estas situaciones de sufrimiento es el
retorno a lo que es presentado como la forma pura u original de cierta religión
-sea Cristianismo o Islam-.
La respuesta efectiva no es
reprimir fuertemente a los fanáticos religiosos. Es bastante un compromiso común
de cristianos y musulmanes, y otros ciudadanos, para la justicia, desarrollo,
sanos programas económicos, honestidad en vida pública y privada, y buena
voluntad de parte de los ricos de mostrar seria solidaridad con el pobre. La paz
se fundamenta en los pilares del amor, verdad, justicia, solidaridad y
desarrollo. Es justo rendir homenaje aquí a la Conferencia Mundial de Religión y
Paz y a la comunidad de San Egidio por sus numerosos proyectos para promover la
justicia y la paz.
17. Mayor inclinación a la
dimensión espiritual
Las relaciones
Cristiano-musulmanas harán mayor progreso en el siglo XXI si hay una crecida
atención de ambas partes a la dimensión espiritual. El conocimiento de la otra
religión, la libertad religiosa, encuentros y proyectos en común son buenos e
importantes. Pero no son suficientes. Es necesaria una mayor atención a Dios. La
mayor cercanía de un musulmán y de un cristiano a Dios es en la oración, en la
apertura a la acción de Dios en ellos y en la disposición para hacer su
Voluntad. Este es otro modo de decir que las relaciones interreligiosas son
mejor promovidas por creyentes que están profundamente comprometidos en asuntos
religiosos.
Esto significa que aquellos
que quieren promover una mayor colaboración en este milenio deberían animar
ambas partes para comprometerse a sí mismos en más profundas espiritualidades en
atención a Dios, continua conversión del corazón en una creciente adhesión a la
Voluntad de Dios, oración, ascetismo, sinceridad de corazón y amor a nuestro
prójimo. Un líder cristiano y uno musulmán que han sido dotados de tal alto
voltaje de espiritualidad están más dispuestos a entenderse el uno al otro y
promover buenas relaciones, que dos personas de las dos religiones que practican
poco de lo que predican.
18. Conclusión:
de ti depende en
Tierra Santa
Distinguidos hermanos y
hermanas, les he propuesto, en una visión total del mundo, lo que las relaciones
musulmano-cristianas podrían ser y deberían ser en este nuevo milenio. Habrán
notado que no he hecho ninguna aplicación a la situación en Tierra Santa. Esto
lo deben resolver ustedes que conocen mejor que yo la situación local.
Una cosa es clara. Dios quiere
de todos nosotros que nos respetemos, aceptemos y amemos. El quiere que
cristianos y musulmanes vivan en armonía y colaboración. El quiere de ellos, y
también de judíos y otros creyentes, que promuevan la justicia y la paz. En su
llegada al Aeropuerto de Ben Gurion en Tel Aviv el pasado 21 de Marzo el año
pasado, el Santo Padre, dentro de otras cosas, dijo: “Ruego que mi visita sirva
para alentar el crecimiento del diálogo interreligioso que guiará a judíos,
cristianos y musulmanes a buscar en sus respectivas creencias, y en una
hermandad universal que une todos los miembros de la familia humana, la
motivación y la perseverancia del trabajo por la paz y la justicia que la gente
de Tierra Santa todavía no tiene, y que anhela profundamente”.
(L'osservatore Romano, edición
semanal en inglés.
29/3/2000, p.3).
Esta es nuestra oración. Esta
es nuestra esperanza. Que Dios Misericordioso nos conceda a cada uno de nosotros
la gracia y la fuerza para hacer nuestra parte en la promoción de excelentes
relaciones en este nuevo centenario y milenio.
(Conferencia
dada en el Centro Notre
Dame de Jerusalén,
2 de Febrero de 2001)
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