Contexto histórico
del nacimiento del Islam
Francisco Díaz de
Otazu
El Islam hace su aparición en
la Arabia del s. VII. Nace, pues, muy cerca del origen geográfico de las otras
religiones reveladas, en la encrucijada de las "tres partes" del mundo
conocido.
Arabia es cuatro veces la península Ibérica. La población árabe, escasa, vivía y
vive en vastos desiertos. La inmensidad de la aridez del desierto ha marcado al
tipo humano de esta región de un modo distinto que el de los valles del
Creciente fértil. Nomadeo, tribalismo, fatalismo, un determinado sentido del
tiempo..., construyeron un pueblo bien diferente al de las populosas ciudades de
entorno agrícola que eran alimentadas por cíclicas y generosas inundaciones
fluviales.
Las ferias de los tratantes de ganado se acomodaban con las peregrinaciones, con
la "umra" de la Kaaba y con el "hadjdj" de Arafa, según una fórmula que R.
Brunschvig ha descifrado. Las operaciones comerciales eran santificadas por una
serie de ritos, como los sacrificios en Miná.
Hay muchas referencias a la influencia cristiana. En la Arabia meridional hubo
estados, vasallos de Abisinia, cristianos monofisitas. Un virrey del Yemen atacó
La Meca en 570, es Abraha, importante en la tradición árabe, que es derrotado
por cristianos nestorianos aliados de los sasánidas persas.
Desde la referencia coránica, más importante es la influencia judía. Formaban
grupos apartados aunque ocasionalmente en estrecha alianza con alguna tribu
árabe, como los judíos de Khaibar con los beduinos thaqif. Lo que sí hay de
cierto es que en los oasis del sur de Arabia había colonias judías, con rabinos
y escuelas, y también cristianos, como en el oasis de Najran. Incluso en La Meca
se nos habla de la presencia esclavos, monjes y mercaderes cristianos. Uno de
estos últimos, que leía hebreo, era primo de Jadiya, esposa de Mahoma. Este
personaje, Waraqa ben Nawfal, conocía la Biblia. Un primo de Mahoma se hará
cristiano al emigrar a Etiopía, en vida de éste. Las narraciones bíblicas eran
conocidas como para que los adversarios de Mahoma contestasen a su nueva: "Son
ya cuentos viejos".
No sabemos a qué secta podían pertenecer estos árabes cristianos, pero debía ser
una corriente marginal respecto al conjunto: En efecto, la doctrina del Corán se
parece más a un judaísmo con algunos elementos cristianos que al cristianismo de
los Evangelios y la gran iglesia. Al principio, Mahoma decía que estaba de
acuerdo con esos cristianos de La Meca. Los heresiólogos mencionan a los
elquisaítas, grupo que esperaba a un profeta cercano.
La Meca era un importante centro comercial, intermedio entre los caminos de la
India, Siria y Egipto. Rica ciudad, manifestaba grandes diferencias sociales que
contrastaban con la sencillez patriarcal de los clanes nómadas. Algunos
historiadores han querido ver en el Islam un movimiento social, porque el
egoísmo de los clanes ricos chocaría con el mensaje de fraternidad de Mahoma.
Eso sería un reduccionismo simplista, pero una de las razones de su éxito fue el
de una solidaridad más amplia que la de las tribus, con su preocupación por los
huérfanos, pobres y débiles, aguardando días mejores cuando los éxitos guerreros
fueron fuente de un inmenso botín. Antes, en los años de pobreza, la ayuda mutua
y los bienes de los musulmanes más afortunados permitieron superarlos.
En el santuario cúbico de La Meca había toda clase de figuras sagradas, en
número de 360, como días tiene el año lunar. La Kaaba, además de la piedra negra
que sobrevive, reunía todo el eclecticismo del mundo antiguo. El santuario
habría sido consagrado por Abraham y su hijo Ismael, padre de los árabes,
pero tenía toda clase de estatuas, incluso algunos textos incluyen un icono de
Jesús y de María.
Una divinidad suprema se caracterizaba por su trascendencia, moraba en los
cielos y no tenía imagen. Convivía con cultos de fecundidad, a los que estaba
vinculado el pozo nutricio de Zamzam, con rastros de hermetismo, zurvanismo;
culto a tiempo, animismo y totemismo. Había figuras mediadoras; diosas
helenísticas, ángeles iranios, "yinn"; espíritus intermedios que, pese a su
origen pagano, encontraron su alojamiento en el Corán, y "profetas" espontáneos.
La influencia de los astros, que encabezaba Athar, un dios-rey estelar, fue
abatida por el Corán (53,30) Y (6,76), aunque el papel icónico de la luna recoge
un cierto papel de la divinidad masculina "qamar". El Corán (71,22), (12,39),
reprueba las pervivencias paganas. Entre ellas, una divinidad femenina, "Dtat-Gimyam",
el Sol. El rito musulmán pone mucho cuidado en no regirse por las posiciones
anuales del astro, para evitar toda confusión con esta adoración. La fiesta de
la primavera en Irán sería un ejemplo de pervivencias paganas excepcionales.
Una piedra blanca, "marwa", en Tabala, al sur de La Meca, rivalizaba con la
piedra negra, siendo también islamizada con una mezquita. La custodia y
administración de los santuarios estaba confiada a un linaje vinculadamente, los
banu-xaiba, que guardaban la kaaba antes y después del Profeta, hasta el día de
hoy.
En todo este complejo contexto,
Mahoma, miembro de la tribu de coraix, un camellero en situación holgada tras su
matrimonio con una viuda rica, dice recibir el Corán, primero en una visión de
conjunto y luego en detalle y por entregas, (años 612-632), mediante la
recitación que del mismo le haría el arcángel Gabriel. Esta "dicción directa",
concepto bien diferente al de inspiración, será un importantísimo determinante
de esta revolución religiosa del s. VII.
Exhaustos por secular conflicto, los dos imperios vecinos; el persa y el
bizantino, serían sus primeras
víctimas. Tras mirar con desdén a los nómadas, cuyas incursiones rechazaban
periódicamente, éstos se convirtieron en sus iguales, con su propia religión, su
propio profeta y libro. El mismo Corán se hace eco de su triunfo. Dios reveló el
Corán a los árabes para que éstos no tengan que decir: "La Escritura sólo bajó
de arriba sobre dos comunidades" (6,157/156). En la línea de la tradición
inicial bíblica, el Islam se presentaba en un primer instante como una religión
árabe para los árabes, en una corta fase henoteista, como conocieron también los
judíos, antes de ser proclamada como la única religión querida por Dios para
todos los hombres y toda la historia. Más tarde, cuando el Islam se extiende por
pueblos no árabes intervinieron otros factores, que habrá que examinar entonces.
En conclusión, el árabe del s. VII combina en su religión diversas tradiciones
antiguas con una tendencia unificadora. A la multitud de dioses se opone la
similitud de cultos, que aproximan a los clanes, con un cierto paralelismo con
las ferias comerciales. Hay importantes influencias extranjeras; iranias,
bizantinas, judías. La poderosa personalidad de Mahoma y la atmósfera profética
de la Arabia del 600 se sumaron para posibilitar una gran revolución religiosa.
Este artículo es gentileza de la
Revista Arbil
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