Culto y ética islámicos: los cinco pilares
Francisco Díaz de Otazu
Los deberes religiosos son el núcleo de la ley coránica. Son; confesión de
fe, oración, ayuno, limosna y peregrinación a La Meca.
1) "Shahada", la Confesión de Fe
A la revelación divina el hombre responde con la fe en Dios y en el mensaje
divino, así como con la proclamación de esa fe. La fe es la actitud
fundamental del musulmán. El Corán recomienda tres vías para un hallazgo más
fácil de la fe.
Una de ellas es la consideración del presente, de la vida del hombre en su
entorno; a través de los signos de la creación esa vía conduce a la fe en el
creador (43,3-5), que sostiene y cuida de su creación, conduce y dirige al
hombre, recompensándole por su fe y castigándole por su obstinación.
La vía segunda para la fe discurre a través de los testimonios del pasado y el
recuerdo del destino de las generaciones precedentes de incrédulos, cuya memoria
ha borrado Dios, mientras que su pesado castigo aún puede reconocerse claramente
en las huellas que dejaron. (40,21)
La tercera vía se remite al cumplimiento de las amenazas y promesas de Dios en
el futuro. Sólo que entonces será demasiado tarde para los incrédulos (10,102)
La fe es el eje del islam, condicionando todo lo demás y dando a las obras de
los hombres su verdadero valor. La incredulidad despoja a las buenas obras de su
verdadero valor.(7,147)
La apostasía de la fe es para el Corán el pecado más grave. En frases agitadas
el profeta estigmatiza a quienes dejan de creer después de su profesión de fe,
condenando a quienes mueran sin arrepentirse (3,86-91). La tradición prescribe
la pena de muerte para el apóstata, aunque los estados islámicos no refrendan,
en general, dicha pena. La presión social suele ser más eficaz que el derecho
penal de la "sharia". En algunos países es común la impunidad para el "ejecutor"
privado, pero no es normal la acción de verdugo público.
La "shahada" es un testimonio en favor de la verdad de Dios;"¡sí, lo
atestiguamos!" (7,172). El musulmán renueva cotidianamente el testimonio de la
unicidad de Dios. Además, cree en los ángeles, los profetas, las Sagradas
Escrituras, el juicio final y la dirección de la vida humana por parte de Dios.
La pronunciación de la fórmula-testimonio es el deber primero y capital de los
musulmanes. Recordemos que esa profesión de fe, hecha oficialmente, es la que
incorpora a la comunidad musulmana, no, como se cree frecuentemente, la
circuncisión, comparada a veces con el bautismo, que no es más que un rito
social, no coránico. Lo que equivale al bautismo, sacramentalidad aparte, es la
profesión de fe.
Esta profesión de fe ha asumido muchas formas en la historia, desde el
testimonio heroico a la coacción. El Corán prevé excepciones (2,178;16,105) de
ocultación de la fe "taquiyya", manteniéndola en el corazón. Los chiitas, con
tradición de perseguidos, hacen de ella un principio de licitud de ocultación.
Nuestros moriscos la practicaron.
No entraremos en la prolija división de escuelas jurídicas acerca de la relación
fe-pecado, ya mencionadas en cuanto al juicio final. Baste decir que los
sunnitas, mayoritarios, opinan que el pecado no anula la fe, en virtud de
(10,109), lo que, aplicado a los gobernantes, beneficia a los poderosos
corruptos, con los que "hay que tener paciencia", por eso a los defensores de
esta tesis se les llama "murdijia", retardadores. De aceptarse la pérdida de la
fe del soberano, la rebelión es obligada.
Los moderados muztailíes creen que toda mala obra disminuye la sustancia de la
fe en el hombre, y la incrementa toda buena.
El testimonio de fe se manifiesta hoy con vigor a través del llamado "despertar
islámico", expresión que abarca fenómenos distintos, desde la conversión a una
fe más honda y el retorno al culto, hasta manifestaciones de agresividad.
Es preferible quizá el término "testimonio" al de "diálogo", que tiene un cierto
tufillo a intercambio verbal, cara a cara, cuando lo que tenemos que hacer es
caminar juntos en el mismo sentido, en dirección al mundo que nos interpela, y
actuar en su servicio. El testimonio está igualmente arraigado en la teología
cristiana, la de San Juan, por ejemplo, que en la musulmana. No es casual que
ambas religiones empleen la misma palabra para el testimonio supremo, el que
exige entregar la vida; el mártir, "chachid", plural "chuchada`".
Testimonio no es tanto "palabra hablada" como "palabra de vida". Una vida
conforme al Evangelio o al Corán, es la única cuestión verdaderamente importante
que debe plantearse en su fidelidad a aquel. "Dispuestos siempre a dar razón de
vuestra esperanza a todo el que os pida una explicación" (1Pe 3,15). Se anuncia
a Cristo viviendo de él, más que hablando de él. El resto no depende de
nosotros, sino del Espíritu de verdad. El Espíritu no violenta a nadie, sino que
respeta las circunstancias de cada cual. La voluntad revelada del Padre es, como
creemos firmemente, la de recapitular todas las cosas en Cristo glorioso, ello
se manifestará al final de los tiempos, y se va haciendo realidad ya,
misteriosamente, en el corazón de cada uno. El encuentro o entendimiento, mejor
que diálogo, entre cristianos y muslines es testimonio recíproco y búsqueda
común de la voluntad de Dios respecto a cada uno de nosotros.
Al tipo de misión llamada "catecumenal," cuyo modelo es S. Pablo, el Nuevo
Testamento suma diversos tipos de anuncio. Quienes, cristianos, viven en un
entorno musulmán, saben por experiencia que lo único elocuente es el testimonio
de vida. El entonces cardenal Wojtyla afirmaba en 1974, en su informe doctrinal
al Sínodo sobre la Evangelización, que la misión de la Iglesia es siempre la
misma, en todo tiempo y lugar, consiste en anunciar la Buena Nueva de
Jesucristo. Pero se realiza de manera diferente- de manera "analógica" decía
él-, según los diversos contextos de vida de la Iglesia: "Aun permaneciendo
esencialmente idéntico, el concepto de evangelización ha de aplicarse de
diferentes maneras en las iglesias de misión que en las de tradición
multisecular, en las relaciones con los hermanos separados que en las relaciones
con los no creyentes....."
2) La Oración
El islam conoce dos tipos de oración, la ritual, (salat), y la privada, (du_a`).
La oración manifiesta el reconocimiento de la soberanía de Dios y la entrega del
hombre a su voluntad.
Todos los musulmanes adultos, hombres y mujeres, están obligados a cumplir la
oración conforme está ordenada. Los niños son instruidos a partir de los siete
años. El muecín llama a los creyentes a la oración cinco veces al día. Es un
requisito la pureza ritual mediante abluciones. Hay otras prescripciones
formales, de vestido, lugar etc pero no interesan aquí.
La oración comunitaria propiamente dicha tiene lugar en la mezquita una vez por
semana, a mediodía del viernes, e incluye predicación, plegaria común y
particular, presidiendo el imán entre los sunnitas. Este puede ser funcionario o
un "hombre sabio". Es obligatoria para todo varón adulto, y viene a equivaler,
social y preceptivamente, a nuestra misa dominical.
La oración es el acto esencial del culto musulmán. Quien va a orar comienza por
orientarse a La Meca, indicada por un nicho en la Mezquita,"mihrab", o por el
sol. La primera sura del Corán, la "Fatiha", de uso frecuente, correspondería en
cierto modo a la preeminencia cualitativa y cuantitativa de nuestro
Padrenuestro.
Si la oración legal aparta al hombre del mal (29,45), la oración íntima
"encuentra acogida en Dios" (2,186). Existen diversas oraciones individuales,
entre ellas el rosario de los "bellísimos nombres de Dios", y diversas
jaculatorias como "Al-hamdu lillah", o "Inch`Allah".
Aunque el Corán y el fiqh, reglamentación posterior, han multiplicado los
requisitos y detalles, desde siempre se ha dado gran importancia al sentido
espiritual de la oración. Esencialmente es un acto de alabanza a Dios, como El
ha pedido. Es acción de gracias por los bienes, y súplica por otros. Exige
atención de corazón, humildad y purificación de las pasiones, tan apropiadamente
simbolizados mediante la gran postración. Los autores místicos ven en la
repetición de la oración ritual la preparación de todo el ser, cuerpo y alma,
hacia la única "alquibla"(dirección), Dios.
3) El ayuno
Se regula en la sura 2,183 ss. Todo musulmán adulto y sano debe ayunar. Quien
deja de hacerlo sin motivo razonable está obligado a una acción sustitutoria,
como alimentar a pobres (2, 184)
El Ramadán consiste en abstenerse, de sol a sol, de comer, beber, fumar,
perfumarse y tener relación sexual. Están previstas numerosas excepciones, más
amplias de lo que suele creerse. Se recuerda que en el mes de Ramadán descendió
el Corán (2,185). El tiempo de ayuno tiene, como para judíos y cristianos, un
carácter penitencial, la predicación en ese mes procura mover a la conversión,
instando a los creyentes a la solidaridad. La alegría del mensaje se expresa en
el gozo al anochecer. El ayuno refuerza la vida moral de los creyentes y da
ocasión de reconciliarse. Expía los pecados, incluso con antelación hasta el
próximo mes penitencial.
El éxito público del ayuno puede paralizar la eficacia económica de muchos
servicios. Algunos sectores proponen una atemperación con base religiosa. Todo
el mundo supone el duro esfuerzo que exige a los musulmanes, sobre todo cuando,
por seguir el año lunar, el Ramadán cae en verano, con los días más largos. Sin
embargo es observado con sinceridad y alegría, o mediante presión social o legal
en otros casos.
El Ramadán es un mes de fiesta continua: al anochecer se desquita la privación
del día. Se visita a parientes y amigos se acude a los cafés. Observar el
Ramadán es reencontrarse, al menos una vez al año, con su propia identidad
fundamental. Se robustece la solidaridad en cuanto los ricos invitan a los
pobres, y en cuanto cientos de millones de creyentes ayunan juntos sobre la
tierra.
El ayuno no es más que un aspecto del Ramadán, el de la privación. Los
estudiosos han sabido apreciar los valores espirituales del "mes bendito". La
privación material es un apoyo para frenar las malas pasiones. El rico siente
hambre como la siente el pobre, que debe tener parte en la mesa de los ricos.
Debe ser un mes de recogimiento y oración, con oraciones suplementarias. En el
fondo, el verdadero ayuno consiste el vaciarse de sí mismo y descubrirse pobre (faqir,
en árabe; en persa, derviche), término que dio nombre a un movimiento mendicante
y que se generalizó inexactamente. Son bastante semejantes los valores de la
Cuaresma cristiana, pero la exigencia material es menor en nuestro caso.
No es sólo una consideración piadosa el que los cristianos seamos sensibles al
esfuerzo duro que realizan los musulmanes que desean obedecer el mandato de
Dios. Algunos cristianos muy integrados en medios musulmanes participan con sus
amigos en el ayuno. Es un testimonio, de solidaridad y un esfuerzo bien
intencionado de agradar a Dios.
El ayuno recuerda al cristiano la necesidad de dominar los apetitos del cuerpo y
del alma. El Evangelio invita a la penitencia con el ejemplo del mismo Cristo,
pero es cierto que Cristo nos invita a vivir del Espíritu y no de la letra; e
igualmente cierto que la Iglesia ha mitigado la mortificación corporal hasta
hacerla algo casi simbólico. En materia de ayuno, existe un doble riesgo: o
centrarse en la observancia de las normas de mortificación con la
correspondiente buena conciencia del deber materialmente cumplido, o centrarse
en el espíritu, pertrechándose de justificaciones para no hacer nada. Si los
musulmanes pueden inspirarse en la cuaresma cristiana para mitigar las normas
del ayuno, difícilmente conciliables con la vida moderna, al mismo tiempo que
refuerzan el espíritu del Ramadán, a los cristianos, no sólo a los que viven en
países musulmanes, puede servirnos de estímulo el ayuno de los musulmanes para
recordar que también el cuerpo debe ayunar, aunque la Iglesia, hoy, apenas
obligue.
4) La limosna
El Corán conoce dos tipos de donativo: la limosna y el impuesto legal de
beneficencia (zakat). Repetidas veces pone de relieve el deber (9,60), de
repartir las riquezas que Dios ha otorgado y el deber de practicar la
beneficencia. La alegría de dar merece al creyente la benevolencia de Alà
(64,17) . Una buena limosna es aquella que se hace abierta o secretamente por
amor de Dios, y no por hipocresía entre hombres. Está íntimamente ligada a la
oración, como demuestra la sura 107, que considera como indicio de una oración
hipócrita el negarse a esta ayuda al prójimo. No hay que ser ni pródigo ni
mezquino, sino que ha de mantenerse el justo medio.
Los donativos sirven para promocionar las instituciones de la comunidad que
protegen a los débiles. Los impuestos legales contribuyen al sostenimiento
financiero del estado islámico. Lo normal es el diezmo en el sector primario y
mayores porcentaje en el tráfico de lujo. Esta obligación es utilizada a menudo
para la financiación misional religiosa, pero tiene un componente importantísimo
de solidaridad social interna.
La palabra limosna tiene cierto sentido peyorativo entre nosotros, pero no entre
los musulmanes. Representa la solicitud por el pobre en todas sus dimensiones.
El Corán comienza con una acuciante exigencia de respetar los derechos del
pobre, que es todo aquel que necesita ser socorrido; la viuda, el huérfano, el
viajero, el esclavo... (al-mustad`afun), los desheredados. Los chiitas han
contribuido a familiarizarnos con el término, al dar un fuerte matiz social a su
llamada Revolución Islámica.
Se advierte una evolución: al principio, se trataba de una aportación voluntaria
de los poderosos, directamente a los indigentes o a un fondo común. Luego la
zakat pasó a ser un impuesto legal del Estado. La palabra zakat ha quedado
reducida a su sentido fiscal, salvo la contribución anual de fin del Ramadán,
que fija el gran mufti de cada país. Por eso la "sadaqa", limosna voluntaria, se
da con gusto, a unos mendigos muy conscientes de su derecho a que "el dinero
pase de Su servidor a Su servidor, pues todo viene de El". Los ideólogos
encuentran fácilmente en la zakat la raíz del "socialismo musulmán".
Como con Mateo (25,31-46), en el islam, dar de comer al hambriento, vestir al
desnudo...es socorrer al mismo Dios. La limosna perdona los pecados y asegura el
paraíso.
El sentido del pobre es fundamental, tanto en el islam como en el cristianismo.
Es verdad que en el Corán no aparece la bienaventuranza del "pobre según el
espíritu", con su forma evangélica intencionadamente paradójica y provocativa.
En el Corán, y especialmente en la espiritualidad y mística musulmanas, la
pobreza espiritual se denomina "indigencia" (faqr), vacío en el hombre, cuyas
necesidades sólo Dios puede colmar, pues sólo él es rico (ghani), en el sentido
de único autosuficiente. Es aquí donde se sitúa la diferencia entre los sentidos
cristiano y musulmán del pobre. Al mencionar el hadith paralelo a Mateo 25,
vemos que concluye cada frase "si hubieras dado de comer al hambriento...", con
un "Me habrías encontrado en su casa", mientras el Evangelio remata las mismas
frases con un "A mí me lo hicisteis". Aquí creemos ver la huella de la
Encarnación, mientras en el concepto musulmán hay un cierto distanciamiento.
En cualquier caso, es obvio que el sentido del pobre, en su dimensión moderna de
la justicia social, constituye uno de los ejes principales, no sólo del
"diálogo" islamo-cristiano, sino de la colaboración fraterna en el servicio a la
humanidad actual. El Vaticano II apela explícitamente a ello. A veces, la acción
une lo que las palabras separan.
5) La peregrinación
En la antigua Arabia, los politeístas visitaban el santuario de la Kaaba, en La
Meca, dos veces al año. En primavera realizaban la pequeña peregrinación, (`umra),
y en otoño la gran peregrinación (hajj), con prolongados ritos.
Mahoma, que hizo la peregrinación modelo en 632, las integrará. La primera es
una obra piadosa, la segunda es la obligada, y debe realizarse en el mes de
hadjj, dos lunas después del Ramadán. El Corán atribuye el santuario a Abraham e
Ismael. Es inútil buscar en la Biblia esa estancia, lo más aproximado es el
episodio de Agar, expulsada al desierto con su hijo Ismael. Los musulmanes
peregrinan a La Meca, al lugar en que surgió el islam, una vez en la vida
,(3,96-97), si es posible.
El territorio de La Meca y Medina es "haram", prohibido a los no-musulmanes. El
musulmán que penetra en él se pone en estado de"ihram", (tocado de su santidad).
Con una serie de ritos de consagración, vestido etc, el peregrino debe besar la
piedra negra, empotrada en la Kaaba, dar siete vueltas y hacer siete veces la
distancias entre dos colinas cercanas. Después de escuchar al imán se encamina
al monte Arafat, en Minà lapida simbólicamente a Satàn y como colofón se
sacrifican animales en recuerdo del sacrificio de Abraham. Como ejercicio de
piedad privada se puede beber en el pozo de Zamzam. Luego se pasan un par de
días de fiesta en la ciudad de Minà. En el viaje de regreso se puede, visitar la
tumba del profeta en Medina, y Jerusalén, si es posible, con sus mezquitas de la
Roca y al-Aqsá.
La importancia religiosa de la peregrinación es la experiencia de entrega a Dios
sin reservas. Allí se vive lo que significa enteramente el islam, expresándose
con la frase repetida; "Aquí estoy, Señor" (labbayka). La peregrinación es una
magnífica expresión de la fe y de la sumisión obediente a Dios. El peregrino
entra en estrecha unión con Dios y gozará de tal modo de su favor que se
atribuye a Mahoma la expresión: "Solicita la intercesión del peregrino, pues su
pecado ha sido perdonado y aceptada su intervención". Hay una similar tradición,
entre peregrinos y romeros, jacobea y jerosolimitana .
En el viaje del hadjj se pone de relieve la solidaridad del mundo islámico y la
igualdad de todos los hombres en la misma fe. El ritual no permite diferencia
alguna por clase, raza, país...Todos los creyentes viven su igualdad delante de
Dios y todos se sienten solidarios. Esta experiencia de solidaridad universal
también se hace sentir en las relaciones políticas entre los estados islámicos,
consolidando su conexión frente al resto del mundo.
La peregrinación congrega a un número creciente de creyentes, entre dos y tres
millones, con inmensos problemas para las autoridades de Arabia Saudí, por la
aglomeración.
Las muertes no son raras, por la elevada edad de algunos peregrinos. Se
considera una bendición morir en la peregrinación. Además, hay otro motivo para
retrasar la peregrinación a la tercera edad, borra todos los pecados.
A pesar de la prueba física que supone, el sueño de todo musulmán es realizar el
hajj, y las familias se ayudan mutuamente a realizar el gasto.
De regreso, el peregrino es recibido con solemnidad, se le festeja porque se ha
convertido en un "hadj", título que conservará siempre. De los relatos de los
peregrinos se perciben las emociones de la unidad y la diversidad de la
comunidad musulmana, de la solidaridad citada. Pero también una auténtica
experiencia espiritual, que puede llevar a "conversiones" espectaculares y
definitivas. Se viven los ritos. En la lapidación en Miná, al arrojar los
pecados contra las estelas satánicas, un cristiano puede ver un cierto sentido
sacramental en cuanto rito externo que significa y produce la disposición
interna.
Este artículo es gentileza de la Revista Arbil.
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