La sed de la verdad
Hna. María de
Roncesvalles
El mensaje central del Islam
El Islam se presenta como una religión
de dogmas simples y de convicciones fuertes. Por este motivo muchos de ellos
consideran que su religión es de la “razón pura y de la verdad evidente”.
Según los musulmanes el Corán es la
revelación de la palabra de Dios, palabra clara, en un lenguaje claro, fuente de
certeza y de seguridad para el creyente.
“Ésta es la Escritura, exenta de
dudas, como dirección para los temerosos de Alá” (sura 2-2).
Todo lo enseñado en el Islam es
aquello que meditó Mahoma estando en el monte Hira, cuando tenía cuarenta años:
“No hay más que un solo Dios, creador y juez”.
En el Corán abundan los versículos que
invitan a reflexionar y a estar atentos a comprender esta evidencia y a tratar
sus consecuencias.
Desde que son niños se les enseña a
imprimir cada vez más en la memoria este orden universal en el que Dios es la
garantía y la fuente. Y poco a poco esta educación forma en las personas un
gusto por la verdad y la necesidad de la certeza y la coherencia.
Sin embargo entre los motivos que
mueven a musulmanes a convertirse al cristianismo se encuentra la búsqueda de la
verdad. ¿Cuáles son los motivos que empujan a ciertos musulmanes a poner en tela
de juicio lo que esta escrito en el Corán?
Veremos solo algunas de estas razones
que llevan a una búsqueda por la verdad fuera de su religión.
Las contradicciones internas:
Hay varios pasajes del Corán que se contradicen entre sí. Por ejemplo: en la
relación con los cristianos en la misma sura encontramos: “Concertamos un
pacto con quien decían: somos cristianos. Pero olvidaron parte de los que se les
recordó y, por eso, provocamos entre ellos enemistades y odio hasta el día de la
resurrección. Pero ya les informará Alá de lo que hacían” (sura 5-,14).
Y más adelante dice: “Verás que los
más hostiles a los creyentes son los judíos y los asociadores, y que los más
amigos de los creyentes son los que dicen: somos cristianos” (sura 5-82).
La superioridad de la moral
cristiana: en temas tan esenciales como el fin
del hombre, los medios para lograrlo, las relaciones entre el hombre y la mujer,
etc.
El hecho de conocer otras
realidades: no es un “riesgo” para aquellos
grupos que permanecen cerrados en un territorio, o en países totalmente
musulmanes, el problema viene cuando hay relación de éstos con gente de otras
religiones.
Esto puede llegar a darse con el
influjo del mundo moderno, que presentan en algunos casos valores distintos al
Corán, como por ejemplo la liberación de la mujer o valores que no son tratados
en éste como la tecnología, la libertad de opinión, etc. Es por eso que los
musulmanes más cerrados buscan aislar sus comunidades (pensemos no más en las
aberraciones de los talibanes).
También el misterio del dolor y del
mal: hacen que muchos musulmanes busquen la
respuesta a los sufrimientos fuera del Islam. Un autor musulmán describe como es
el retrato de un hombre musulmán: “...Su vida será una vida de pureza, de
piedad y de amor…será el hombre mas respetado, será fuerte, rico, amado, popular.”
Delante de esta descripción muchos se
preguntaran como puede darse el sufrimiento, la humillación, la desocupación.
Algunos han encontrado en Cristo el
modo de unir el sufrimiento a su vida.
La división del Islam:
El Islam se ha dividido en distintas sectas; sunitas, sciitas, etc. Las
diferencias pueden ser mínimas pero cada una de éstas están convencidas de su
fidelidad al Islam.
Por ejemplo en África oriental hay
ciertas discusiones por el número de las inclinaciones durante la oración de
los días viernes y en África occidental por la forma de la posición de las manos
en la oración.
Presentamos el caso de Masood Ahmad
Kaan para ver como esta sed de verdad se va desarrollando en un caso concreto.
Pertenecía a una de las tantas divisiones dentro del Islam que era considerada
por algunos como infiel a la doctrina verdadera.
Originario de Pakistán, nacido en 1951
de una familia “ahmadi”. El nombre de esta familia viene de la secta llamada
“ahmadiyyah” fundada en el SXIX por Mirza Ghulam Ahmad (1830-1897) que se
presentaba como un segundo Mesías y profeta. Los que pertenecen a esta secta son
muy activos en todo el mundo, pero no es tenida en cuenta por el resto de la
comunidad musulmana.
Masood a la edad de diez años sabe que
los musulmanes de los alrededores insultan a los de su pueblo tratándolos de
infieles, paganos e impuros, y un día le toca a él vivir esto.
Habiendo escuchado decir a un anciano
en la Mezquita que si alguno tiene fe en la fórmula “No hay Dios fuera de Dios y
Mahoma es su profeta” puede caminar sobre el agua, Masood se arroja en el río,
arriesgándose a ahogarse. Es sacado del agua por unos pescadores que después de
haber escuchado su explicación estallan en risas.
“Hijo de paganos: tu padre es
pagano, tu madre es pagana; toda la familia es ahmadi ¿Cómo podes creer
que Dios te escuchará a ti? Vete de aquí, infiel,
di a tu familia de hacerse musulmana antes de volver aquí a probar”.
De retorno a la casa comienza a
llorar y pregunta a sus padre: “Nosotros somos musulmanes…creemos en el Corán,
rezamos cinco veces al día ¿por qué aquellos hombres me han dicho que somos
paganos?”.
La pregunta no obtendrá respuesta,
toda la explicación dada de los padres, de los jefes de la comunidad ahmadi y de
la otra comunidad musulmana no bastarán para aplacar su inquietud: cada uno de
éstos está seguro de poseer la verdad, y cada uno tiene argumentos que refutan los
del otro.
Siendo todavía niño al finalizar un
examen de religión agregó: “lo escribí pero no lo creo”. Ya adulto, sigue obsesionado por saber la verdad y rebelde al hecho de que su familia y su
comunidad se contentan con imponerle por autoridad, la respuesta estereotipada
de su verdad.
Contará Masood la reacción que tuvo un día después de haber discutido con su padre acerca de este asunto. Una parte
de el decía: “déjalo así, vive en paz” y otra voz murmuraba “no es la verdad y
tu lo sabes”.
La situación cada vez se va poniendo
peor, sus familiares y su comunidad no lo comprenden, pensaba entonces de que le
serviría demostrar que la secta ahmadiyya estaba equivocada.
“Abatido por estos pensamientos
salí afuera, había luna llena, alabé al sabio creador que había hecho el mundo
así maravilloso. Sentí dentro mío el deseo de decirle todo a Dios, mi corazón me
decía: el es Dios puede resolver tu problema, puede revelársete porque tienes el
deseo de conocerlo.
Con este pensamiento me salieron
lágrimas, alcé las manos al cielo y dije con corazón sincero: Te suplico de
llevarme a la luz y a la verdad o sino que cambie, para no tener más este deseo.
¿Por qué eres tan silencioso, oh Dios? Escucho hablar de Ti, leo en los libros
acerca de ti, ahora necesito que me ayudes.
Comencé a caminar hacia la ciudad,
sucedió algo extraño, sentí claramente que no estaba solo, alguien estaba
conmigo. Retorné con una fuerza nueva para continuar mi búsqueda por la verdad.
Esta oración lo ayudó durante los
duros años que siguieron para él. Tuvo que escapar de su pueblo después de un
intento de lincharlo en la mezquita, y por mucho tiempo se estuvo escondiendo de
sus perseguidores.
Trabajó como sirviente de una familia
musulmana ortodoxa, empleaba su tiempo libre en leer el Corán y estudiar los
comentarios acerca de éste. Es tocado por los versículos que hablan de la
escritura revelada a los hebreos y a los cristianos.
“Cuantas veces había recitado este
versículo como un loro, pero ahora estas palabras resonaban en mi conciencia.
Tuve un gran deseo de leer la Biblia y comenzar así con una nueva postura. Sabía
que se decía que la Biblia estaba alterada y falsificada y que los eruditos
musulmanes me habían advertido que el estudio de la Biblia podía corromper y
disolver mi fe”.
Masood descubre el mensaje de la
Biblia, de Cristo, de su muerte y resurrección, de su divinidad. Se disgusta al
ver que muchos de estos pasajes no son bien interpretados en el Corán.
Leyó en la Biblia “Muchas otras cosas
hizo Jesús, que, si se escribiesen una por una, creo que este mundo no podría
contener los libros” (Jn. 21,25).
Estas palabras parecían escritas
para mí, pero no podía aceptar su divinidad. El Corán habla de los milagros de
Cristo, pero no como están escritos aquí. La tradición dice que Mahoma habría
cortado la luna en dos mitades, pero el Corán dice que nunca realizó milagros.
Si Mahoma nunca había realizado
milagros, pero para Jesús esto era tan natural como el respirar, y solo Dios
puede realizar milagros y Jesús los realizaba, la pregunta era ¿es Cristo Dios?
Dios mío, dije en mi oración,
muéstrame el recto camino, el camino de aquellos que has colmado de beneficios,
no el camino de los que encienden tu cólera.
Sentí como si alguien me quisiese
responder, pero no había nadie ahí. Miré la Biblia y ésta estaba abierta en una
página diversa a la que yo había leído, entonces leí:
“Pedid, y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque quien
pide recibe, quien busca halla y a quien llama se le abre” (Mt.7, 7-8).
Era Dios quien me había hablado,
había sido él quien me había guiado a esta palabra, me había dado la respuesta.
Sigue con el estudio de la Biblia,
confrontándola con el Corán, finalmente se da cuenta que ha encontrado la verdad
y decide hacerse cristiano.
En este caso recién expuesto se da por
un lado el deseo de conocer cual era la diferencia que había entre la secta ahmadiyya y el Islam clásico, ya que ambos conocen el Corán y por otra parte
una vez que conoce la Biblia, el deseo de buscar la verdad ya sea en este libro
o en el libro sagrado de ellos.
Casos como este hay muchísimos, que
leyendo la Biblia con el deseo de buscar la verdad no pueden permanecer
indiferentes a las palabras de Jesús, ya que él mismo dijo: “Yo soy el camino,
la verdad y la vida” (Jn.14, 6).
|