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El Paraíso en el Islam

 

 

 

Hna. María de Roncesvalles

La morada de los justos, para el Islam, será al-janna (el jardín) que recibe varios nombres distintos, entre ellos: jannat-adan (el jardin del Edén) o jannat al-na’im (el jardín de las delicias).

En textos más tardíos se encuentra  el término firdaws (paraíso) palabra que deriva del griego o del persa.

La doctrina católica enseña que la felicidad eterna consiste esencialmente en la visión de Dios: “Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados, viven para siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven “tal cual es”, cara a cara”.[1]

En la doctrina islámica no todos comparten que en el “jardín” verán a Dios y que en esto consiste la felicidad.

Mientras los mu’tazilites niegan esta posibilidad, los ash’arites declaran que en esta visión se cumple la promesa más grande de felicidad para los hombres. Pero esta visión de Dios no será una posibilidad  para siempre dada a todos los hombres y a las mujeres creyentes, sino que será concedido por algunos momentos a los que Él elija.

Aquí debemos recordar también que los ash’arites sostienen que no habrá un infierno eterno para los musulmanes sino que, si Dios lo permite Mahoma intercederá por sus creyentes y podrán entrar en el Paraíso.

 

 

Descripción  del Paraíso Coránico

 

Solo se sabe que está ubicado en un lugar elevado “Gozará de una vida agradable, en un jardín elevado, cuyos frutos estarán al alcance de su mano”[2] y “otros rostros, ese día, estarán alegres, satisfechos de su esfuerzo, en un jardín elevado”.[3]

La extensión abarcada no conoce límites porque se los compara con los del cielo y la tierra (...) “de un jardín tan vasto como el cielo y la tierra, preparado para los que creen en Alá y sus enviados”.[4]

 

Existen categorías en este jardín ligadas a lo que han hecho en la vida terrena “Son creyentes sólo aquéllos cuyos corazones tiemblan a la mención de Alá, que, cuando se les recitan sus aleyas estas aumentan su fe, que confían en su Señor, que hacen las oraciones y dan limosna de lo que le hemos proveído. Esos son los creyentes de verdad. Gozarán de elevada categoría junto a su Señor, de perdón y generoso sustento”.[5]

 

En cada uno de los grados del Edén hay habitaciones y moradas donde viven felices sus habitantes “Los que temieron a su señor estarán en moradas altas sobre las que hay construidas otras moradas más altas, a cuyos pies fluyen arroyos. ¡Promesa de Alá! Alá no falta a su promesa”.[6]

Ibn Kattheer dice: “En el paraíso hay majestuosos palacios en los que se encuentran  habitaciones lujosas, ubicadas una  encima de la otra, fuertemente construidas y decoradas.”

 

Según la tradición musulmana, el profeta dijo: “En el paraíso hay moradas en las que se puede ver desde afuera todo lo que está adentro y desde adentro todo lo que está afuera.” Y otra tradición relata acerca de estas moradas: “En los pabellones se encuentran tiendas maravillosas, hechas con perlas, cada una construidas  por separado…y en cada esquina de éstas se encuentra una esposa que no será vista por los demás.”[7]

 

En los jardines del Paraíso hay dispuestos sofás de bellos colores, camas cubiertas con seda, almohadones y espléndidas alfombras para que los elegidos puedan sentarse o recostarse donde ellos quieran y estén siempre cómodos: “Estarán reclinados en alfombras forradas de brocado”.[8]

 

Habrá un grupo de jóvenes cuya única misión consiste en ser los encargados de ofrecer sin cesar vinos, colocados en jarras de oro y plata. “…en lechos entretejidos de oro y piedras preciosas, reclinados en ellos, unos enfrente de otros. Circularán entre ellos jóvenes criados de eterna juventud con cálices, jarros y una copa de agua viva, que no les dará dolor de cabeza ni embriagará, con fruta que ellos escogerán, con la carne de ave que les apetezca”.[9]

 

Tendrán su recompensa aquellos que no solamente vivieron bien en la tierra según las leyes islámicas sino que también han hecho más por Dios, como por ejemplo construir una mezquita para El: “Todo aquel que construya una mezquita para Dios, El construirá algo semejante para él, en el paraíso.”[10]

 

Se tendrá acceso al Paraíso por puertas que solo estarán abiertas para aquellos que han cumplido lo que Alá les ha ordenado cuando vivían en la tierra: “Los que temen a Alá tendrán, ciertamente, un bello lugar de retorno: los jardines del edén, cuyas puertas estarán abiertas para ellos”.[11]

 

Así, en estos jardines de delicia, cuidados y cultivados por Dios para sus creyentes es donde Mahoma coloca a sus fieles quienes gozarán de toda clase de placeres.

 

Los ríos en el Paraíso

 

Este jardín, recompensa de quienes han obrado bien y podría decirse, profesaron la fe musulmana, se describe como un oasis espléndido, por el cual fluyen copiosos ríos (nhar). Este término aparece unas cincuenta veces en el Corán “Estas son las leyes de Alá.  A quien obedezca a Alá y su Enviado, Él le introducirá en jardines por cuyos bajos fluyen arroyos, en los que estarán eternamente. ¡Este es el éxito grandioso!”.[12]

 

Se enumeran cuatro (Sihran, Jihran, Eufrates y el Nilo) y por cada uno fluyen sin cesar los productos más apetecibles de la tierra, así podemos leer: “Imagen del jardín prometido a quienes temen a Alá: habrá  en él arroyos de agua incorruptible, arroyos de leche de gusto inalterable, arroyos de vino, delicia de los bebedores, arroyos de depurada miel”.[13]

 

“Estos cuatro ríos están considerados entre los ríos del paraíso porque ellos son puros  y beneficiosos, y contienen la bendición de Alá, y fueron honrados con el hecho de que algunos profetas bebieron de ellos”.[14]

 

Comida y bebida de la gente del Paraíso

 

Será el mismo Dios quien satisfará el paladar más rebuscado y exigente  de sus comensales, creando para ellos toda clase de manjares perpetuos consistentes en deliciosos y abundantes frutos, y poniéndoselos a su alcance, de modo que, sin la menor fatiga, puedan alcanzarlos con solo extender la mano: “Gozarán de una vida agradable, en un jardín elevado, cuyos frutos estarán al alcance de sus manos”.[15]

 

Son nombradas como frutas codiciadas en este jardín, las uvas, los dátiles y las granadas. Los árboles frutales darán sus frutos todo el año, no como sucede en la tierra que solo dan por estaciones: “Abundante fruta, inagotable y permitida”.[16]

 

Además de los árboles ya nombrados se describen tres cuyas características hacen que sean distintos a los árboles de la tierra.

 

El primero es tan grande que para atravesar toda su sombra se necesitan más de cien años, y su tamaño es solo conocido por el creador: “ En el Paraíso hay un árbol, el cual cruzado por un jinete sobre un caballo veloz necesita cien años para pasar debajo de él. ”. [17]

Escritura árabe donde se lee

el nombre de "Ala": Dios.

Sidrat al-muntaha, es el segundo árbol que tiene características que solo son posibles en el Paraíso, hojas tan grandes como la orejas de un elefante, con colores indescriptibles  y su  brillo como perlas.

 

El último árbol es llamado Tooba, de inmenso tamaño, con sus flores se producen las vestimentas de la gente del Paraíso.

 

En cuanto a la carne  tendrán toda aquella que deseen pero principalmente la de aves.

 

Es de destacar que el vino y las demás bebidas alcohólicas, que están prohibidas para los musulmanes, en el Paraíso les  serán  permitidas. La razón que dan para poder hacerlo es que estará libre de todos los efectos que produce cuando es consumido sin moderación, estos son; dolor de cabeza, mareos, problemas estomacales, etc.,

 

“El vino produce cuatro cosas: embriaguez, dolor de cabeza, vómitos y orina, pero Alá purifica al vino de todo esto”.[18]

 

Esto también sucederá con los alimentos, estarán libres de todas las impurezas que producen en la tierra y nunca cambiarán de sabor.

 

Los elegidos beberán sin tener sed, comerán sin tener hambre, ya que tanto el hambre como la sed producen molestias en el hombre. El placer que se tiene bebiendo o comiendo algo se verá aumentado en el Paraíso.

Se servirán los alimentos y las bebidas en vasijas de oro y plata: “Se harán circular entre ellos platos  de oro y copas, que contendrán todo lo que cada uno desee, deleite de los ojos”.[19]

 

Vestimenta y adornos

 

Usarán las vestimentas y joyas más lujosas que se pueden usar, prendas de seda, brazaletes de oro, plata y  perlas,  habrá  también peines de oro y plata.

“Les retribuirá, por haber tenido paciencia, con un jardín y con vestiduras de seda” y “Vestirán de verde satén y de brocado y llevarán brazaletes de plata.”[20]

 

“Cualquiera que entre al paraíso será bendecido, nunca más será miserable, sus ropas no pasarán de moda, y nunca se desteñirán”[21]

 

De acuerdo a la dignidad que se les concede a los mártires estos tendrán coronas “Serán ubicadas por encima de sus cabezas una corona de dignidad, con un rubí el cual es mejor que los de esta tierra”.[22]

 

Se usarán perfumes y de sus cuerpos emanará el aroma del almizcle, desde lejos se podrá percibir las fragancias.

 

Reuniones y conversaciones

 

Se visitarán unos con otros y recordarán cuando vivían en el mundo, como Dios los bendijo y los admitió en el Paraíso: “Y se volverán unos a otros para preguntarse. Dirán: Antes vivíamos angustiados en medio de nuestra familia. Alá nos agració y nos preservó del castigo del viento abrasador.”[23]

Se reirán de aquellos que no creyeron en sus palabras y que al contrario de ellos no han recibido la recompensa: “Los moradores del jardín llamarán a los moradores del fuego: Hemos encontrado que era verdad lo que nuestro Señor nos había prometido. Y vosotros, ¿habéis encontrado si era verdad lo que vuestro Señor os había prometido?”.[24]

 

Constantemente estarán alabando a Dios y haciendo su profesión de fe y esto será uno de los gozos que se tendrán en el jardín paradisíaco: “Esto no es una obligación que uno realiza para conseguir un premio. Este es uno de los actos que se hacen con placer y deleite”.[25]

Abu Sa’eed al- Khudri relata que el profeta Mahoma dijo: “Alá les dirá a los habitantes del Paraíso: Oh! ¡Gente del paraíso! Ellos dirán: Nosotros estamos a tu servicio, nuestro señor y toda la bondad está en tus manos! El dirá: ¿Están contentos?, ellos contestarán: ¿Por qué no estaremos contentos cuando nos has dado lo que a nadie has dado? El dirá: ¿No podría dar algo mejor que esto? ellos preguntarán: Oh! Dios, ¿qué puede ser mejor que esto? El les responderá: Yo les concederé el gozarme  y nunca me disgustaré con ustedes”.[26]

 

Las esposas y las huríes del Paraíso

 

Los hombres en el jardín prometido tendrán no solo a sus esposas, si es que estas fueran buenas con él, sino también mujeres creadas especialmente por Dios y que nunca nadie antes ha visto.

 

La mujer que se ha casado al menos más de dos veces (no teniendo varios esposos a la vez, sino en caso de viudez o separación) pertenecerá al último marido.

“Si quieres ser mi esposa en el Paraíso, no te cases nuevamente después de que muera, porque la mujer será del último esposo en la tierra”.[27]

 

Por está razón Alá prohibió a las esposas del profeta volver a casarse para seguir siendo sus esposas en el paraíso.

Con respecto a las huríes se puede encontrar varios pasajes del Corán en el cual las nombra y las describe, y se podría decir que toman el papel principal del premio paradisíaco.

 

Al-hoor (huríes) tienen la parte blanca del ojo, bien blanca y la parte negra intensamente negra, son de grandes ojos y de una belleza indescriptible: “Habrá huríes de grandes ojos, semejantes a perlas ocultas, como retribución a sus obras”.[28]

 

(…) “Habrá buenas, bellas, huríes retiradas en los pabellones, no tocadas por hombre ni genio”[29]

Estas mujeres no son como las del mundo, están libres de padecer los dolores menstruales, y los dolores del parto, hasta las cosas simples en ellas son superiores:

Y si alguna de ellas mirara a la gente de la tierra, todo alrededor de ella sería iluminado y se sentiría su fragancia. Hasta el velo en su cabeza es mejor que todas las cosas del mundo”.[30]

 

Al-hoor cantan dulcemente y con hermosas voces que jamás nadie escuchó, para sus esposos: “Nosotras somos buenas y bellas, las esposas de la noble gente, que miran a sus esposos felices y contentos. Somos eternas, nunca moriremos, estamos fuera de peligro, no temeremos, permaneceremos aquí y jamás nos iremos”.[31]

 

Las huríes sienten celos de las mujeres de los que serán sus esposos,  si estás tratan mal a sus maridos: “No te enojes con él, tal vez Alá te mate, tu esposo está contigo temporalmente, tan pronto te deje, vendrá con nosotras”.[32]

 

Cada hombre podrá tener al menos setenta y dos esposas, que serán el premio merecido por haber sido fiel a las leyes islámicas, ahora bien, ¿Cuál será el premio para las mujeres que han sido también fieles? Algunos sostienen que habrá también un premio parecido a el de los hombres, pero lo cierto es que no se nombra en el Corán y en muy pocos pasajes de la tradición se hace mención de esto.

 

Motivos por los cuales el Paraíso es mejor que la Tierra

 

La gente entrará al jardín prometido en la más perfecta y hermosa forma, a imagen de su padre Adán, sus corazones y sus almas estarán limpios y puros.

 

Nadie dormirá porque eso implica imperfección, y cualquiera de los males  que se padecían en la  tierra ya no se padecerán.

 

Los placeres de la tierra están muy lejos de ser iguales a los del Paraíso, todo será superior en la otra vida, además de lo ya descrito, será un lugar de paz y pureza, donde habrá alegría y felicidad eternamente.

 

“(…) ¿Qué es el breve disfrute de la vida de acá comparado con la otra, sino bien poco…?”.[33]

Nada de aquellas cosas que se poseen en la tierra y que causan placer se perderán en el Edén, al contrario todo se verá intensificado.

 

Conclusión

 

En el Islam no es necesario renunciar a ninguno de los bienes terrenales para conseguir el cielo: las riquezas, el honor, el poder, etc.

 

La penitencia, los sacrificios, el celibato, entre otros, carecen de importancia, porque aún habiendo hecho uso (y en algunos casos abuso) de todas las cosas, la recompensa será la misma.

 

La clara enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo en las bienaventuranzas[34] no deja lugar a duda que para alcanzar el paraíso es necesario renunciar en afecto a todo aquello que nos propone el mundo: El deseo de la felicidad verdadera aparta al hombre del apego desordenado  a los bienes de este mundo, y tendrá su plenitud en la visión y en la bienaventuranza de Dios”.[35]

 

Las bienaventuranzas son la antítesis de lo que propone el Islam, ya que al menos en la práctica se deja ver que en muchos casos lo material se encuentra en un primer lugar y el problema está en llevar esto al plano sobrenatural, dando más lugar al placer en las cosas materiales que al gozo de ver a Dios.

 

Es importantísima esta diferencia porque en definitiva se refiere al fin último del hombre. La felicidad del hombre no puede estar en cosas limitadas, aunque se gozase de ello por tiempo ilimitado, sino sólo en Dios, porque el corazón del hombre no se aquieta sino con el infinito[36].

 

Es cierto que hay musulmanes que obran de buena fe, esperando que la recompensa sea ver a su creador.

 

No es la intención ahondar más las diferencias sino buscar puntos que nos puedan llevar a un diálogo con los musulmanes, sin por eso callar aquellas cosas que no están de acuerdo con la verdad revelada.

 

El verdadero premio del cielo  no será otro que ver realmente a  Dios tal cual es, nada se puede comparar en belleza y felicidad que vivir eternamente en la presencia de Dios, junto con Jesucristo, la Virgen y todos sus santos.

 

“¡Cuál no será tu gloria y tu  dicha!: Ser admitido a ver a Dios, tener el honor de participar en las alegrías de la salvación y de la luz eterna en compañía de Cristo, el Señor tu Dios…, gozar en el reino de los cielos en compañía de los justos y de los amigos de Dios, las alegrías de la inmortalidad alcanzada”.[37]

 

 

 


[1] Catecismo de la iglesia Católica n° 1023

[2]  Sura 69.21-22

[3] Sura 88.8-10

[4] Sura 57.21

[5] Sura 8.2-4

[6] Sura 39.20

[7] Sahih al- Bukahaari, kitab bib’ al Khalq

[8] Sura 55.54

[9] Sura 56.15-21

[10] sahih al Jaami

[11] Sura 38.49-50

[12] Sura 4.13

[13] Sura 47.15

[14] dicho de Al- Qare

[15]Sura 69.21-23

[16] Sura 56.32-33

[17] al-Bukhaari, Kitaab ar-Riqaaq

[18] Citando a  Ibn Abbaas

[19] Sura 43.71

[20] Sura 76.12 y 21

[21] Kitaab al-Jannah

[22] al-Miqdaam ibn Ma’ Yakrib

[23] Sura 52. 25-27

[24] Sura 7.44

[25] Sheij al- islaam Ibn Taymiyyah

[26] al bukhaari y los musulmanes, Mishkaat al- Masaabeeh

[27] al-Bayhaqee en As-sunan

[28] Sura 56.22-24

[29] Sura 55.70;72;74

[30] Al-Bukhaari, in as-saheeh, kitab al-jihaad.

[31] Saheeh al-Jaami as-Sagheer 2/48 n°1557.

[32] Saheeh al-Jaami 6/125 n° 7069.

[33] Sura 9.38.

[34] Mt.5.1-12.

[35] Catec.de la Iglesia Cátolica n°2548

[36] Enseña Santo Tomás que “es imposible que la bienaventuranza del hombre esté en algún bien creado. Porque la bienaventuranza es el bien perfecto que calma totalmente el apetito, de lo contrario no sería fin último si aún quedara algo apetecible. Pero el objeto de la voluntad, que es el apetito humano, es el bien universal. Por eso está claro que sólo el bien universal puede calmar la voluntad del hombre. Ahora bien, esto no se encuentra en algo creado, sino sólo en Dios, porque toda criatura tiene una bondad participada. Por tanto sólo Dios puede llenar la voluntad del hombre.” Suma Teológica, I-II, C2, a8.

[37] San Cipriano, ep.56,10,1.