El Paraíso
en el Islam
Hna.
María de Roncesvalles
La morada de los justos, para el Islam,
será al-janna (el jardín) que recibe varios nombres distintos, entre ellos:
jannat-adan (el jardin del Edén) o jannat al-na’im (el jardín de las delicias).
En textos más tardíos se encuentra el
término firdaws (paraíso) palabra que deriva del griego o del persa.
La doctrina católica enseña que la
felicidad eterna consiste esencialmente en la visión de Dios: “Los que mueren
en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados, viven para
siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven “tal cual
es”, cara a cara”.
En la doctrina islámica no todos
comparten que en el “jardín” verán a Dios y que en esto consiste la felicidad.
Mientras los mu’tazilites niegan esta
posibilidad, los ash’arites declaran que en esta visión se cumple la promesa más
grande de felicidad para los hombres. Pero esta visión de Dios no será una
posibilidad para siempre dada a todos los hombres y a las mujeres creyentes,
sino que será concedido por algunos momentos a los que Él elija.
Aquí debemos recordar también que los
ash’arites sostienen que no habrá un infierno eterno para los musulmanes sino
que, si Dios lo permite Mahoma intercederá por sus creyentes y podrán entrar en
el Paraíso.
Descripción del Paraíso Coránico
Solo se sabe que está ubicado en un
lugar elevado “Gozará de una vida agradable, en un jardín elevado, cuyos
frutos estarán al alcance de su mano”
y “otros rostros, ese día, estarán
alegres, satisfechos de su esfuerzo, en un jardín elevado”.
La extensión abarcada no conoce límites
porque se los compara con los del cielo y la tierra (...) “de un jardín tan
vasto como el cielo y la tierra, preparado para los que creen en Alá y sus
enviados”.
Existen categorías en este jardín
ligadas a lo que han hecho en la vida terrena “Son creyentes sólo aquéllos
cuyos corazones tiemblan a la mención de Alá, que, cuando se les recitan sus
aleyas estas aumentan su fe, que confían en su Señor, que hacen las oraciones y
dan limosna de lo que le hemos proveído. Esos son los creyentes de verdad.
Gozarán de elevada categoría junto a su Señor, de perdón y generoso sustento”.
En cada uno de los grados del Edén hay
habitaciones y moradas donde viven felices sus habitantes “Los que temieron a
su señor estarán en moradas altas sobre las que hay construidas otras moradas
más altas, a cuyos pies fluyen arroyos. ¡Promesa de Alá! Alá no falta a su
promesa”.
Ibn Kattheer dice: “En el paraíso hay
majestuosos palacios en los que se encuentran habitaciones lujosas, ubicadas
una encima de la otra, fuertemente construidas y decoradas.”
Según la tradición musulmana, el profeta
dijo: “En el paraíso hay moradas en las que se puede ver desde afuera todo lo
que está adentro y desde adentro todo lo que está afuera.” Y otra tradición
relata acerca de estas moradas: “En los pabellones se encuentran tiendas
maravillosas, hechas con perlas, cada una construidas por separado…y en cada
esquina de éstas se encuentra una esposa que no será vista por los demás.”
En los jardines del Paraíso hay
dispuestos sofás de bellos colores, camas cubiertas con seda, almohadones y
espléndidas alfombras para que los elegidos puedan sentarse o recostarse donde
ellos quieran y estén siempre cómodos: “Estarán reclinados en alfombras
forradas de brocado”.
Habrá un grupo de jóvenes cuya única
misión consiste en ser los encargados de ofrecer sin cesar vinos, colocados en
jarras de oro y plata. “…en lechos entretejidos de oro y piedras preciosas,
reclinados en ellos, unos enfrente de otros. Circularán entre ellos jóvenes
criados de eterna juventud con cálices, jarros y una copa de agua viva, que no
les dará dolor de cabeza ni embriagará, con fruta que ellos escogerán, con la
carne de ave que les apetezca”.
Tendrán su recompensa aquellos que no
solamente vivieron bien en la tierra según las leyes islámicas sino que también
han hecho más por Dios, como por ejemplo construir una mezquita para El:
“Todo aquel que construya una mezquita para Dios, El construirá algo semejante
para él, en el paraíso.”
Se tendrá acceso al Paraíso por puertas
que solo estarán abiertas para aquellos que han cumplido lo que Alá les ha
ordenado cuando vivían en la tierra: “Los que temen a Alá tendrán,
ciertamente, un bello lugar de retorno: los jardines del edén, cuyas puertas
estarán abiertas para ellos”.
Así, en estos jardines de delicia,
cuidados y cultivados por Dios para sus creyentes es donde Mahoma coloca a sus
fieles quienes gozarán de toda clase de placeres.
Los ríos en el Paraíso
Este jardín, recompensa de quienes han
obrado bien y podría decirse, profesaron la fe musulmana, se describe como un
oasis espléndido, por el cual fluyen copiosos ríos (nhar). Este término aparece
unas cincuenta veces en el Corán “Estas son las leyes de Alá. A quien
obedezca a Alá y su Enviado, Él le introducirá en jardines por cuyos bajos
fluyen arroyos, en los que estarán eternamente. ¡Este es el éxito grandioso!”.
Se enumeran cuatro (Sihran, Jihran,
Eufrates y el Nilo) y por cada uno fluyen sin cesar los productos más
apetecibles de la tierra, así podemos leer: “Imagen del jardín prometido a
quienes temen a Alá: habrá en él arroyos de agua incorruptible, arroyos de
leche de gusto inalterable, arroyos de vino, delicia de los bebedores, arroyos
de depurada miel”.
“Estos cuatro ríos están considerados
entre los ríos del paraíso porque ellos son puros y beneficiosos, y contienen
la bendición de Alá, y fueron honrados con el hecho de que algunos profetas
bebieron de ellos”.
Comida y bebida de la gente del
Paraíso
Será el mismo Dios quien satisfará el
paladar más rebuscado y exigente de sus comensales, creando para ellos toda
clase de manjares perpetuos consistentes en deliciosos y abundantes frutos, y
poniéndoselos a su alcance, de modo que, sin la menor fatiga, puedan alcanzarlos
con solo extender la mano: “Gozarán de una vida agradable, en un jardín
elevado, cuyos frutos estarán al alcance de sus manos”.
Son nombradas como frutas codiciadas en
este jardín, las uvas, los dátiles y las granadas. Los árboles frutales darán
sus frutos todo el año, no como sucede en la tierra que solo dan por estaciones:
“Abundante fruta, inagotable y permitida”.
Además de los árboles ya nombrados se
describen tres cuyas características hacen que sean distintos a los árboles de
la tierra.
El primero es tan grande que para
atravesar toda su sombra se necesitan más de cien años, y su tamaño es solo
conocido por el creador: “ En el Paraíso hay un árbol, el cual cruzado por un
jinete sobre un caballo veloz necesita cien años para pasar debajo de él. ”.
|

Escritura árabe
donde se lee
el
nombre de "Ala": Dios. |
Sidrat al-muntaha, es el segundo árbol que tiene características que solo son
posibles en el Paraíso, hojas tan grandes como la orejas de un elefante, con
colores indescriptibles y su brillo como perlas.
El último árbol es llamado Tooba, de inmenso tamaño, con sus flores se producen
las vestimentas de la gente del Paraíso.
En cuanto a la carne tendrán toda aquella que deseen pero principalmente la de
aves.
Es de destacar que el vino y las demás bebidas alcohólicas, que están prohibidas
para los musulmanes, en el Paraíso les serán permitidas. La razón que dan para
poder hacerlo es que estará libre de todos los efectos que produce cuando es
consumido sin moderación, estos son; dolor de cabeza, mareos, problemas
estomacales, etc.,
“El vino produce cuatro cosas: embriaguez, dolor de cabeza,
vómitos y orina, pero Alá purifica al vino de todo esto”.
Esto también sucederá con los alimentos, estarán libres de todas las impurezas
que producen en la tierra y nunca cambiarán de sabor.
Los elegidos beberán sin tener sed, comerán sin tener hambre, ya que tanto el
hambre como la sed producen molestias en el hombre. El placer que se tiene
bebiendo o comiendo algo se verá aumentado en el Paraíso.
Se servirán los alimentos y las bebidas en vasijas de oro y plata: “Se harán
circular entre ellos platos de oro y copas, que contendrán todo lo que cada uno
desee, deleite de los ojos”.
Vestimenta y adornos
Usarán las vestimentas y joyas más
lujosas que se pueden usar, prendas de seda, brazaletes de oro, plata y
perlas, habrá también peines de oro y plata.
“Les retribuirá, por haber tenido
paciencia, con un jardín y con vestiduras de seda”
y “Vestirán de verde satén y de brocado y llevarán brazaletes de plata.”
“Cualquiera que entre al paraíso será
bendecido, nunca más será miserable, sus ropas no pasarán de moda, y nunca se
desteñirán”
De acuerdo a la dignidad que se les
concede a los mártires estos tendrán coronas “Serán ubicadas por encima de
sus cabezas una corona de dignidad, con un rubí el cual es mejor que los de esta
tierra”.
Se usarán perfumes y de sus cuerpos
emanará el aroma del almizcle, desde lejos se podrá percibir las fragancias.
Reuniones y conversaciones
Se visitarán unos con otros y recordarán
cuando vivían en el mundo, como Dios los bendijo y los admitió en el Paraíso:
“Y se volverán unos a otros para preguntarse. Dirán: Antes vivíamos angustiados
en medio de nuestra familia. Alá nos agració y nos preservó del castigo del
viento abrasador.”
Se reirán de aquellos que no creyeron en
sus palabras y que al contrario de ellos no han recibido la recompensa: “Los
moradores del jardín llamarán a los moradores del fuego: Hemos encontrado que
era verdad lo que nuestro Señor nos había prometido. Y vosotros, ¿habéis
encontrado si era verdad lo que vuestro Señor os había prometido?”.
Constantemente estarán alabando a Dios y
haciendo su profesión de fe y esto será uno de los gozos que se tendrán en el
jardín paradisíaco: “Esto no es una obligación que uno realiza para conseguir
un premio. Este es uno de los actos que se hacen con placer y deleite”.
Abu Sa’eed al- Khudri relata que el
profeta Mahoma dijo: “Alá les dirá a los habitantes del Paraíso: Oh!
¡Gente del paraíso! Ellos dirán: Nosotros estamos a tu servicio, nuestro
señor y toda la bondad está en tus manos! El dirá: ¿Están contentos?,
ellos contestarán: ¿Por qué no estaremos contentos cuando nos has dado lo que
a nadie has dado? El dirá: ¿No podría dar algo mejor que esto? ellos
preguntarán: Oh! Dios, ¿qué puede ser mejor que esto? El les responderá:
Yo les concederé el gozarme y nunca me disgustaré con ustedes”.
Las esposas y las huríes del Paraíso
Los hombres en el jardín prometido
tendrán no solo a sus esposas, si es que estas fueran buenas con él, sino
también mujeres creadas especialmente por Dios y que nunca nadie antes ha visto.
La mujer que se ha casado al menos más
de dos veces (no teniendo varios esposos a la vez, sino en caso de viudez o
separación) pertenecerá al último marido.
“Si quieres ser mi esposa en el
Paraíso, no te cases nuevamente después de que muera, porque la mujer será del
último esposo en la tierra”.
Por está razón Alá prohibió a las
esposas del profeta volver a casarse para seguir siendo sus esposas en el
paraíso.
Con respecto a las huríes se puede
encontrar varios pasajes del Corán en el cual las nombra y las describe, y se
podría decir que toman el papel principal del premio paradisíaco.
Al-hoor (huríes) tienen la parte blanca
del ojo, bien blanca y la parte negra intensamente negra, son de grandes ojos y
de una belleza indescriptible: “Habrá huríes de grandes ojos, semejantes a
perlas ocultas, como retribución a sus obras”.
(…) “Habrá buenas, bellas, huríes
retiradas en los pabellones, no tocadas por hombre ni genio”
Estas mujeres no son como las del mundo,
están libres de padecer los dolores menstruales, y los dolores del parto, hasta
las cosas simples en ellas son superiores:
“Y si alguna de ellas mirara a la
gente de la tierra, todo alrededor de ella sería iluminado y se sentiría su
fragancia. Hasta el velo en su cabeza es mejor que todas las cosas del mundo”.
Al-hoor cantan dulcemente y con hermosas
voces que jamás nadie escuchó, para sus esposos: “Nosotras somos buenas y
bellas, las esposas de la noble gente, que miran a sus esposos felices y
contentos. Somos eternas, nunca moriremos, estamos fuera de peligro, no
temeremos, permaneceremos aquí y jamás nos iremos”.
Las huríes sienten celos de las mujeres
de los que serán sus esposos, si estás tratan mal a sus maridos: “No te
enojes con él, tal vez Alá te mate, tu esposo está contigo temporalmente, tan
pronto te deje, vendrá con nosotras”.
Cada hombre podrá tener al menos setenta
y dos esposas, que serán el premio merecido por haber sido fiel a las leyes
islámicas, ahora bien, ¿Cuál será el premio para las mujeres que han sido
también fieles? Algunos sostienen que habrá también un premio parecido a el de
los hombres, pero lo cierto es que no se nombra en el Corán y en muy pocos
pasajes de la tradición se hace mención de esto.
Motivos por los cuales el Paraíso es
mejor que la Tierra
La gente entrará al jardín prometido en
la más perfecta y hermosa forma, a imagen de su padre Adán, sus corazones y sus
almas estarán limpios y puros.
Nadie dormirá porque eso implica
imperfección, y cualquiera de los males que se padecían en la tierra ya no se
padecerán.
Los placeres de la tierra están muy
lejos de ser iguales a los del Paraíso, todo será superior en la otra vida,
además de lo ya descrito, será un lugar de paz y pureza, donde habrá alegría y
felicidad eternamente.
“(…) ¿Qué es el breve disfrute de la
vida de acá comparado con la otra, sino bien poco…?”.
Nada de aquellas cosas que se poseen en
la tierra y que causan placer se perderán en el Edén, al contrario todo se verá
intensificado.
Conclusión
En el Islam no es necesario renunciar a
ninguno de los bienes terrenales para conseguir el cielo: las riquezas, el
honor, el poder, etc.
La penitencia, los sacrificios, el
celibato, entre otros, carecen de importancia, porque aún habiendo hecho uso (y
en algunos casos abuso) de todas las cosas, la recompensa será la misma.
La clara enseñanza de Nuestro Señor
Jesucristo en las bienaventuranzas
no deja lugar a duda que para alcanzar el paraíso es necesario renunciar en
afecto a todo aquello que nos propone el mundo: El deseo de la felicidad
verdadera aparta al hombre del apego desordenado a los bienes de este mundo, y
tendrá su plenitud en la visión y en la bienaventuranza de Dios”.
Las bienaventuranzas son la antítesis de
lo que propone el Islam, ya que al menos en la práctica se deja ver que en
muchos casos lo material se encuentra en un primer lugar y el problema está en
llevar esto al plano sobrenatural, dando más lugar al placer en las cosas
materiales que al gozo de ver a Dios.
Es importantísima esta diferencia porque
en definitiva se refiere al fin último del hombre. La felicidad del hombre no
puede estar en cosas limitadas, aunque se gozase de ello por tiempo ilimitado,
sino sólo en Dios, porque el corazón del hombre no se aquieta sino con el
infinito.
Es cierto que hay musulmanes que obran
de buena fe, esperando que la recompensa sea ver a su creador.
No es la intención ahondar más las
diferencias sino buscar puntos que nos puedan llevar a un diálogo con los
musulmanes, sin por eso callar aquellas cosas que no están de acuerdo con la
verdad revelada.
El verdadero premio del cielo no será
otro que ver realmente a Dios tal cual es, nada se puede comparar en belleza y
felicidad que vivir eternamente en la presencia de Dios, junto con Jesucristo,
la Virgen y todos sus santos.
“¡Cuál no será tu gloria y tu
dicha!: Ser admitido a ver a Dios, tener el honor de participar en las alegrías
de la salvación y de la luz eterna en compañía de Cristo, el Señor tu Dios…,
gozar en el reino de los cielos en compañía de los justos y de los amigos de
Dios, las alegrías de la inmortalidad alcanzada”.
|