Quienes somos

Lo Nuevo

Pedido de Oraciones

 

En este sitio

 

 

 

 
HOME / Islamismo / Moral y espiritualidad islámica
 

 

Moral y espiritualidad islámica

 

 

 

Hna. María de la Contemplación

 Moral:

 

 

a-            Moral cristiana:

 

La moral cristiana se resume en los Diez mandamientos. Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica:

 

"Las prescripciones morales están resumidas en los Diez mandamientos. Los preceptos del Decálogo establecen los fundamentos de la vocación del hombre, formado a imagen de Dios. Prohíbe lo que es contrario al amor de Dios y del prójimo, y prescriben lo que le es esencial". Cat. Igl.Cat. 1962

 

Toda la Ley evangélica esta contenida en el "mandamiento nuevo" de Jesús (Jn 13,34): amarnos los unos a los otros como El nos ha amado.

Todo el Decálogo debe ser interpretado a la luz del doble y único mandamiento del amor.

 

"La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud" (Rm 13,10)

 

"La ley moral tiene en Cristo su plenitud y su unidad, Jesucristo es en persona el camino de la perfección. Es el fin de la Ley, porque solo El enseña y da la justicia de Dios: "Porque el fin de la ley es Cristo para justificación de todo creyente"(Rm 10,4)". Cat.Igl.Cat. 1953

 

b-                  Moral islámica:

 

1-      Obediencia y Legalidad:

 

Si el Islam es entendido como una "sumisión" completa e incondicional a la voluntad de Dios, tal voluntad se conoce a través de cuanto Allah comunica a los profetas, y se presenta como un complejo normativo directamente explicitado en las escrituras, y ampliado por las interpretaciones de los doctores de la ley. En este sentido el Islam se encuentra mucho más cercano al judaísmo que al cristianismo, en cuanto conserva una concepción diríamos mas bien "jurídica" de la relación hombre-Dios, una tendencia a la reglamentación minuciosa y totalitaria de la vida del creyente, con un acento en los elementos exteriores y comunitarios.

 

La obediencia a la ley divina, que es considerada por el Islam como la esencia del comportamiento religioso, informa profundamente la vida cotidiana del creyente en todas sus formas: religiosa, social, económica, política. La relación con el otro, y con las cosas tanto propias como ajenas, esta vinculado en todos sus aspectos por la obediencia a los preceptos, a las prohibiciones, a las obligaciones, o recomendaciones.

 

La ley musulmana abarca varios aspectos. En lo referente al culto, el hombre tiene que proclamar ante todo la unicidad de Dios, alabarle, rezarle. Las observancias lo purifican, así como cualquier acción buena: "Las buenas obras alejan a las malas" (Sura 11,114).

 

El Corán insiste en la oración frecuente, por la mañana, la tarde y por la noche, y en ciertos efectos de la plegaria. El ayuno del mes de ramadán (Sura 2,183-187), la peregrinación a la Meca (Sura 2,158.196-203; 22,26-37) y sobre todo la zakat o diezmo ritual.

 

Para la conducta hay que seguir en sociedad, el Corán exige las mismas prescripciones que el decálogo (Sura 17,22-35), sin presentar una lista sistemática y completa de mandamientos. Insiste en los deberes para con los parientes, en especial para con la madre (Sura 46,15-18; 31,14-15).

 

A esto se suman los elementos de legislación sobre los que exige su estricta aplicación (Sura 5,48). Hay numerosos artículos sobre el matrimonio, se permite la poligamia hasta la cifra de cuatro esposas, se concretan las condiciones del repudio, se prohíbe la adopción. Hay medidas relativas a los esclavos, en las que se aconseja su liberación. Se habla sobre las herencias, sobre los casos de préstamo e interés. El Talión sanciona los golpes, las heridas y los asesinatos, con la posibilidad de perdón o compensación económica. Se prohíben las bebidas alcohólicas, animales impuros. Tampoco son lícitos los juegos de azar. Se señalan penas legales: cortar la mano al ladrón. 

 

Nos podemos preguntar si el Islam, ¿es una religión que se resuelve esencialmente en observancias exteriores de leyes y rituales? Mahoma responde afirmativamente: quien se limita a observar escrupulosamente las prescripciones de la Ley, se salvará. Pero también el mismo Mahoma había afirmado en otra Hadith que:

"Las acciones valen según la intención y todo hombre recibirá según su intención" (de Al-Nawawi, 1982, p.34)

 

Damos un ejemplo para evidenciar una diferencia fundamental con el cristianismo: el caso de la usura. Para un cristiano la prohibición de la usura es una consecuencia directa del séptimo mandamiento, y cada mandamiento es a su vez la aplicación a un campo concreto del mandamiento más general del amor hacia el prójimo. Por el contrario un musulmán, se encuentra bajo normas precisas en la materia señaladas en sus escrituras o en el  derecho religioso, acompañadas en general por una densa casuística, con todas las variables imaginables e inimaginables.

 

Lo dicho nos sirve para introducir una consideración. En rigor, solamente las normas de la shari´a que se interesan de acciones prohibidas u obligatorias entrarían según nuestros criterios en el campo de la "ley"; por el contrario, los comportamientos recomendados, indiferentes o censurables serian más bien de la "moral" o "ética". Pero en el Islam son los mismos doctores de la ley los que se ocupan de ambas. Esto hace que en el Islam la ética sea absorbida por el derecho.

 

Podemos decir, que el cristiano tiene la libertad de conciencia para juzgar en cada ocasión lo que está bien o mal a la luz de la ley de Dios; esto no lo posee el musulmán. El musulmán no juzga a partir de principios, sino que cuenta ya con una recomendación, o precepto, una regla expresa en las fuentes o en la jurisprudencia religiosa. En la incertidumbre el musulmán se dirige al doctor de la ley por un consejo, el doctor responde siempre, o al menos así debería responder, con la ley en la mano, y formalmente realiza siempre un "parecer jurídico", no sólo un simple consejo, una exhortación moral o una pía recomendación.

 

La pregunta fundamental para un musulmán, sobre la cual vale la pena prestar atención, es siempre no tanto si éste o aquel comportamiento perjudique el derecho de otro o es injusto en sí mismo, sino si es lesivo de los derechos de Allah. El descubrimiento profundo, o la ratio si se quiere, de la fatwa solicitada, así como todo el derecho musulmán, no es la salvaguardia o la tutela de los derechos del creyente, del hombre, sino principalmente y podríamos decir exclusivamente de los derechos inalienables de Dios. No como en el cristianismo, donde se presta atención principalmente a los derechos de Dios: "Contra ti, contra ti solo pequé…", y donde existe un respeto por la dignidad del hombre; esta idea de la dignidad humana no existe en el Islam.

 

Esto deriva esencialmente de ser considerado Dios no el padre, sino el "señor o patrón" de la comunidad humana, y de cada uno de sus componentes singularmente considerado "esclavo" o "siervo" más que "hijo" de Dios.

 

2- La relación con Dios en el Islam:

 

En el Corán, Allah es el término de mayor fuerza atractiva. La realidad de Allah es un centro ontológico y religioso que tiende a absorber dentro de si todos los espacios de la circunferencia, en la que nada permanece con verdadera autonomía.

 

Entre Dios como fuente de la existencia humana y el hombre como representante del mundo, media una relación ontológica (Creador – criatura), comunicativa (escucha de la voz divina, y oración ritual), de señorío-dependencia (obediencia absoluta), y ética (benevolencia e ira divinas, observancia legal y temor). Todas estas relaciones se manifiestan básicamente en determinadas actitudes y prácticas externas de carácter legal, que proclaman de modos diferentes la sumisión que el hombre y la mujer deben a Allah.

 

El Dios del Corán impera sobre el ser humano, pero no dialoga con él. El Coran es un largo monologo divino.

 

La condición de criatura no imprime en el ser humano ningún sello ontológico de carácter intrínseco. Es decir, que se pierde vista la condición personal del hombre y el hecho de que por su naturaleza racional el ser humano es capaz de determinar la dirección de sus acciones porque está dotado de libertad. Su consecuencia principal, y prácticamente única, es determinar al hombre para el servicio sumiso de Dios.

 

"¡Hombres! Servid a vuestro Señor, que os ha creado, a vosotros y a quienes os precedieron. Quizás así tengáis temor de El" (Sura 2,21).

 

La llamada a la adoración y al servicio, hecha por Dios al hombre, es uno de los ejes del Corán, sin que pueda decirse por eso que el Libro contenga, propiamente hablando, una doctrina de la vocación humana. Faltan los necesarios presupuestos antropológicos, derivados especialmente de una idea del hombre como oyente de la Palabra divina o como imagen de Dios y perfeccionador de la obra creadora, ausentes ambas en el Corán. El fin último del hombre no es Dios sino el paraíso o el infierno, entendidos ambos como lugares preparados por la potencia divina.

 

La valoración que el Corán hace del ser humano y la estima relativa que le manifiesta, no se basan en su condición de persona, sino en su condición de creyente, lo cual arrastra de modo irresistible la moral y la ética hacia el campo de la religión y de las tradiciones.

 

3-      El prójimo en el Islam:

 

¿Quien es el prójimo en el Islam?

 

Es conocida la situación bélica en que se encontraba Arabia antes del Islam. Tribu o clan árabe, se comportaban como estados soberanos en recíprocas guerrillas perennes.

 

Creando en Medina la primera comunidad musulmana, Mahoma introduce en el panorama histórico y social una innovación revolucionaria. Al "vinculo de sangre", único criterio de pertenencia y entidad tribal, le sustituye el "vinculo de la fe", en nombre de la cual diversas tribus se unían viniendo a conformar una nueva comunidad (umma). Se inauguraba así con Mahoma una inusitada "hermandad", la "única grande tribu musulmana", la umma.

 

Hablando del "otro" desde el punto de vista del Islam, hay que distinguir siempre entre el que pertenece a la umma y quien está fuera de ella. Por un lado los "hermanos",  a título pleno, es decir los que pertenecen a la umma, y de la otra parte todos los otros, es decir los no musulmanes.

"Los creyentes son todos hermanos: estad en paz con vuestros hermanos, y temed a Dios, y quizás él tenga piedad de vosotros" (Sura 40,10)

 

La idea fundamental que se recaba es que no existe alguna fraternidad humana antes de la intervención de Dios en la historia, más precisamente antes que él "bajara" literalmente su ley de lo alto encargando a un profeta de transmitirla. La fraternidad así establecida parece por lo tanto no un dato originario, sino más bien un don de Dios, una "gracia".

 

Los cristianos nos consideramos hermanos e "hijos de Dios", pero esta terminología de tipo familiar es ignorada en el Islam. Por el contrario, en la tradición musulmana e incluso en la citación coránica, se remarca el carácter no universal de la fraternidad humana. No todos los hombres son auténticos hermanos, sino solo los creyentes, los "sometidos" a Dios.

 

Podemos preguntarnos, ¿quienes son los creyentes?

 

Para responder, debemos ir hacia atrás y partir de la idea bien confirmada por el Corán de la ruptura de una mítica unidad de la "nación humana", que se remonta al tiempo de Noé, que nos remite a una especie de perdida edad de oro.

 

"Y los hombres formaban desde el inicio una comunidad (umma) única: después surgieron desacuerdos entre ellos, y si no hubiese sido por un decreto antiguo de tu Señor, habrían sido ya decididas sus disensiones"  (Sura 10,19).

 

El gran "pecado original" de la humanidad, parece que se puede leer entre los renglones del Corán, es propiamente esta antigua fractura establecida en el seno de la nación humana. Algo que es sentido como un hecho mucho más grave que el mismo pecado de Adán, que siendo citado en el Corán, no comportó, según el Islam, ni la "muerte espiritual" del hombre ni la necesidad de un "redentor". El arribo de cada profeta precedente a Mahoma ha significado cada vez la fundación de una nueva "fraternidad parcial", pero las varias fraternidades así constituidas no han podido remediar la supuesta gran fractura originaria. Sólo la nueva religión instituida por Mahoma ha dado vida a una fraternidad que puede aspirar a transformarse de parcial en universal.

 

Interesante es en este contexto, ver el rol y la consideración de que gozan los cristianos y los hebreos. Se trata de comunidades religiosas muy nombradas en el Corán, cuyas revelaciones son vistas como los antecesores del Corán.

 

El Islam prevé un cierto grado de "institucionalización del otro" o de "tolerancia institucional": hebreos, cristianos encuentran un puesto en dar al-Islam. Pero difícilmente el musulmán llame al cristiano o al hebreo "hermano"; el Corán los precave de aliarse a ellos:

 

"¡O creyentes! No toméis a los hebreos y a los cristianos como aliados: aliados son ellos unos de los otros, y quien con vosotros se alía, discrepara con ellos…" (Sura 5,51).

 

4-      Práctica concreta del amor al prójimo:

 

Pero ¿Cuál es el comportamiento que todo musulmán debe tener en relación con el "hermano"?

 

No podemos examinar en detalle aquello que la Ley religiosa prescribe en una cantidad de casos y situaciones particulares, así que nos ocuparemos de algunos casos límites pero significativos, que nos revelan la constante, la línea de fondo de la ética coránica sobre la hermandad. Se trata en particular del comportamiento de la comunidad en relación con el "hermano", que es culpable de violaciones graves, merecedor según el código sharaítico de la pena capital. Mahoma dice a propósito de esto en un hadith:

 

"No os es lícito derramar la sangre de un musulmán sino en tres casos: de quien, siendo desposado, comete adulterio; de quien debe pagar vida por vida; de quien reniega la propia religión y abandona la comunidad" (Al-Nawawi, 1982, p.66).

 

Será de notar que nos movemos también aquí en una óptica de tipo bíblica: el principio del Talión y de la imperdonabilidad del adulterio y de la apostasía, son de hecho comunes al Islam y a la religión de Moisés.

 

El Corán a diferencia del hadith, prescribe penas más mitigadas para el adulterio.

 

Los doctores de la ley han establecido más tarde que, aquello que contempla el Corán, es el caso de fornicación simple (es decir entre personas no casadas), mientras que lo que contempla el hadith se refiere a casos más graves de adulterio. De todos modos lo que interesa aquí remarcar, es que tanto en el Corán como en el hadith, se trata de penas de muy difícil aplicación ya que el mismo Corán establece que para aplicar la pena, debe haber al menos cuatro testigos oculares del hecho.

 

Para el homicidio, sea en el Corán como en la Tradición se prescribe como alternativa a la pena de muerte, con el consenso de la familia del asesinado, el llamado "precio de la sangre" (diyya), la remisión por medio de dinero o de bienes. Es importante observar que, habiendo aceptado el Corán el principio del Talión, sin embargo se busca de mitigarlo.

 

"Cuando los musulmanes reciben una injuria se vengan, y el precio del daño debe ser un daño igual, sin embargo quien perdona y se reconcilia, su premio será cuenta de Dios que no ama a los opresores" (Sura 42,39-40).

 

Aquí podemos observar tal vez la característica de la ética coránica: su proceder sobre "doble vía" del Talión y del perdón. Por un lado hay un reconocimiento del principio atávico (quiere decir algo que viene de una antigua costumbre), semíticamente señalado, de la venganza y del Talión; pero, por otro lado, algunas posturas buscan una relación más humanitaria. Sin embargo no hay que olvidar que se refiere siempre a las relaciones entre los miembros de la umma, es decir de los musulmanes. Y en este sentido el Islam es una regresión.

 

Nos podemos preguntar a esta altura si el Corán y la Tradición hablan del "amor al prójimo". El amor, como hemos trato de demostrar, es usado con escasez y casi con pudor en el Corán ya sea en referencia a Dios, como en referencia a las relaciones humanas.

 

El pasaje más explicito es tal vez el siguiente, en el cual Dios, curiosamente, después de haber prometido el paraíso a los justos, pide a estos una especie de merced:

"Este es el alegre anuncio que Dios da a sus siervos que creen, que obran bien: "Yo no les pido por esto (o sea por el paraíso) otra merced que el amor al prójimo, y quien haya adquirido una buena acción, nosotros le acrecentaremos el bien, porque Dios es bueno, grato" (Sura 42,23).

 

Aclaramos que el término aquí traducido como "prójimo", es por lo general tomado en un sentido restrictivo y aplicado a parientes y familiares de Mahoma, al máximo a sus compañeros de fe. Que esta sea la idea coránica del "prójimo", se recava también de otros pasajes coránicos como:

"Los creyentes son todos hermanos: estad por lo tanto en paz con vuestros hermanos y temed a Dios… (Sura 49,10).

 

El mismo límite de un amor-amistad por el "prójimo" en la fe es confirmado por otros pasajes (Sura 59,9; 5,51) y sobretodo por cuanto se dice en el Corán a propósito del "enemigo de fe":

 

"Puede darse que Dios ponga entre vosotros y aquellos que ahora tenéis de enemigos, la amistad, porque Dios es potente, porque Dios es indulgente y clemente. Dios no os prohíbe de tener bondad y equidad con aquellos que no os combaten… Pero Dios os prohíbe de aliaros con aquellos que os han combatido por la religión"(Sura 60,7-9).

 

No nos encontramos, por supuesto, ante el amor evangélico del amor a los enemigos, todo se encuentra en el plano hipotético ("Puede darse que Dios…"); se hacen distinciones evidentes entre enemigos "tranquilos" y enemigos "activos"…

 

Otro pasaje coránico merece ser recordado, porque delimita indirectamente, pero con claridad, la idea coránica del "amor al prójimo":

 

"¡Oh! Vosotros que creéis, no elijáis como íntimos amigos a personas extrañas a la fe que estos no tardaran de arruinaros… He aquí que vosotros le amáis, pero ellos no os aman, y mientras vosotros creéis en el Libro, ellos cuando os encuentran dicen: "¡Creemos!". Pero después cuando están solos se muerden el dedo de la rabia que tienen contra vosotros. Di a ellos (¡oh! Mahoma): "Moríos en la rabia…" (Sura 3,118-119).

 

La actitud de cumplir obras buenas con el prójimo se delinea en fin como un estilo de vida y de espiritualidad, y a la vez como momento imprescindible del itinerario de salvación de cada musulmán, al cual Allah asegura:

 

"Todo el bien que habéis realizado lo recuperarais junto a Dios"(Sura 73,20).

 

5- Corolario:

 

Dicho esto, es preciso aclarar que el Corán, bajo la ética del amor del prójimo, muestra a veces una concepción diversa, más reducida y tal vez más difundida en la Arabia actual. Se trata de una concepción que incluso no exige el amor, sino sobretodo cortesía y respeto en las relaciones personales, una visión vagamente inspirada, si se quiere, en una ética de tipo mercantil. Para mejor entender la cosa, conviene recordar que Mahoma operaba en un ambiente mercantil y caravanero.

 

En este ambiente, en el que los hombres y las cosas se encontraban cada día con riesgos y peligros, emergían naturalmente valores como la confianza y el crédito personal de guía, caravanero, prestamista de capitales, etc.; en una palabra, se convertía en central la confiabilidad de los sujetos. En el Corán se conserva el lenguaje de este ambiente típicamente mercantil. Por eso no debemos maravillarnos de la insistencia extraordinaria del Corán sobre un complejo de virtudes típicamente mercantiles: cortesía en los contratos, veracidad del testimonio, custodia leal de los bienes confiados, mantenimiento de la palabra dada, etc. He aquí un texto que es repetido varias veces con pequeñas variaciones:

"(Los justos) son aquellos que custodian los depósitos y mantienen las promesas, son rectos en dar testimonio y observantes en la oración" (Sura 70,32-34).

 

Sobre estos cuatro "requisitos" nombrados para definir al justo, ¡tres son de naturaleza mercantil! En definitiva, al justo se le pide ajustarse con el prójimo por lo menos según los principios de cortesía en los negocios: honestidad, veracidad, lealtad en los pactos.

 

La moral coránica parece reflejar propiamente esta situación, realismo e idealismo parecen superponerse. El hombre que va más allá de las buenas virtudes del mercader honesto logra amar al prójimo, se coloca en un nivel más elevado, gozara de consideración especial de parte de Dios: todo esto es expresamente reconocido. Pero se reconoce también, implícitamente, el carácter no ordinario de tal comportamiento, y se propone de nuevo entre líneas un "ethos (comportamiento, ética) mínimo" que tiene en la honestidad y en la virtud del "buen mercante" su pilar.

 

6-      Ética y urbanidad:

 

En el Corán y en la Tradición se encuentran frecuentes y precisas referencias a normas que, más que legales o morales, deberían definirse como urbanidad. Bellas maneras a veces con los huéspedes, cuidado de las personas, relación con el otro sexo, indicaciones sobre el vestuario adecuado en las distintas circunstancias, recomendaciones sobre el modo de estar en compañía o de saludar a otros, de iniciar un viaje, de visitar a los enfermos y moribundos, etc. Esto no debe sorprendernos, dada aquella tendencia omnireglamentaria que distingue las escrituras del Islam.

 

Todo esto nos lleva a ver que la ética musulmana es una ética que rechaza cualquier comportamiento heroico o ascético y que persigue en sustancia una "vía media". Así el Corán y la Tradición condenan la prodigalidad tanto como la avaricia, la castidad como la lujuria, el exceso de devoción y oraciones como la falta total de la misma. La Tradición recuerda los episodios en que Mahoma mostraba su desaprobación hacia ciertos seguidores que por decirlo de algún modo "evangélicamente", habían empezado a distribuir todo a los pobres; o también en el caso de uno que se había puesto a rezar día y noche.

 

7-      Libertad y responsabilidad del acto humano:

 

La antropología presenta dificultades importantes de desarrollo en el tema de la libertad del hombre y la relativa autonomía que este debería gozar respecto de Dios, como Ser últimamente perfecto y causa universal de toda la realidad. La teología del Islam no ha conseguido resolver el problema de como las acciones del hombre dependen radicalmente de Dios, y sin embargo pueden y deben ser atribuidas a su autor humano. El Islam se debate entre la afirmación absoluta de la causalidad divina y la necesidad de reconocer en el hombre un principio de libre determinación que le haga responsable de sus actos. Hay como un movimiento pendular entre dos polos –divino y humano- que resulta teóricamente imposible comunicar.

 

En el marco de comprensión islámica de las relaciones divino-humanas, puede decirse que las acciones del hombre no son suyas en realidad. Propiamente hablando no le pertenecen a él, sino a Dios. Los actos humanos son meras ocasiones para que Dios actúe como causa real y verdadera de la acción. O bien se presentan como préstamos que Dios hace al hombre. Falta evidentemente un mínimo esquema explicativo de la operación de las causas, según el cual la causa divina seria condición indispensable para que pueda actuar la causa humana, pero esta, que depende de aquella, no ve eliminada por esa dependencia su propia causalidad. El hombre depende de Dios, pero sus actos son verdaderamente suyos y de su libertad. La acción sería en este sentido toda de Dios y toda del hombre. Es decir, de dos causas que actúan en planos diferentes, pero que inciden  ambas en el mismo resultado.

 

Nada de esto ocurre según las concepciones islámicas, donde el acto humano queda como subsumido por el acto divino, en el cual desaparece, al menos en teoría. El Islam parece desconocer la distinción de causa primera –Dios- y causa segunda, y la subordinación de la segunda a la primera. Para el cristiano, Dios ha dotado al hombre de una autonomía/libertad limitada, y Dios puede hacer concurrir todas las causas segundas al bien que Él quiere.  

 

8-      Santidad en el Islam:

 

En el Islam no tiene sitio la idea de santidad interior o de hombre santo en términos más o menos semejantes al uso y contenidos cristianos de esos términos. En el Corán no hay textos que reconozcan explícitamente hombres santos o mencionen una institución análoga a lo que se denomina santidad entre los cristianos. Los presupuestos y condicionamientos, más bien extrínsecos, de la religiosidad musulmana, apenas permiten hablar de una transformación interior del creyente, obrada mediante el auxilio divino.

 

La figura más próxima al santo cristiano es entre los musulmanes el wali, que significa literalmente amigo o patrón. Es la persona que puede ayudar en la necesidad, dentro de los límites que vienen marcados por el estricto monoteísmo. "Solo Dios es el wali de los creyentes" (Sura 3,68). El Corán prohíbe cualquier intercesión y niega en el hombre hasta el asomo de alguna cualidad espiritual que le permita ser intercesor y mediador de los demás ante Dios.

 

Espiritualidad:

 

a-      Espiritualidad cristiana:

 

Podemos decir que la espiritualidad cristiana, se basa en el cumplimiento de los Mandamientos, para alcanzar a través de estos la unión con Dios, y la perfección de la caridad.

 

El fin de toda vida cristiana es ante todo la gloria de Dios, y subordinado a esto su propia santificación.

 

El bautismo, puerta de entrada en la vida cristiana, siembra en nuestras almas una "semilla de Dios": es la gracia santificante. Ese germen divino está llamado a desarrollarse plenamente, y esa plenitud de desarrollo es, cabalmente, la santidad.

 

La santidad consiste en la perfecta configuración con Jesucristo, en nuestra plena cristificación, en la perfección de la caridad, o sea en la perfecta unión con Dios por el amor, en la perfecta conformidad de la voluntad humana con la divina.

 

El principio formal de toda nuestra vida sobrenatural es la gracia santificante. Soberana, aunque accidental participación de la naturaleza misma de Dios, al infundirse en nuestra alma, nos eleva al rango de hijos y herederos de la gloria.

"Somos hijos de Dios –exclama San Pablo-; y, siendo hijos, somos también herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo" (Rm. 8,16-17).

 

b- Espiritualidad musulmana:

 

El Islam no es considerado tanto una vía para el conocimiento de Dios, cuanto un camino de salvación, es justamente sumisión a la Voluntad de Dios.

 

Pues bien, en este camino de salvación tenemos en la oración un elemento capital. Más particularmente encontramos en la ascética islámica una oración de asombro, de alabanza, de agradecimiento, de sumisión. Al no poder penetrar los misterios divinos, y al rechazar el dogma de la Santísima Trinidad, el creyente musulmán no entra propiamente en la vida íntima de Dios. Su relación con Dios es la de criatura-creador, o esclavo-amo; no será la relación cristiana fundamental de hijo-Padre. De hecho, la filiación divina no puede predicarse ni metafóricamente.

 

La oración ritual y la recitación del Corán son los medios mejores para ponerse en presencia de Dios. El hombre ha de obedecer para que Dios quede satisfecho de Él. A los que así se portan, les dice el Corán que oirán en el juicio final estas palabras:

 

"¡Oh, tu! Ama en paz, vuélvete a tu Señor, agrádale y él se agradara en tí. Entra en medio de mis servidores, entra en mi paraíso"(Sura 89,27-30).

 

Se invita al hombre a mencionar a Dios y a darle gracias, así como a pedirle perdón:

 

"Haced mención de mí y me acordare de vosotros. Dadme gracias y no seáis conmigo ingratos ni incrédulos"(Sura 2,152).

 

"Pedid perdón a Dios. El perdona, es misericordioso"(Sura 73,20).

 

Si bien el Corán habla del amor de Dios a los hombres y del amor de los hombres para con él (Sura 5,54), esta noción de amor está lejos de ocupar el primer puesto en su enseñanza sobre Dios. La bondad misericordiosa de Dios (al-rahma) se recuerda por el contrario continuamente.

 

El texto insiste igualmente en el deber de alabar a Dios, de proclamar su unidad, de soportar las pruebas, de entregarse a él con absoluta confianza, de someterse a sus decretos.

 

Y al contrario; se condena todo extravío, toda ignorancia, toda ingratitud, toda falta de fe y confianza.

 

Se podría decir que la espiritualidad islámica se mantiene en un plano más próximo a la naturaleza, con la conciencia de ser criaturas delante de su creador, su señor y su dueño, adorándole y sirviéndole según la ley islámica. Es una religión de Dios sin cruz y sin la adopción de hijos de Dios.

 

En el fondo se trata de la situación del hombre en este mundo y de sus relaciones con Dios.

Para el Islam Dios habla por medio de un libro, mientras que para los cristianos "en múltiples ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas; ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por su Hijo…"(Hbr 1,1-2). Por parte musulmana, la palabra de Dios se hizo libro; por parte cristiana, se hizo hombre. Y esto entraña consecuencias incalculables.

 

El Islam camina hacia Dios por medio de un libro; nosotros vamos hacia Dios por una persona, la de Cristo. Algunos grandes santos, como el protomártir San Esteban, vivieron sin haber conocido el libro de los evangelios; vivieron de Cristo y de su gracia.

 

En cuanto a las diferencias, la primera se manifiesta en el terreno de lo sagrado. Si lo sagrado "relativo", que marca a todos los seres en la misma medida en que tienen una relación de criaturas con su creador, es reconocido por unos y otros, lo sagrado "esencial" difiere por completo. Por una parte, estará el Corán y todo cuanto toca al Corán; por otro, la humanidad de Cristo y todo cuanto prolonga. De ahí el lugar que concede al Corán la sociedad musulmana, su recitación con el deseo de ponerse en presencia de Dios, su uso como bendición y como señal de protección, su papel para sacralizar la vida publica.

 

Creemos interesante señalar con claridad lo que está en el corazón del Islam, lo que caracteriza su fe y lo que puede conducir a sus adeptos hasta una profunda experiencia religiosa.

 

Lo primordial en el Islam, es la reivindicación solamente para Dios del derecho al señorío y al culto. Esto es lo que sostiene todas las demás afirmaciones del Corán.

En el fondo de toda alma musulmana que haya crecido en ambiente islámico, aunque sea inculta o poco consecuente, aunque se entregue a devociones populares poco islámicas, vive más o menos conscientemente esta reivindicación del derecho exclusivo de Dios al culto, al servicio de sus criaturas, contra toda "asociación", es decir contra toda idolatría: no adorar mas que a Allah, no servir mas que a Allah, esperarlo todo de  Allah y nada de las criaturas, por muy poderosas y eficientes que puedan parecer. Este es el corazón del Islam.

 

En lo que respecta a la existencia humana, el Corán no exige grandes transformaciones. Deja al hombre en su marco normal, subrayando tan sólo sus relaciones con su creador. No habla de las heridas que haya podido causarle el pecado; no deja lugar para el pecado original que rechazan los musulmanes. El pecado de Adán fue puramente personal, y se arrepintió luego de él. En semejantes perspectivas, la naturaleza humana es buena, y el hombre está llamado a elegir entre el bien y el mal sin que el peso del mal le atraiga mas que el del bien. Lo que se le pide está en armonía con un conjunto de instintos o de disposiciones bien conocidas de la naturaleza humana: instinto religioso, solidaridad, preocupación por lo pobres y por los miembros del grupo, compromiso en la lucha armada por defender en caso necesario los intereses del grupo y su programa, formar un bloque contra los enemigos, con cierta tolerancia en el terreno de la sexualidad, de la venganza…Este ideal sigue siento muy humano tanto en sus mejores aspectos como en los demás.

 

Por eso una famosa tradición musulmana presenta al Islam como la religión más natural para el hombre, como la religión innata. No se detienen las miradas en el mal que se encuentra en el mundo o en el corazón del hombre, mezclado estrechamente con el bien. O, si se habla de él, es para oponerlo categóricamente al bien y para decir que el remedio a todos los males se encuentra en el Corán.

 

Conclusión:

 

Podemos concluir afirmando que tanto la espiritualidad como la moral islámica, tienen como base la sumisión, que se expresa en el cumplimiento de leyes o preceptos que justifican y hacen agradable al hombre delante de Dios. Donde el contacto más personal entre Dios y el hombre se realiza a través de la oración.

 

A diferencia del cristianismo, el Islam no tiene una relación "filial" con Dios, y por lo tanto no es el amor la base de su actuar y pensar, sino la "obediencia".  Como premio de esa sumisión, el hombre alcanza la felicidad en esta tierra y el paraíso, el cual se caracteriza por los gozos sensibles, dado el lugar que ocupa en el Islam la naturaleza.