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La dignidad de la Mujer

 

 

 

Hna. María de Roncesvalles

El tema de la dignidad de la mujer en el Islam fue y será siempre motivo de controversias. Están quienes acusan al Islam de ser una religión con profundas ideas machistas, en las cuales la mujer tiene muy poca cabida, y están aquellos que dicen que la mujer tiene los mismos derechos que los hombres en esta religión, alegando que son ellos quienes le dieron por primera vez y continúan dándole, el verdadero rol a la mujer en esta sociedad.

 

"Antes del Islam, la mujer era considerada como una amenaza para el honor de la familia y, por eso, merecedora de ser enterrada viva en su tierna infancia. Ya adulta, era considerada un objeto sexual que podía comprarse, venderse o heredarse. De esta posición de inferioridad e incapacidad legal, el Islam llevó a las mujeres a una posición de gran  influencia y prestigio dentro de la familia y la sociedad".[1]

 

Nada más alejado de la realidad, porque mucho antes de que naciese la religión islámica, hubo un hombre que a pesar de los  prejuicios de la sociedad contra la mujer, la dignificó y la elevó; "Cristo fue ante sus contemporáneos el promotor de la verdadera dignidad de la mujer y de la vocación correspondiente a esta dignidad"[2].

Al ser presentada por los escribas y fariseos ante Jesús una mujer acusada de adulterio, le preguntaron que debían hacer con ella, de acuerdo a lo que mandaba Moisés en su ley, con el fin de poder encontrar algo para acusarlo, si hablaba en contra de la ley, más Jesucristo que conoce los corazones de los hombres y sus intenciones responde: "El que de vosotros es sin pecado que le arroje la primera piedra". Al escuchar estas palabras y la fuerza de la verdad contenida en esta respuesta, relata el evangelio que "uno a uno se iban retirando, comenzando por los más ancianos". Finalmente quedan solo Jesús y la mujer: ¿"Mujer, donde están? ¿Nadie te ha condenado? Dijo ella: Nadie, señor. Jesús dijo: Ni yo te condeno tampoco; vete y no peques s".[3]

Este episodio como tantos otros, muestran que Cristo es aquel que "sabe lo que hay en el hombre"[4], conoce por lo tanto la dignidad del hombre y el valor que tiene a los ojos de Dios. La actitud de Cristo en relación con las mujeres que se acercan a Él a lo largo de su vida pública, es la confirmación de todo esto.

 

Veamos algunos puntos en los cuales, a pesar de no tener un basto conocimiento de esta religión, a mi juicio, muestran a simple vista que tal igualdad y por tanto dignidad de la mujer, si bien se la postule como tal, o no existe verdaderamente, o no es buscada como tal. Si no existe, entonces las afirmaciones de ser ellos los promotores de la dignidad son engañosas, y así podríamos pensar que somos también engañados en otros temas, que se esfuerzan de defender de la misma forma. Si verdaderamente quieren dignificar a la mujer, entonces deberían cambiar ciertas normas.

 

La razón que me mueve a escribir no es otra que –independientemente de la religión que se profese- ayudar a que se reconozca el papel vital que tiene la mujer en la sociedad, pues es amada por Dios quien la creó y la redimió por la sangre de su Divino Hijo.

 

1- Vida Eterna: Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados, viven para siempre con Cristo ya que por su muerte y Resurrección Cristo nos ha abierto el cielo.[5]

 

Esta verdad es tanto para hombres como para mujeres,  ya que "Dios quiere que todos los hombres se salven"[6], entendiendo el término “hombres” como de todo el género humano. Sin embargo, en un texto de Al-Bujari[7] se lee lo siguiente, transmitiendo las palabras del profeta Mahoma: "Yo estaba parado  a las puertas del infierno, y ví que la mayoría de las que entran allí son mujeres" y más adelante dice: "Pocos de los habitantes del Paraíso son mujeres."

"Las mujeres son pocas en el paraíso porque en muchos de los casos prefieren los placeres inmediatos de esta vida…; hay también una debilidad para esforzarse y prepararse para la vida eterna, son más inclinadas a las cosas del mundo".[8]

 

Creo que si decimos que son pocas las mujeres que están en el Paraíso, ya no las estamos poniendo en el mismo nivel que los hombres, al menos en cuanto a la igualdad de la salvación.

 

Algo parecido encontramos con respecto a los premios que allí se recibirán, se habla de mujeres creadas especialmente por Dios para los hombres y es en varios pasajes del Corán donde se hace mención  a estas mujeres llamadas "huríes", pero no hay ningún premio para ellas que las iguale a los hombres.

 

2- Vida familiar: Leemos en el Corán: "Los hombres son superiores a las mujeres, porque Alá ha elegido a alguno de vosotros para estar por encima, y porque ellos las mantienen con sus bienes. Las mujeres han  de ser obedientes y diligentes, porque Alá ha cuidado de ellas. Si de alguna teméis desobediencia, debéis amonestarla, ponerla en lecho aparte y si es necesario podéis pegarle".[9]

 

El hombre, tanto varón como mujer, es una persona y por consiguiente, la "única criatura sobre la tierra que Dios ha amado por sí misma"; y al mismo tiempo precisamente esta criatura única e irrepetible "no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás".

De aquí surge la relación de "comunión", en la que se expresan la "unidad de los dos" y la dignidad como persona tanto del hombre como de la mujer. La unión matrimonial exige por lo tanto este respeto, no puede convertirse la mujer en "objeto" para el hombre.

 

Tanto el hombre como la mujer deberán cada uno ocupar el rol que se les fue encomendado, y es basándonos en esta diversidad específica que se encuentra la dignidad y vocación de ambos. La mujer no puede tender a apropiarse de las características masculinas, en contra de su propia originalidad femenina. Los recursos personales de la feminidad no son ciertamente menores que los recursos de la masculinidad; son solo diferentes.[10]

 

La esposa ocupa en una familia musulmana un lugar estrictamente subordinado al varón. No puede elegir verdaderamente a su esposo, no puede volverse a casar si ha sido repudiada, ejerce sólo la patria potestad con sus hijos pequeños. No puede casarse con un cristiano, pero sí un hombre musulmán puede casarse con una cristiana o con una judía. Si está casada sólo debe ser con un hombre, mientras que al hombre le está permitida la poligamia. Está permitido que se les pegue cuando son desobedientes o no son buenas, ¿y quién regula esta ley? El mismo hombre que pega es el que regula esto, es él quien decide porque hacerlo y en que forma. Es aconsejado no hacerlo en el rostro, porque es la parte más visible y en lo posible hacerlo con una varilla.

 

Si bien no será siempre así, es muy significativo lo que refleja una escritora Marroquí[11]: "Un día, cuando yo era pequeña y volvía de la escuela coránica con los pies hinchados por el castigo de la falaqa (aparato que sujeta los pies en un sitio para que puedan ser azotados), mi abuela, que siempre trataba de enseñarme a ser feliz, me preguntó: Pero, pequeña ¿qué es lo que has hecho exactamente? Contuve las lágrimas de la humillación y comencé a responder: Yo quise decir al maestro…Y mi abuela, con cincuenta años de harén a sus espaldas, me interrumpió antes de que pudiera terminar mi primera frase: No te molestes en continuar, niña. Has cometido una falta muy grave. Has querido, tú, decir algo a tu maestro. No has de decir nada a tu edad y menos a alguien mayor que tú. Guarda silencio. No digas nada, ya verás que no volverán a pegarte. Mi abuela murió cuando yo tenía trece años, una hermosa tarde de verano. Crecí, deje la escuela coránica y salí al mundo con paso seguro en busca de dignidad. Pero mi progreso siempre se vio interrumpido por el desalentado consejo de quienes me aman y desean mi felicidad. Siempre dicen lo mismo: Si no quieres que te peguen debes permanecer callada".

 

3- Vida Social y educación: En muchos países de régimen islámico más fundamentalista, hay un gran porcentaje de analfabetismo, porque las mujeres son excluidas de la sociedad alegando entre los motivos, el primero que la mujer debe dedicarse a la casa y el estudio no le será necesario. En algunos de estos países la mujer no puede ni siquiera ir al médico sino es quien la atiende también una mujer, y solo son las que estudian una minoría, tal vez aquellas que tienen una mejor posición económica y esto les da posibilidad de estudiar.

 

El segundo motivo que ponen, es que son las mujeres la fuente de tentación para los hombres y así excluyéndolas se evita este problema.

En un artículo de una Página Web se puede leer lo siguiente: "El Islam eliminó alguno de los falsos conceptos sobre la mujer. Negó por ejemplo, la idea de que Eva tentó a Adán a desobedecer a Dios, y causó a sí su perdición. El Corán, explícitamente dice que ambos desobedecieron y con esto se afirma que la mujer no es fuente de maldad".

 

Hay una contradicción en esto, porque si no es fuente de maldad, ¿por qué se la discrimina?

 

El repudio de la mujer puede ser efectuado por el marido sin alegar motivos, mediante una declaración unilateral. Para un juicio por asuntos legales entre un hombre y una mujer a veces sólo basta la palabra del hombre, mientras que la mujer necesita de varios testigos que apelen a favor de ella.

Hay casos de mujeres acusadas de adulterio, mujeres embarazadas solteras, quienes, dependiendo de la gravedad del delito, son azotadas o deben pagar con su propia vida el "pecado" cometido, mientras que los hombres quedan impunes, aun siendo causa de éste.

 

Las acusaciones pueden ser en algunos casos ciertas, no todas las mujeres cumplen lo que manda el Islam para ellas, por ejemplo estar sometidas a sus maridos, pero habrá casos de mujeres que son acusadas de adulterio, juzgadas y condenadas sin tener ellas culpa alguna. ¿Se puede llamar esto dignificarla? No parece regir la misma ley para uno que para otro.

 

            Podríamos así seguir enumerando ejemplos, en los cuales lamentablemente no se cumple lo que ellos dicen: "Para las mujeres el Islam es una bendición especial", porque hay sobrados casos en los que la dignidad de la mujer pasa a un segundo plano. Hay y habrá siempre musulmanes que respeten a las mujeres, esto no se puedo negar, pero de lo que no estoy segura es si este respeto existe en algunos por el hecho que sea mandado en su religión.

 

            El Islam fue adaptándose con sus leyes a las costumbres de los países en los que ellos son minoría, no es lo mismo que trabaje una mujer musulmana española que una mujer iraní. En la mayoría de los países árabes que están dominados por la Sharia o ley revelada del Islam, no se aceptan cambios en su modo de pensar, especialmente si se trata de algo que se presenta ante ellos como ideas importadas de Occidente y por lo tanto para ellos corruptas. La impronta que deja esta ley en la mentalidad y en los comportamientos de los musulmanes es muy profunda, y la actitud que se tiene ante la mujer no es siempre la de dignificarla.

 

            La Verdad es y será siempre una sola; no ha sido el Islam quien le ha dado a la mujer su verdadera dignidad y que la hace igual al hombre, porque ésta solo pudo ser conquistada por Jesucristo: La Redención.

 

            Y es por ello que hoy el mundo puede contar con grandes mujeres que han cambiado la historia, que entendieron quien era Jesucristo y lo que Él había hecho por ellas: ¿Quién puede negar todo lo que hizo santa Teresa de Ávila por la vida monástica, Santa Catalina de Siena por el bien de la Iglesia, o el sufrimiento, lágrimas y oraciones, que causaba a Santa Mónica ver a su hijo Agustín perderse y hoy es contado entre los doctores de la Iglesia, o Santa Gianna Beretta Molla que prefirió la vida de su hija a la suya o la madre Teresa de Calcuta que se dedicó al trabajo de atender entre los pobres a los más pobres?

 

            Recorriendo las páginas del Evangelio pasan a nuestros ojos un gran número de mujeres, de diversa edad y condición; mujeres aquejadas de enfermedades o sufrimientos físicos (Lc 13,11); mujeres de mala fama como es la samaritana (Jn 4,7-27) quien luego de reconocer en El al Mesías corre a anunciarlo, mujeres de gran fe, como la hemorroisa que toca el manto de Cristo (Mc 5,27), la viuda de Naím de quien Cristo se compadece.

 

            En las enseñanzas de Jesús, así como en su modo de comportarse, no se encuentra nada que refleje la habitual discriminación de la mujer, propia del tiempo, por el contrario, sus palabras y sus obras expresan siempre el respeto y el honor debido a la mujer. Así como hizo Cristo, debemos hacer nosotros, reconocer y otorgar el verdadero rol que tienen la mujer y el hombre en la sociedad, de esta forma estamos entendiendo que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios: "Creó pues Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, hombre y mujer los creó"[12], y que por lo tanto a los ojos de Dios todos somos iguales.

 


 


1 Citando un texto de un artículo publicado por Saleem Kayani, sobre la dignidad y beneficios de la mujer en el Islam.

2 Carta apostólica del Sumo Pontífice Juan Pablo II sobre la dignidad y la vocación de la mujer con ocasión del año mariano: "Mulieris dignitatem"; Parte V – Jesucristo. (año 1998)

3 cfr. Evangelio de Juan 8, 3-11 (Jn 8,31)

4  cfr. Jn 2,25

5 Catecismo de la Iglesia Católica nn. 1023 y 1026.

6 1Tm 2,4  

7 Una de las colecciones de la tradición que tiene más autoridad entre los musulmanes.   

8 Citando al- Qurtubee (sacado de un artículo titulado "Most of  those enter hell will be women")

9 Sura 4, 34

10 Basándonos en textos de la carta apostólica antes mencionada, parte IV Eva-Maria.  

11 "Las sultanas olvidadas", de Fatima Mernissi.

12 Gn.1,27