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HOME / Judaísmo / Los judíos, Pio XII, y la leyenda negra, (Recensión del libro de Antonio Gaspari) 
 

Los judíos, Pío XII y la leyenda negra*

           

 

 

P. Luis Montes VE

           

La publicación del documento "Nosotros recordamos: una reflexión sobre la Shoah", por parte de la Santa Sede, desencadenó un verdadero alboroto. Citamos sólo dos opiniones en contra y dos a favor para dar una idea (Cf. págs. 13-14).

 

Entre las reaciones negativas se destacan la del rabino jefe asquenazi de Israel, Meir Lau, el cual tildó al documento de "inaceptable" y acusó al Vaticano de "no haber hecho bastante". También la del historiador George Mosse, quien refiriéndose a Pío XII afirmaba: "El silencio fue su culpa". Y muchas otras.

 

Las reacciones positivas también fueron abundantes. Tullia Zevi, presidenta de la Unión de Comunidades Judías Italianas afirmó: "Este documento corona cincuenta años de diálogo" y "demuestra el coraje de Juan Pablo II, que más que cualquier otro Papa ha encontrado palabras de fuego para condenar el antisemitismo". Massimo Caviglia, director de Shalom, el mensual más difundido y acreditado de la comunidad hebrea italiana, explicaba: "Creo que Pío XII no pudo actuar de otra manera: sabía que si tomaba una posición oficial contra Hitler la persecución se habría vuelto también contra los católicos. Sin embargo, en privado ayudó a los judíos, dándoles asilo en edificios eclesiásticos. También mis padres se salvaron en un convento".

 

Después de citar estas opiniones se pregunta el A.:

 

"La diversidad de las valoraciones, así como las interpretaciones contrapuestas sobre el papel ejercido por la Iglesia durante la ocupación nazi en Europa, sugieren una infinidad de preguntas: ¿Habría podido evitar el Holocausto que la Santa Sede hubiera denunciado públicamente las atrocidades nazis? ¿Habría podido la Iglesia Católica hacer más por los judíos durante la persecución? ¿Las múltiples iniciativas de los católicos para salvar a los judíos eran acciones aisladas o formaban parte de un plan general?

 

Para responder a estos interrogantes es por lo que comencé la investigación de la que ha nacido este libro" (págs. 14-15).

 

Investigación concienzuda como verá todo el que lea el libro: el A ha consultado los testimonios documentados de la época, ha consultado diarios y revistas, ha leído decenas de libros, y, lo que no es menos importante, ha buscado los testimonios vivos de aquella época tormentosa: aquellos que expusieron su vida para salvar a los judíos de los campos de exterminio, y los testimonios de los mismos judíos que no habrían sobrevivido sin la ayuda de estos "ángeles de la caridad".

 

En definitiva, un estudio histórico consistente, que nos revela la veracidad del documento de la Santa Sede sobre la Shoah.

 

Se divide el libro en siete capítulos:

 

Los dos primeros dedicados a lo que hizo la Iglesia para salvar a los judíos de la ciudad de Roma después de su ocupación por los nazis.

 

El tercero contempla la red de asistencia a los judíos en el resto de Italia.

 

El cuarto está dedicado a aquellos que Israel honra con el título de Justos entre las Naciones.

 

El quinto explica como nació la "leyenda negra" contra Pío XII.

 

El sexto trata del pontificado de Pío XII, especialmente en los años de la guerra.

 

El séptimo, finalmente, analiza la naturaleza pagana, racista y profundamente antihumana del régimen nazi.

 

Damos a continuación una breve reseña de cada capítulo.

 

Capítulo primero: La caridad cristiana frente a la barbarie nazi

 

Después de presentar el número de bajas que sufrió el clero católico por su empeño en salvar a los perseguidos por los nazis, y de presentar testimonios de judíos en defensa de la acción de la Iglesia en el período de la guerra[1], comienza a exponer algunos ejemplos preclaros de caridad cristiana heroica en favor de los hebreos: la obra pontificia para la emigración de los judíos, el Seminario de Letrán, las Hermanas de Sión, la Iglesia del Buen Pastor, la Providencia en Via di Donna Olimpia, la Iglesia Santa María in Vallicella, las Hermanas Compasionistas Siervas de María, las hermanas de María Niña, la obra de Don Orione. Todos estos casos son conocidos no tanto por aquellos que arriesgaron su vida (que en general prefieren mantener su buena obra en silencio, y sólo han aceptado testimoniar en beneficio de la verdad histórica), sino especialmente por los testimonios de los hebreos que ellos salvaron. Muchos de ellos han recibido agradecimientos oficiales o del Estado de Israel o de organizaciones judías italianas.

 

Se destaca en esta capítulo la historia de Israele Zolli, ex rabino jefe de la comunidad judía romana, perseguido por el nazismo, salvado por católicos. Obtuvo, después de la guerra una entrevista con Pío XII para agradecerle oficialmente todo lo que la Iglesia había hecho en favor del pueblo judío. A fines de julio del 44 presentó su renuncia como gran rabino. Le fue ofrecido el cargo de director del Colegio Rabínico, puesto que no se "dudaba en afirmar que en la comunidad judía no había una persona más competente y preparada para tan delicado oficio y, a la vez, tan estimada y apreciada por su honestidad y doctrina", en palabras del presidente de la comunidad judía. De manera cortés y decidida Zolli rehusó todo cargo. El 13 de febrero de 1945 fue bautizado en Santa María de los Ángeles y tomó el nombre de Eugenio en reconocimiento a Pío XII.

 

Capítulo segundo: Escondidos en la Catacumbas como los primeros cristianos

En este capítulo siguen los testimonios de hechos heroicos en favor de los judíos en la ciudad de Roma. La comunidad Salesiana de San Calixto, las Hermanas de la Caridad, las Pías Maestras Filipinas, Sor Gertrude, y varios obispos entre los que se destacan Mons. O'Flaherty, Mons. Palazzini, Mons. Ronca, y Mons. Barbieri. Este último era llamado "el más grande falsificador del mundo", pues con una imprenta clandestina, logró falsificar treinta y siete mil carnets de identidad, de los cuales llegaron a usarse en favor de lo prófugos más de veinte mil.

Capítulo tercero: Una red de asitencia judeocristiana.

 

Una doble organización permitió extender esta red de asistencia durante la guerra a toda Italia. En primer lugar la Iglesia católica en cuanto tal. Sin la autorización, más aun, sin el pedido expreso de Pío XII hubiera sido imposible que los sacerdotes y religiosos trabajasen en semejante coordinación en un período tan caótico. Así lo expresó el entonces rabino de Roma al enterarse de la muerte de Pío XII.: "Más que ninguna otra persona, hemos tenido ocasión de experimentar la gran bondad y magnanimidad del papa durante los infelices años de la persecución y del terror, cuando parecía que para nosotros no habría ninguna salvación. La comunidad israelí de Roma, donde siempre ha sido muy vivo el sentimiento de gratitud por lo que la Santa Sede ha hecho en favor de los judíos romanos, nos autoriza a referir de manera explícita la convicción de que cuanto hizo el clero, los institutos religiosos y las asociaciones católicas para proteger a los perseguidos, no puede haber tenido lugar sino con la expresa aprobación de Pío XII" (pág. 74).

 

Pero la labor de protección y salvamento de los judíos por parte de la Iglesia no habría sido posible sin la existencia de la organización de asistencia judía llamada Delasem. "Sin este lazo habría sido difícil para  la Iglesia católica haber entrado en contacto con todos los judíos que tenían necesidad de ayuda" (pág. 75).

 

Después de las leyes raciales que entraron en vigor el 17 de noviembre de 1939 se creó la Delegación de Asistencia a Emigrantes Judíos. Ésta desempeñó una intensa actividad de socorro hasta el 8 de setiembre, después de lo cual pasó a la clandestinidad. "Fue en ese momento cuando la Iglesia sustituyó a los dirigentes judíos, expandiendo la labor de socorro entre crecientes peligros y dificultades" (pág. 78).

 

El que tomó la dirección de la Delasem en Roma fue el P. capuchino Marie Benoit du Borg d'Ire, conocido simplemente como P. Benedetto, o más aún como "padre de los judíos". La impresionante obra de este sacerdote está contada en las páginas 78-81, así como los testimonios judíos de agradecimiento a su persona.

 

El resto del capítulo está dedicado a la obra de la Delasem en el resto de Italia, y también a la acción de los obispos franceses.

 

Capítulo cuarto: Quien salva una vida es como si salvara al mundo entero

"En 1953, el Parlamento judío creó el título de Justos entre las Naciones para recordar a aquellos que habían salvado la vida a uno o más judíos destinados a los campos de exterminio. Se trata del más alto reconocimiento otorgado a ciudadanos no judíos. Son alrededor de quince mil las personas de todo el mundo que han obtendido este título... 'Para los judíos, este reconocimiento equivale a vuestra causa de beatificación', sostiene Emanuele Pacifici, presidente italiano de la asociación Amigos del Yad Vashem" (pág. 103).

 

El que instruye la causa es el judío salvado del Holocausto, quien pide al Yad Vashem que reconozca como "justo" a aquel que se arriesgó para salvarlo.

 

Para conseguir este reconocimiento hace falta haber salvado a los judíos de la persecución, haber arriesgado la vida y no haber recibido nada a cambio.

 

De acuerdo a las investigaciones históricas hechas por Lucien Lazare "resulta que fueron al menos tres las categorías profesionales más comprometidas en la protección y salvación de los judíos, en este orden: los miembros del clero, los diplomáticos, y los funcionarios de las localidades y de la policía" (pág. 104).

Todas las historias que trae el autor están perfectamente documentadas. En ellas se ve el heroísmo del amor cristiano, que no dejó de utilizar los medios más originales para salvar una vida más. Impresionante capítulo en el que no faltan los casos de aquellos que perdieron su vida por esta causa.

 

Capítulo quinto: La "Leyenda Negra" que oscurece el pontificado de Pío XII

Cuando murió Pío XII el 9 de octubre de 1958, llegaron al Vaticano demostraciones de afecto y admiración procedentes de todo el mundo. Entre ellas se destacan muchas y muy importantes del mundo judío.

 

Por el contrario, actualmente, una leyenda negra ha caído sobre la vida y la obra de este gran Papa. Con ocasión de la publicación del documento de la Santa Sede sobre la Shoah, han sido muchas las voces de protesta por la defensa que hace el documento del Papa Pacelli.

 

Para llegar a la verdad, se remonta el autor a las fuentes originales. En 1964 Pablo VI autorizó la publicación de los documentos de la Santa Sede relativos a la segunda guerra mundial: se conservan los dossiers gracias a los cuales es posible recorrer hora a hora las actividades del Papa. Están los discursos y mensajes del Papa;  las cartas intercambiadas entre los nuncios y los dignatarios civiles y eclesiásticos; las notas de la Secretaría de Estado; la correspondencia diplomática entre la Secretaría de Estado, los embajadores acreditados ante la Santa Sede, los representantes del Vaticano en el extranjero y los delegados apostólicos.

 

"Todo este material fue recogido en 12 volúmenes y publicado en los años 1965-1982, con el título de Actes et Documents du Saint-Siège relatifs à la Seconde Guerre Mondiale" (pág. 135).

Son 12 mil páginas desconocidas para la mayoría. Por este motivo el P. Blet (uno de los encargados de la publicación) ha publicado un ágil volumen: Pie XII et la Seconde Guerre Mondiale d'après les archives du Vatican.

 

Es el mismo P. Blet el encargado de refutar, en este capítulo, las calumnias levantadas contra Pío XII: la acusación de que no intentó detener la guerra, sus presuntas simpatías filogermánicas, su cobardía por no denunciar públicamente al nazismo, el no haberse movido para salvar a los judíos perseguidos, su negativa de publicar la encíclica contra el racismo pedida por Pío XI, y su presunta correspondencia con Hitler. Trae después el autor testimonios de testigos oculares de los hechos los cuales refutan, también, la acusación del robo por parte del Vaticano del oro de los judíos croatas.

 

Capítulo sexto: Justicia para Pío XII

 

Se destaca en este capítulo el testimonio del P. Gumpel quien "al tener que afrontar la relación entre la Santa Sede y los judíos durante el régimen nazi, a su excelente preparación y competencia... añade una experiencia personal. Heredero de una de las familias más importantes de Alemania, Gumpel sufrió lo indecible durante el régimen hitleriano por motivos políticos.

 

Muchos de sus familiares fueron asesinados, su madre encarcelada, y por dos veces él mismo tuvo que huir al extranjero para no caer víctima de los nazis" (pág 164).

 

Comenta Gumpel que "quien acusa a Pío XII, nunca lo hizo mientras él estaba vivo. Muchos de los que hoy atacan a Pío XII, o eran muy jóvenes o ni siquiera habían nacido cuando el nazismo cometía sus crímenes".

 

La leyenda negra contra Pío XII comenzó con una obra teatral representada por primera vez en Alemania con el título Der Stellvertreter El Vicario, de Rolf Hochhuth. Se afirma en dicha obra que Pío XII era un cobarde y un pronazi. Tras la publicación de El Vicario muchas voces se levantaron como protesta, incluídas la de varios judíos, no precisamente benévolos con la Iglesia Católica. La calumnias eran muy burdas.

 

En cuanto a la credibilidad de las investigaciones históricas de Hochhuth hay otros datos interesantes: en otra obra acusó a Churchill de haber mandado matar al general polaco Sikorski, muerto tras la caída de su avión en Gibraltar. Hochhuth estaba convencido de que no había sobrevivientes del accidente, pero el piloto que estaba vivo lo desmitió. Dura fue la reacción de la BBC y de los periódicos ingleses contra Hochhuth quien no fue tomado en serio, desde entonces, por nadie, y, sin embargo, sus calumnias sobre Pío XII se utilizan todavía.

 

Analiza, también el P. Gumpel, la cuestión del silencio de Pío XII, concluyendo que una protesta oficial contra Hitler habría desencadenado más aun su locura, trayendo como consecuencia más victimas cristianas y judías.

 

Capítulo séptimo: La Iglesia entre antijudaísmo, "mea culpa", y martirio

 

Importantísimo este capítulo que analiza la acusación más grave que han hecho algunos judíos contra la Iglesia Católica: que por culpa del antisemitismo católico fue posible el Holocausto. O más directamenta aún, que la actitud de la Iglesia contra los judíos fue la causa de la aparición del nazismo.

 

A este respecto encontramos por ejemplo, las siguientes afirmaciones:

 

"El genocidio nació en el corazón de la crisitandad", Elie Wiesel, premio nobel de la paz.

 

El antijudaísmo de la Iglesia "preparó el terreno al Holocausto", Efraim Zuroff, director del centro Wiesenthal de Israel.

 

"La Iglesia enseñó a despreciarnos", Rabino David Rosen, de la Anti Defamation League.

Semejantes generalizaciones merecen una aclaración.

 

Dice le texto de la Santa Sede sobre la Shoah: "No se puede ignorar la diferencia que existe entre el antisemitismo... y... (aquello) que llamamos antijudaísmo" (IV).

 

El antisemitismo, está "basado en teorías contrarias a la enseñanza constante de la Iglesia sobre la unidad del género humano y la igual dignidad de todas las razas y de todos los pueblos". El llamado antijudaísmo consiste en "los sentimientos de sospecha y de hostilidad existentes desde siglos" contra los judíos.

 

De esto último la Iglesia reconoce que pecaron algunos de sus hijos. Más concretamente, se refiere el documento, a los países occidentales de tradición cristiana, incluidos algunos de América del Norte y del Sur, que "dudaron mucho en abris sus fronteras a los judíos perseguidos". Ello constituye "un grave peso de conciencia para dichas autoridades".

También reconoce el documento la falta de muchos cristianos que "constataron con horror la desaparición de sus vecinos judíos, pero no tuvieron  la fuerza suficiente para elevar su voz de protesta".

 

Pero, no se puede, por respetar simples generalizaciones o contentar ciertos intereses acusarse de lo que no se ha hecho. Por ello, "frente al racismo antisemita del régimen hitleriano rechaza (la Iglesia) todo tipo de implicación" (pág. 184).

 

Para probar esta verdad analiza el autor el caracter pagano, inhumano, y también anticristiano -no sólo antijudío- del régimen de Hitler: su racismo contrario a la enseñanza de la Iglesia, las teorías que lo sustentan, el Estado como Dios que señala el bien y el mal, los medios aberrantes que utiliza.

 

Considera además la persecución que sufrió la Iglesia por oponerse al régimen nazi.

           

Al final del libro trae el autor el texto mismo: Nosotros recordamos: una reflexión sobre la Shoah.

 

En conclusión: las preguntas que hacía el autor en la Introducción encuentran satisfactorias respuestas. El libro, sin perder su agilidad, es profundo y bien documentado.

 


 


*  Antonio Gaspari, Ed. Planeta-Testimonio, Bs. As. 1999, 242 páginas.

[1] Se destaca el de Emilio Pinchas Lapide, quien fuera cónsul general de Israel en Milán: "La Santa Sede, los nuncios, y la Iglesia católica han salvado de la muerte entre setecientos mil y ochocientos cincuenta mil judíos".