Declaración judía sobre los
cristianos y el cristianismo
Más de 170 rabinos y estudiosos judíos firmaron
recientemente una Declaración sobre los cristianos y el cristianismo titulado
"Dabru Emet" (en hebreo: "decid la verdad"). El Instituto de
Estudios Cristianos y Judíos de Baltimore fue el impulsor de este Documento.
Con sólo ocho párrafos, Dabru Emet es un ambicioso intento
de presentar una "respuesta meditada por parte de los judíos" al
"cambio espectacular y sin precedentes" de las relaciones entre judíos
y cristianos.
Presentamos el texto íntegro para nuestros lectores de este
importante documento, que si bien no representa a todo el judaísmo -los
firmantes se definen como un grupo de estudiosos judíos de tendencias
diferentes-, sin embargo es un gran paso adelante en el diálogo judeo-cristiano.
Esperamos que otros grupos judíos tomen iniciativas como éstas, totalmente
necesarias para avanzar por el camino del reconocimiento mutuo.
Dabru Emet
En los últimos años, se produjo un cambio espectacular y sin
precedentes en las relaciones entre judíos y cristianos. Durante los casi dos
milenios de exilio judío, los cristianos tendieron a caracterizar al judaísmo
como una religión fracasada o, en el mejor de los casos, como una religión que
preparó el camino para el cristianismo y encuentra en él su cumplimiento. Sin
embargo, en las décadas que siguieron al Holocausto, el cristianismo cambió de
una manera espectacular. Un número cada vez mayor de organismos eclesiales
oficiales, tanto católicos romanos como protestantes, efectuaron declaraciones
públicas para expresar su arrepentimiento por el maltrato de los cristianos
hacia los judíos y el judaísmo. Esas declaraciones sostienen, además, que la
enseñanza y la prédica cristianas pueden y deben ser reformadas en el sentido
de reconocer la Alianza permanente de Dios con el pueblo judío y celebrar la
contribución del judaísmo a la civilización mundial y a la misma fe cristiana.
Creemos que esos cambios merecen una respuesta meditada por
parte de los judíos. Hablando sólo en nuestro propio nombre —somos un grupo
de estudiosos judíos de tendencias diferentes—, creemos que ha llegado el
momento de que los judíos reconozcan los esfuerzos que hacen los cristianos por
valorar al judaísmo. Creemos que ha llegado el momento de que los judíos
reflexionen sobre qué tiene que decir hoy el judaísmo acerca del cristianismo.
Como primer paso, presentamos ocho breves enunciados sobre la forma en que los
judíos y los cristianos pueden relacionarse entre sí.
Los judíos y los cristianos adoran al mismo Dios.
Antes del surgimiento del cristianismo, los judíos eran los únicos que
adoraban al Dios de Israel. Pero los cristianos también adoran al Dios de
Abraham, Isaac y Jacob, el creador del Cielo y de la Tierra. Aunque el culto
cristiano no es una opción religiosa viable para los judíos, como teólogos
judíos nos alegramos de que, por medio del cristianismo, cientos de millones de
personas hayan entrado en relación con el Dios de Israel.
Los judíos y los cristianos se remiten a la autoridad del
mismo libro: la Biblia (que los judíos llaman "Tanakh" y los
cristianos, "Antiguo Testamento"). Al buscar en él orientación
religiosa, enriquecimiento espiritual y educación comunitaria, judíos y
cristianos extraemos enseñanzas similares: Dios creó y sostiene el universo;
Dios estableció una Alianza con el pueblo de Israel; la palabra revelada de
Dios guía a Israel por una vida de rectitud; y Dios redimirá finalmente a
Israel y a todo el mundo. Pero en muchos puntos, los judíos y los cristianos
interpretan la Biblia de modo diferente. Esas diferencias siempre deben ser
respetadas.
Los cristianos pueden respetar la reivindicación del
pueblo judío sobre la tierra de Israel. El acontecimiento más importante
para los judíos después del Holocausto fue el restablecimiento de un estado
judío en la Tierra Prometida. Como miembros de una religión bíblica, los
cristianos aprecian que Israel fue prometida —y otorgada— a los judíos como
centro físico de la Alianza entre ellos y Dios. Muchos cristianos apoyan al
Estado de Israel por razones mucho más profundas que las meramente políticas.
Como judíos, aplaudimos ese apoyo. También reconocemos que la tradición judía
prescribe la justicia para todos los no-judíos que residan en un Estado judío.
Los judíos y los cristianos aceptan los principios morales
de la Torah. En el centro de los principios morales de la Torah está la
inalienable santidad y dignidad de todos los seres humanos. Todos nosotros
fuimos creados a imagen de Dios. Esta énfasis moral compartido puede ser la
base de un mejoramiento de la relación entre nuestras dos comunidades. También
puede ser la base de un vigoroso testimonio para toda la humanidad con el fin de
mejorar la vida de nuestros semejantes y resistir frente a las inmoralidades y
las idolatrías que nos dañan y nos degradan. Este testimonio es especialmente
necesario después de los horrores sin precedentes del siglo pasado.
El nazismo no fue un fenómeno cristiano. Sin la larga
historia de antijudaísmo cristiano y la violencia cristiana contra los judíos,
la ideología nazi no habría podido imponerse ni llevarse a cabo. Demasiados
cristianos participaron en las atrocidades nazis contra los judíos, o las
consintieron. Otros cristianos no protestaron suficientemente contra esas
atrocidades. Pero el nazismo en sí mismo no fue una consecuencia inevitable del
cristianismo. Si el exterminio nazi de los judíos se hubiera terminado de
consumar, su furia asesina se habría vuelto más directamente contra los
cristianos. Reconocemos con gratitud a esos cristianos que arriesgaron o
sacrificaron sus vidas para salvar judíos durante el régimen nazi. Teniendo
esto presente, alentamos la continuación de los actuales esfuerzos de la teología
cristiana para repudiar inequívocamente el desprecio hacia el judaísmo y el
pueblo judío. Aplaudimos a los cristianos que rechazan esa enseñanza del
desprecio, y no los culpamos por los pecados que cometieron sus antecesores.
La diferencia humanamente inconciliable entre judíos y
cristianos no será resuelta hasta que Dios redima a todo el mundo, según las
promesas de la Escritura. Los cristianos conocen y sirven a Dios a través
de Jesucristo y la tradición cristiana. Los judíos conocen y sirven a Dios a
través de la Torah y la tradición judía. Esa diferencia no será resuelta
porque una comunidad insista en que interpreta la Escritura más correctamente
que la otra, ni ejerciendo poder político sobre la otra. Los judíos pueden
respetar la fidelidad de los cristianos a su revelación, del mismo modo en que
esperamos que los cristianos respeten nuestra fidelidad a nuestra revelación.
Ni el judío ni el cristiano deben ser presionados para aceptar las enseñanzas
de la otra comunidad.
Una nueva relación entre judíos y cristianos no debilitará
la práctica judía. Una mejor relación no acelerará la asimilación
cultural y religiosa que, con razón, temen los judíos. No cambiará las formas
tradicionales del culto judío, ni incrementará los matrimonios mixtos entre
judíos y no-judíos, ni inducirá a más judíos a convertirse al cristianismo,
ni creará una falsa combinación entre judaísmo y cristianismo. Respetamos al
cristianismo como una fe que se originó dentro del judaísmo, y que sigue
teniendo contactos significativos con él. No lo consideramos una extensión del
judaísmo. Sólo si apreciamos nuestras propias tradiciones, podemos proseguir
esta relación con integridad.
Judíos y cristianos deben trabajar juntos por la justicia
y la paz. Los judíos y los cristianos reconocen, cada uno a su manera, que
la situación de no-redención del mundo se refleja en la persistencia de la
persecución, la pobreza, la degradación humana y la miseria. Aun cuando la
justicia y la paz pertenecen en última instancia a Dios, nuestros esfuerzos
conjuntos, unidos a los de otras comunidades de fe, contribuirán a instaurar el
Reino de Dios que esperamos y anhelamos. Por separado y en conjunto, debemos
trabajar para instaurar la justicia y la paz en nuestro mundo. En esta empresa,
somos guiados por la visión de los profetas de Israel:
Sucederá en días futuros que el monte de la Casa del Señor
será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas.
Confluirán a él todas las naciones, y acudirán pueblos numerosos. Dirán:
"Venid, subamos al monte del Señor, a la Casa del Dios de Jacob, para
que él nos enseñe sus caminos, y nosotros sigamos sus senderos. (Isaías
2, 2-3)
Tikva Frymer-Kensky, University of Chicago
David Novak, University of Toronto
Peter Ochs, University of Virginia
Michael Signer, University of Notre Dame
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