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Nuevas revelaciones: «Pío XII. El Papa de los judíos»
Un libro publicado en Italia ofrece detalles inéditos
CIUDAD DEL VATICANO, 29 mayo 2001 (ZENIT.org).-
Los silencios de Pío XII, ¿fueron simplemente silencios o más bien una manera
de ayudar con más eficacia a los judíos? Es más, ¿se puede hablar realmente
de silencios? A estas preguntas responde un nuevo libro publicado en Italia con
algunas revelaciones inéditas.
«Pío XII. El Papa de los judíos» («Pio XII. Il Papa degli ebrei»,
editorial Piemme), escrito por el corresponsal en el Vaticano del diario milanés
«Il Giornale», Andrea Tornielli, reconstruye con documentos que hasta ahora no
habían sido publicados la polémica entorno al papa Eugenio Pacelli, quien en
vida y tras su muerte recibió el reconocimiento unánime del mundo judío.
Desde los años sesenta, sin embargo, se ha puesto en discusión su figura con
la obra teatral «El Vicario», en un primer momento, y, recientemente, con la
publicación del libro del periodista británico John Cornwell, «El Papa de
Hitler».
Pero, realmente, ¿se puede decir --como tratan de hacerlo sus acusadores-- que
Pío XII fue en cierto sentido cómplice de la persecución nazi? ¿No fue más
bien una estrategia para ayudar con más eficacia y libertad a los judíos
perseguidos por los nazis, como el mismo Papa confió a don Pirro Scavizzi?
«Tras muchas lágrimas y muchas oraciones --dijo el Papa al capellán que recogía
noticias sobre los perseguidos--, he considerado que mi protesta habría
suscitado las iras más feroces contra los judíos y multiplicado los actos de
crueldad, pues están indefensos. Quizá mi protesta me hubiera traído la
alabanza del mundo civil, pero habría ocasionado a los pobres judíos una
persecución todavía más implacable de la que ya sufren».
Presentamos, a continuación, la entrevista que ha realizado a Andrea Tornielli
el informativo internacional de
Radio
Vaticano.
--¿Cómo se explica los silencios de Pío XII?
--Andrea Tornielli: Los documentos muestran con claridad que los «silencios no
fueron propiamente silencios»: en el libro, cito todos los pasajes de los
mensajes radiofónicos en los que el Papa Pacelli afirma explícitamente cosas
muy claras. De todos modos, Pío XII no denunció públicamente a Hitler, pues
trató de salvar el mayor número posible de vidas humanas. Gracias a su actitud
prudente, la Iglesia, los nuncios, el Vaticano, lograron salvar, como ha
calculado el historiador judío Pinchas Lapide, a unos 850 mil judíos de la
persecución y de la muerte.
--Uno de los aspectos más interesantes recogidos en el libro es el que se
refiere a un documento en el que el Papa Pacelli condenaba el nazismo; documento
que después prefirió quemar, tras ver lo que había sucedido en Holanda. ¿Existen
pruebas de la existencia de este documento?
--Andrea Tornielli: En 1942, el Papa estaba a punto de publicar un documento muy
duro contra los nazis, contra Hitler, contra la persecución de los judíos.
Pero le impresionó profundamente lo que sucedió en Holanda. En aquel país,
tras la protesta de los obispos, se agravaron las persecuciones contra los judíos.
La prueba de la existencia de este documento viene de muchos testimonios, como
el de sor Pasqualina Lehnert, sor Konrada Grabmeier, el padre Robert Leiber e
incluso el del cardenal francés Eugène Tisserant. Estos testigos revelaron que
el Papa había escrito aquel documento y que decidió quemarlo personalmente en
la cocina y esperar hasta que no quedara totalmente destruido. La conmoción que
le ocasionó el caso holandés fue tan profunda que prefirió quemarlo a
provocar ulteriores daños a los judíos.
--Usted menciona también la amonestación al arzobispo de Viena, Theodor
Innitzer, que le hizo Pacelli, cuando todavía era secretario de Estado
vaticano, en 1938…
--Andrea Tornielli: El caso de Innitzer es muy interesante, pues en ese año
este arzobispo, junto a otro prelados austríacos, había acogido con entusiasmo
la llegada de Hitler. Pues bien, Eugenio Pacelli y Pío XI convocaron
urgentemente a Innitzer en Roma. Pacelli fue muy frío y obligó a Innitzer a
firmar en su presencia una retractación, que fue publicada en «L'Osservatore
Romano». Esto demuestra que tanto Pacelli, como el Papa, que en aquel entonces
era Pío XI, rechazaron la posición de la Iglesia austríaca.
--Usted habla también un complot contra Hitler con el apoyo de Pío XII.
--Andrea Tornielli: Es un caso muy importante. En noviembre de 1939, y en los
primeros meses de 1940, se dio el intento por parte de algunos generales
alemanes de abatir el régimen de Hitler y de volver a instituir la democracia.
Los alemanes hicieron que la noticia llegara al Vaticano y el Papa se comprometió
personalmente, corriendo un gran riesgo, para hacer de trámite y lograr que la
noticia llegara a los aliados ingleses y estadounidenses. Luego aquellos
generales no pudieron hacer nada, pero el Papa participó activamente en este
proyecto.
--¿Por qué se acusa ahora al Papa de connivencia con el nazismo?
--Andrea Tornielli: Se ha creado una auténtica «leyenda negra» que no tiene
nada que ver con el debate histórico. Una cosa es discutir seriamente sobre la
actitud del Papa y los motivos por los que decidió no hacer una denuncia pública;
y otra, muy distinta, tratar de hacer de él un chivo expiatorio. Esto es lo que
se ha hecho con Pío XII. Hay que reconocer que el Papa hizo todo lo posible,
mientras que otros no hicieron lo que hubieran podido…
--¿Cuál es el gesto de Pío XII que más le ha impresionado al realizar su
investigación?
--Andrea Tornielli: Los gestos son muchos: de las negociaciones que realizó,
utilizando todos los canales posibles e imaginables para detener las
inspecciones en el ghetto de los judíos en Roma, hasta las instrucciones
precisas que se dieron a los nuncios, sin olvidar el hecho de que él mismo gastó
sus bienes personales para enviar dinero a los nuncios con el objetivo de
aliviar los sufrimientos de los judíos.
Es importante, además, la revelación que el Papa Pacelli hizo a don Pirro
Scavizzi, el capellán que recorrió Europa recogiendo noticias sobre los
perseguidos. Pío XII le dijo: «Dígales que el Papa sufre con ellos, sufre con
los perseguidos, y que si a veces no alza más la voz es sólo para no provocar
daños peores».
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