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El "Acuerdo Fundamental" entre la Santa Sede y el Estado de Israel

 

 

 

 

 

P.Jorge Cortés, VE

Preparativos previos

 

Sin duda alguna el Acuerdo Fundamental ha sido un gran logro del pontificado de Juan Pablo II. El Acuerdo que se firmó a fines del 93’ hizo posible que en junio del 94’ se acordase  el establecimiento de  relaciones diplomáticas plenas entre la Santa Sede e Israel. Fue un gran avance en vistas de las relaciones judeo-católicas. El Vaticano II  había prometido potenciar dichas relaciones; el no mantener relaciones diplomáticas era considerado por los israelíes y judíos de todo el mundo como un incumplimiento de promesas. Todo esto ponía un gran obstáculo al diálogo interreligioso. Muchos de los interlocutores judíos con los cuales la Iglesia debía comprometerse consideraban el tema de las relaciones diplomáticas como algo fundamental para el diálogo judeo-católico.

 

Podemos advertir pasos previos que, de algún modo, prepararon el Acuerdo Fundamental y los pactos posteriores que se han dado en el Pontificado de Juan Pablo II. A fines de los ochenta el Santo Padre en Otratanto (Italia) hizo referencia en una homilía al pueblo judío y al Holocausto designándolo como “la trágica experiencia del exterminio sufrido por tantos hermanos y hermanas”. Esa ocasión era la primera vez que el Papado se refería públicamente al Estado de Israel.

 

Poco tiempo después Juan Pablo II envió a Jerzy Kluger, amigo de la infancia, para que iniciase conversaciones privadas y extraoficiales con  diplomáticos de Israel en Roma a fin de tratar temas relacionados al establecimiento de  relaciones diplomáticas plenas. Fruto de este acercamiento fue que el Santo Padre, en Octubre de 1981, enviase un telegrama al Presidente del Estado de Israel para desearle feliz Rosh Hashanah, en ocasión de la celebración del Año Nuevo Judío.

 

Sin duda alguna fueron pasos preparativos para el Acuerdo las  numerosas veces que el Papa se reunió con grupos judíos en Roma o en el extranjero, la condena al ataque terrorista a las sinagogas de Viena y Roma; la reunión con Yitzhak Shamir, ministro israelí de Asuntos Exteriores; la visita a la Sinagoga de Roma en  abril de 1986 y la declaración que el Vaticano realizara afirmando la no existencia, en la doctrina católica, de razones teológicas que impidiesen las plenas relaciones diplomáticas entre la Santa Sede e Israel...cosa que muchos dudaban.

 

La negociación

 

A principios del 90’ por  decisión de su Santidad asume como Delegado Apostólico en Jerusalén Andrea Cordero Lanza de Montezomolo, ex –nuncio en Nicaragua, quien, sin lugar a dudas, fue unos de los personajes claves del Acuerdo. El arzobispo Montezomolo era hijo de un italiano víctima del nazismo, esto facilitó enormemente sus relaciones con los interlocutores israelitas.

 

Después de la Guerra del Golfo pero antes de la Conferencia de Paz en Madrid, el Delegado Apostólico recibió una orden expresa del Papa de tratar de iniciar relaciones bilaterales con Israel. El arzobispo Montezomolo comunicó esto a sus pares israelitas y comenzó su proyecto con el P. David María Jaeger, sacerdote franciscano, nacido en Tel Aviv,  hijo de padre israelí y madre brasileña de ascendencia judía.

 

El P. Jaeger en su juventud conoció el cristianismo e impactado por la doctrina decidió hacerse católico, pero al no encontrar nadie que lo quisiese bautizar decidió acudir a los anglicanos, a ellos les pidió el bautismo y, después se presentó al Patriarca Latino de Jerusalén diciéndole lo aceptase como un protestante converso.

 

En el año 1977, el P. Jaeger había trabajado extraoficialmente con el delegado apostólico en asuntos de estado concernientes a la Iglesia en Israel. En el Instituto Ecuménico Tantur, fundado por Pablo VI, Jaeger había ayudado a lanzar un programa sobre los cristianos en Tierra Santa. Fue corresponsal en Jerusalén del periódico católico inglés The Tablet. Ingresó en la orden franciscana en 1981; en 1985 hizo sus votos solemnes y el 19 de marzo de 1986 fue ordenado sacerdote, siendo el único sacerdote cristiano israelí desde la independencia del estado de Israel.

 

En 1989 presentó su tesis doctoral en derecho canónico; el tema: el papel de la diplomacia papal en la preservación de los derechos legales de los cristianos en Tierra Santa.

Sin duda el P. David era el hombre idóneo para llegar a negociaciones con Israel: era hebreo, con grandes conocimientos en lo concerniente a la ley israelí, derecho canónico e historia de Tierra Santa.

 

El 20 de Mayo de 1992  se convocaron en reunión una delegación de la Santa Sede, encabezada por el arzobispo Montezomolo, con el Ministro de Relaciones de Asuntos Exteriores israelí para elaborar un texto de anuncio para la creación de la Comisión Bilateral Permanente de la Santa Sede y el Estado de Israel. El P. Jaeguer se encargó de la redacción del texto oficial. Posteriormente a la firma del anuncio por ambas partes se originó una polémica cuando llegó la hora de determinar cuál sería la agenda de la comisión, pues la Santa Sede sostenía que de no existir acuerdo previo acerca de la agenda en cuestión, no se llegaría a hacer un anuncio. Dos meses más tarde ambas partes se reunían en Jerusalén en el Ministerio de Asuntos Exteriores, allí la Santa Sede propuso incluir las relaciones diplomáticas como el punto primero, principal y más urgente de los temas a tratar, pues una vez establecidas las relaciones diplomáticas plenas cualquier otro punto, como las relaciones estatales de la Iglesia, impuestos, temas legales y de propiedad, sería negociable. El embajador Moshe Gilboa, contra el parecer de sus consejeros legales, aceptó finalmente dicha propuesta y así, el 29 de julio de 1992 se anunciaba oficialmente la creación de la Comisión Bilateral Permanente de la Santa Sede y el Estado de Israel.

 

Cuando se dio comienzo a las negociaciones la parte católica presentó tres puntos que fueron aceptados por Israel:

 

  1. Intentar hacer un breve acuerdo sobre normas y principios generales y no un extenso tratado sobre las relaciones Iglesia-Estado o concordato. Dicho acuerdo otorgaría ya un grado provisional a las relaciones diplomáticas, que la Santa Sede consideraba de algún modo iniciadas con la creación de la Comisión Bilateral.

  2. Dividir el trabajo de la negociación en dos niveles: Nivel Plenario y Nivel Experto. El Plenario, integrado por los Viceministros de Asuntos Exteriores de ambas partes, ratificaría lo alcanzado por el Nivel Experto y trataría de dar solución a aquello que no se hubiese podido resolver en este segundo nivel. El Nivel Experto sería el encargado del trabajo en detalle, y sería encarado por el Arzobispo Montezomolo y el Embajador israelí Gilboa.

  3. Reciprocidad de plazas a fin de remarcar el carácter mismo de las negociaciones, el cual era internacional, y para hacer resaltar que ambas partes actuaban como sujeto de derecho internacional. Las reuniones a Nivel Plenario se harían en el Vaticano y también en Israel y aquellas que perteneciesen a Nivel Experto se celebrarían en Jerusalén tanto en el Ministerio de Asuntos Exteriores como en alguna institución católica, que en la práctica terminó siendo el Instituto Ratisbona.

 

El 2 de Noviembre de 1992  y lo largo de toda una semana se desarrollaron las primeras negociaciones a Nivel Experto. El tema principal en cuestión era dejar en claro la entidad legal, la cual entraría en relaciones diplomáticas plenas con Israel.

Si bien la parte israelí tenía conocimiento de que la Santa Sede era sujeto de derecho internacional y también que en última instancia solía asociarse con el Vaticano por ser ésta una ciudad-estado inscripta, sin embargo existía bastante confusión en relación a la distinción entre Santa Sede y Vaticano. Aún después de haberse firmado el tratado perduraban confusiones respecto cuál era el estado con que Israel había establecido relaciones diplomáticas. Durante la cena, la noche de la firma del Acuerdo, el Ministro de Asuntos Exteriores, Peres, comentó que creía que el convenio se había firmado con el pequeño estado del Vaticano.

 

Ya desde los comienzos era necesario dejar en claro quién era el homólogo de Israel en las negociaciones: la Santa Sede y no el Vaticano. En cuanto a derecho internacional se refiere, la Santa Sede representa internacionalmente y  legalmente el ministerio del obispo de Roma como pastor universal de la Iglesia Católica. Y si bien la autonomía de la ciudad-estado del Vaticano ayuda a garantizar la independencia de la Santa Sede como sujeto soberano en el ámbito internacional sin embargo hay estados que cuentan con embajadas en la Santa Sede y no en el Vaticano. Además es la Santa Sede quien participa en organizaciones internacionales legales y políticas (como asambleas de la ONU, por ejemplo).

 

Pero este no fue el único escollo a resolver. La Santa Sede en estas tratativas manifestó su intención de clarificar la situación legal de la Iglesia Católica en Israel, pero el Estado sólo había reconocido legalmente Iglesias Cristianas locales (como la Iglesia Armenia, la Católica de rito latino, la Católica Griega, la Griega Ortodoxa, la Maronita, la Melkita, entre otras) pero la Iglesia Católica como entidad orgánica con personalidad jurídica no había sido reconocida por Israel, por tanto los israelitas rechazaban mencionar la Iglesia Católica en las negociaciones. Finalmente ante el peligro de suspender las negociaciones los hebreos aceptaron  hablar de Iglesia Católica, sin embargo quedaron dudas que posteriormente pusieron en grave peligro el éxito de las negociaciones.

 

Vía extraoficial

 

En julio de 1992 entra en funciones el gobierno del Primer Ministro Yitzhak Rabin. Israel establece negociaciones a fin de lograr relaciones diplomáticas plenas con países árabes como Marruecos, Túnez, Omán y Katar y  también desea hacerlo con la Santa Sede a través del Acuerdo Básico o Fundamental.

En los encuentros realizados con los católicos, los israelíes dijeron que las negociaciones para el Acuerdo Básico, el cual incluía las plenas relaciones diplomáticas, debería cerrarse a fines del 93’, de lo contrario los otros temas debían examinarse de nuevo. La parte católica deseaba  no solo llegar a relaciones diplomáticas plenas con Israel sino sobre todo que la Iglesia Católica tuviese en Israel el mismo status legal que tenía en cualquier otro país, por eso es que surgió una estrategia a dos bandas: se intentaría encarar las negociaciones por una vía oficial y por otra extraoficial.

 

Es de pensar que de no haber existido negociaciones extraoficiales que intentasen lograr el objetivo de las negociaciones por un modo indirectamente autorizado, el Acuerdo muy difícilmente habría podido ser alcanzado. Estas negociaciones extraoficiales las realizaron el P. Jaeguer y Shlomo Gur, diplomático israelí asignado a la oficina de Yosi Beilin, Secretario del Ministerio de Asuntos Exteriores. Durante el otoño del 93’, se reunieron en más de doce o trece ocasiones en el Hotel Hilton de Jerusalén. Los dos israelíes confiando plenamente el uno en el otro mantuvieron conversaciones en modo abierto y personal pues sabían que entre ellos no había infiltración o partidismo alguno.

 

La Comisión Bilateral a Nivel Experto desconocía esta segunda vía paralela de negociaciones. Cuando se llegaba a un consenso, cada uno, Jaeguer  y Gur, comunicaba a sus superiores. Gur elevaba los informes al Secretario Yosi Beilin y Shimon Peres, Ministro de Asuntos Exteriores; por su parte el P Jaeguer lo hacía con el arzobispo Jean-Louis Tauran (ministro de asuntos exteriores en el Vaticano) y el Cardenal Angelo Sodano (secretario de estado).

Cuando los jefes de las dos delegaciones a Nivel Experto fueron informados por sus superiores de que el acuerdo se había logrado por una vía extraoficial, tanto el arzobispo Montezomolo como el embajador Eitan Margalit, aceptaron inmediatamente el proceso.

 

Hemos dicho que el primer tema que se planteó en las primeras reuniones a Nivel Experto organizada en vista al Acuerdo era el papel de la Iglesia Católica. Pues bien, a última hora volvió a surgir ya que los israelíes simplemente pensaban incluir la Iglesia Católica en el conjunto de Iglesias que convivían en su territorio, pero no se podía meramente equipar la Iglesia con otras expresiones institucionales del catolicismo, esta manera simplista de solucionar la cuestión no expresaba la verdadera esencia de la Iglesia la Iglesia Católica que era mucho más que las instituciones presentes que la conformaban.

 

De nuevo la vía extraoficial entró en juego, Jaeguer y Gur se reunieron y entonces convinieron insertar la frase inter alia (entre otras cosas) en el texto del Acuerdo, de este modo la Iglesia Católica no quedaba equiparada a las demás instituciones que la conforman. Así, el Acuerdo al momento de usar los términos “Iglesia Católica” o “Iglesia”, entendía el “conjunto que incluye inter alia a sus comunidades e instituciones”. Por su parte los israelíes también incluyeron idéntica expresión, inter alia, al referirse a “Estado de Israel”o “Estado” para aclarar que se incluía no solo el gobierno central sino también todas las instituciones establecidas por la ley israelí como por ejemplo el municipio de Jerusalén.

 

En el último tiempo el Acuerdo Básico fue analizado por una comisión especial integrada por seis cardenales entre los cuales se contaban Ratzinger, Casaroli, Laghi y Silvestrini y fue aceptado unánimemente con algunos pequeños retoques que no constituyeron problema alguno para la parte israelí. Durante las negociaciones se mantuvieron informados los líderes católicos de rito oriental y también los de la Iglesia Ortodoxa. El Patriarca Latino de Jerusalén, Michael Sabbah y dos Patriarcas de la Iglesia Católica Oriental fueron consultados por la Santa Sede acerca de si consideraban que el Acuerdo Básico podría ser cumplido inmediatamente, a lo cual respondieron afirmativamente de modo unánime.

 

Las Comisión Bilateral a Nivel Plenario se convocó para el 10 de diciembre de 1993 en el Ministerio de Asuntos Exteriores para formalizar el convenio, sin embargo se requeriría todavía una nueva negociación a fin de establecer la ceremonia formal de la firma del Acuerdo. La delegación israelí quería hacerlo en Roma para que su alcance público fuese mayor. La Santa Sede decía hacerlo en Jerusalén pues los únicos acuerdo diplomáticos que se firmaban en Roma eran los que se hacían con Italia y que  la costumbre diplomática que siempre se observaba era la de firmar los acuerdos en el país de destino. Se convino entonces en que la ceremonia formal se celebraría en dos reuniones: una en Roma, el 29 de diciembre, que aprobaría el Acuerdo formalmente y otra en Jerusalén, el 31 de diciembre, para firmarlo.

 

Estructura del Acuerdo

 

El Acuerdo Básico cuenta con un preámbulo que enmarca dicho convenio en un contexto histórico-teológico apropiado. Comienza con un mutuo reconocimiento de “el singular carácter y el significado universal de Tierra Santa”, matiza “la singular naturaleza de la relación entre la Iglesia Católica y el pueblo judío”, e incluye su reciente “proceso de reconciliación y desarrollo desde un mutuo entendimiento”. El núcleo del convenio lo integran los artículos 1 al 3 inclusive, los artículos10-12 y 14 del Acuerdo.

 

En el artículo 1 ambos se comprometen a “potenciar el derecho humano de la libertad religiosa y de conciencia”, derecho universal que también el Estado de Israel se compromete a observar en tanto que obligación legal.

El artículo 2 garantiza “la cooperación a la hora de combatir toda forma de antisemitismo contra el pueblo judío e individuos de origen judío en todo momento y lugar”.

 

Los artículos 3, 10 y 12 establecen una plataforma para proseguir las negociaciones en el reconocimiento de Israel de “el derecho de la Iglesia Católica a ejercer funciones religiosas, morales, educativas, y caritativas, a contar con instituciones propias y a preparar, nombrar y desplegar su propio personal en las mencionadas instituciones a efectos de cubrir y cumplir dichas funciones”.

El artículo 14 compromete a ambas partes a prepararse para mantener relaciones diplomáticas plenas, que se realizarían a nivel embajada cuando el Acuerdo Básico hubiese entrado en vigor en el plazo de algunos meses.

Termina el documento con el texto: “Firmado en Jerusalén, el día trigésimo primero del mes de diciembre, en el año 1993, que corresponde al decimosexto del día del mes de Tevet, del año 5754”.

 

Excluyendo el establecimiento de las relaciones diplomáticas plenas en julio de 1994, es preciso decir que debió pasar bastante tiempo, prácticamente cuatro años, para que el Acuerdo diese sus primeros frutos. Si esto ha sucedido ha sido no sólo por la desinformación que antes hemos señalado sino también por una serie de dificultades  las cuales no son muy fáciles de solucionar, como por ejemplo el rechazo de ciertos políticos israelíes a negociar con sacerdotes, el secularismo reinante y la burocracia en general. Con todo, nadie osará decir que el Acuerdo Básico es un convenio estéril; es un hito histórico e irrevocable que afecta fundamentalmente las relaciones entre el pueblo hebreo y la Iglesia Católica Apostólica Romana y que a pesar de muchas dificultades se ha abierto paso para lograr otro convenio de envergadura como es el que otorga personalidad jurídica a las entidades eclesiásticas en Israel firmado el 10 de noviembre de 1997. Además, como anteriormente hemos expresado, gracias a él se está negociando y su estructura prevé una serie de importantes tratativas concernientes a las relaciones Iglesia-Estado en Israel que aún deben comenzar.