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El Olam haba, o el Mas Allá en el
Judaísmo II
El infierno
Hna.María
del Cielo
Así como para el
judaísmo no existe Satanás como ángel malo, tampoco existe el infierno,
lugar destinado al castigo eterno de los réprobos.
Según algunos Dios
castiga a los malos. Así lo afirma Maimonides, famoso filosofo judío: “Dios
retribuye al hombre de acuerdo a sus acciones: Premia por el bien y castiga por
el mal. Una acción buena no cubre por otra mala, ni viceversa. Tanto el premio
como el castigo se dan en el Mundo Venidero que es completamente espiritual”.
Al respecto dice la
Sagrada Escritura: “Sigue los caminos de tu corazón y lo que encanta tus
ojos; pero sábete que de todas estas cosas Dios te pedirá cuentas”.
Otros autores
sostienen que se da un castigo pero por un período de tiempo, no eterno. Aun
así, nadie puede explicar de qué modo se da esto.
“Todos los
hombres atraviesan después de la muerte un cierto período, o sea siete días en
los cuales el individuo no es capaz de separarse de los bienes terrenos, o sea
de la propia familia. Después hay un mes que prepara la separación, el individuo
comienza a ser atraído más del cielo que de la tierra. Por eso se hace un año de
luto, pero un año que termina a los 11 meses, porque el luto se tendría que
hacer por un año por las personas que tienen muchos pecados graves que expiar.
Como, creemos que no hay dentro de nosotros un réprobo completo, hacemos luto
por 11 meses. Después de los once meses la persona va al paraíso.
No existe el
infierno, pero existe el castigo. Como para
el justo hay un premio que se da en el lapso de tiempo de un año, así, para el
réprobo existe el castigo. Después de este año, estos 11 meses, van todos al
paraíso”.
En algunos se ve una contradicción al
decir que tanto buenos y malos después de la muerte estaremos junto a Dios.
"No hay gueinom (infierno) en el Mundo Venidero, sino que el Santo Bendito Sea,
sacará al sol de su estuche (es decir, energía pura, sin filtros) y los justos
se curan con él, mientras que los malvados sufren con él."
Otro autor afirma: “El infierno NO
existe como lo han planteado otras religiones, o algunas personas que no conocen
la médula del judaísmo. Malos y buenos, sin otras distinciones, TODOS tenemos
nuestro destino en el Olam HaBa (Mas Allá), pero allí tendremos roles o
posiciones diferentes, que nos permitirán gozar más o menos, o aún sentir
displacer por habernos integrado a la Fuente de Vida Eterna, que es H’ (Dios)”.
¿Cómo un alma puede sentir displacer
por unirse a El eternamente? ¿Si la sola contemplación de Dios constituye la
misma Bienaventuranza en la otra vida? “Se dirá en aquel día: “He
aquí, este es nuestro Dios, en quien esperábamos; El nos salvara. Este es Yahvé,
en quien hemos puesto nuestra esperanza; regocijémonos y alegrémonos en su
salvación”.
No hay felicidad que se compare a la que experimentan los justos en la Vida
eterna, precisamente porque el centro de la misma es Dios.
Maimonides se refiere a un premio
espiritual en el Mas Allá, muy distinto del que ofrece este mundo: “Este
mundo en el que vivimos es un mundo de prueba para, mediante la obediencia a
Dios, lograr llegar a estar cerca de El eternamente en el Mundo Venidero que es
el mayor placer al que puede aspirar un ser humano. Ningún placer y ninguna
satisfacción de este mundo puede retribuir siquiera por una sola buena acción,
pues los placeres terrenales nunca son eternos”
De ningún modo se puede contemplar el
rostro del Altísimo, y “sufrir con el” o “sentir displacer por
habernos integrado a la Fuente de Vida Eterna”. Precisamente la pena
principal del infierno según la doctrina católica consiste en la separación
eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad
para las que ha sido creado y a las que aspira.
Por lo tanto, el castigo no puede ser estar junto a
El, porque precisamente ese es el fin de la Vida del Hombre, en eso consistirá
nuestro gozo: vivir con Dios y para siempre.
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"El Infierno", segun El
Bosco |
Si afirmamos que no
existe el infierno, que todos llegaran al Cielo, estaríamos negando la justicia
de Dios, que da a cada uno según sus obras. ¿Como se entienden las palabras del
profeta Daniel según el cual “de los que duermen en el polvo de la tierra se
despertaran, unos para vida eterna, otros para ignominia y vergüenza eterna”?
¿Cómo se interpretan
sino las palabras del Eclesiástico: “Después se levantara y les dará
el pago, a cada uno en particular, y los enviara al profundo de la tierra. Pero
a los que se arrepienten les concede el volver a la justicia…y destinó para
ellos el premio de la verdad”.
Dice Dios en boca del Profeta Isaías
hablando del Juicio final y del castigo eterno para los réprobos: “Y
saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra Mi; como
gusano nunca morirá, y cuyo fuego nunca se apagará; y será objeto de
horror para todos los hombres”.
Algunos explican que “el paraíso y
el infierno son los recuerdos amplificados y develados de la individualidad, que
no dejan de satisfacer y/o torturar a quien los provocó en su vida terrena”.
“El verdadero infierno es la
eternidad de los malos recuerdos, de la memoria de las incorrectas acciones
ejecutadas en Este Mundo.”
Se puede ver en esto una contradicción, por un
lado se niega la existencia del infierno, pero por otro admiten un eterno
sufrimiento (“recuerdos que no cesan de torturar”) por las malas obras
cometidas.
Contemplar el Rostro de Dios, después
de esta vida, constituye nuestra esperanza y nuestro gozo. Vivir eternamente
junto a Dios en compañía de los ángeles y los justos. Vivir junto a El, donde ya
no habrá enfermedades, ni odio ni tristezas, ni necesidad alguna; porque El
mismo es nuestra Bienaventuranza. “Mas los justos vivirán eternamente; su
galardón esta en el Señor, y el Altísimo tiene cuidado de ellos. Por tanto,
recibirán de la mano del Señor el reino de la gloria, y una brillante diadema”.
Negar la existencia del infierno, es
un modo de escapar a la responsabilidad de nuestros actos malos ante Dios, es en
cierto sentido buscar un modo mas fácil de vivir, sabiendo que al fin y al cabo,
seamos buenos o malos, todos tendremos la misma posibilidad de llegar a El. Es
el pensamiento de los mundanos, que describe la Sagrada Escritura, quienes no
ponen su esperanza en la Vida eterna sino que se afanan por gozar de este mundo
olvidando el fin para el cual fuimos creados: “Dijeron pues, entre sí,
discurriendo sin juicio: Corto y lleno de tedio es el tiempo de nuestra vida; no
hay consuelo en el fin del hombre; ni se ha conocido nadie que haya vuelto de
los infiernos. Pues nacido hemos de la nada, y pasado lo presente seremos como
si nunca hubiésemos sido…Venid pues, y gocemos de los bienes presentes;
apresurémonos a disfrutar de las criaturas como en la juventud. …Ninguno de
nosotros deje de tomar parte en nuestra lascivia; dejemos por todas partes
vestigios de nuestro regocijo, ya que nuestra herencia es esta, y tal nuestra
suerte”.
“Jesús habla con frecuencia de la
“gehenna” y del “fuego que nunca se apaga” (cf Mt 5, 22.29; 13, 42.50; Mc 9,
43-48) reservado a los que, hasta el fin de su vida rehúsan creer y convertirse,
y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo (cf. Mt 10, 28). Jesús
anuncia en términos graves que “enviara a sus ángeles que recogerán a todos los
autores de iniquidad…, y los arrojaran al horno ardiendo” (Mt. 13, 41-42), y que
pronunciará la condenación: “¡Alejaos de mí malditos al fuego eterno!”(Mt 25,41).
El error está en la concepción de lo
que es en sí el pecado, porque siendo una ofensa contra Dios que es Infinito, la
culpa adquiere una magnitud infinita.
Dios aborrece el pecado. Dice la
Biblia: “La conversación de los pecadores es insoportable; porque hace
gala de las delicias del pecado”.
“Dos cosas contristan mi corazón, y la tercera me provoca cólera: un
varón aguerrido que desfallece de hambre; el varón sabio de quien no se hace
caso; y el hombre que de la justicia se vuelve al pecado, al cual destina Dios a
la perdición”.
“El principio de la soberbia del
hombre fue apostatar de Dios, apartándose su corazón de Aquel que le creó. Así
pues, el origen de todo pecado es la soberbia; quien la tuviere, rebosará en
abominaciones, y ella al fin será su ruina”.
Por eso el castigo es eterno. Dios no
destina a nadie al infierno, “para que eso suceda es necesario una aversión
voluntaria a Dios (un pecado mortal) y persistir en el hasta el final”.
“Morir en pecado mortal sin estar
arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer
separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de
autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo
que se designa con la palabra infierno”.
Si la Iglesia haciéndose eco de las
palabras de Nuestro Señor en la Sagrada Escritura, predica la existencia del
infierno y su eternidad, es para hacer un “llamamiento a la responsabilidad
con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino
eterno.”
Al
mismo tiempo es “un llamamiento a la conversión”: “Entrad por la puerta
estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la
perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡que estrecha la puerta y
que angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran” (Mt
7, 13-14).
Por lo tanto, el creer en el infierno
no nos debe llevar a la desesperación ni mucho menos. Nos debe llevar a la
responsabilidad sobre nuestras almas y sobre las demás.
Si nos esforzamos por cumplir los
mandamientos, amando a Dios y al prójimo, confiemos en que Nuestro Señor
Jesucristo, vencedor de la Muerte y el Pecado nos dará todas las gracias
necesarias para llegar a El.
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