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«CRISTIANOS EN CRISIS» EN
ISRAEL:
INFORME DE «AYUDA A LA IGLESIA NECESITADA»
Tras su visita a la región, el
organismo internacional alerta de la situación.
JERUSALÉN/KÖNIGSTEIN, miércoles, 25
mayo 2005 (ZENIT.org) - Una
«combinación de pobreza, discriminación y violencia» hace que el futuro de la
Cristiandad en Tierra Santa «penda de un hilo», alerta «Ayuda a la Iglesia
Necesitada» (AIN) tras su visita a Israel.
Fue el padre Werenfried Van Straaten
(1913-2003) quien fundó en 1947 esta asociación católica internacional
dependiente de la Santa Sede. Su objetivo es apoyar a cristianos perseguidos y
necesitados. Cuenta actualmente con filiales en diecisiete países. En su sede
internacional de Königstein (Alemania) se financian anualmente unos diez mil
proyectos presentados por sacerdotes, religiosos y obispos de más de 130 países
del mundo.
La crisis de los cristianos en Israel
«es tan severa» que un equipo de AIN visitó el país para comprobar sobre el
terreno qué ayuda podría prestar en esta situación, de la que ofrece algunas
consideraciones en un informe que envió el sábado pasado a Zenit bajo el título
«Israel: Cristianos en crisis - Fieles presionados por todas las partes».
«La presencia cristiana en la
sociedad israelí está a punto de desaparecer en el olvido e incluso corre el
riesgo de desaparecer 'de facto'», explica.
«Reducidos a unos 150.000, los
cristianos afrontan la opresión y la discriminación en escuelas, en el trabajo y
en la sociedad israelí, ya sea por su religión, su clase social o su origen
étnico (la mayoría son árabes palestinos)», apunta el Informe.
Además «el coste de la vida sube -sobre
todo en las zonas palestinas--» y hay una alta tasa de desempleo».
Mientras, «disminuyen para los
cristianos las oportunidades de hacerse oír», pues en los últimos 40 años «la
proporción de fieles en el país ha ido reduciéndose» «de un 20% a un 2%», y «la
sociedad ha cambiado muchísimo, debido a la fuerte inmigración de musulmanes
combinada con la amplia emigración de cristianos (400.000 fieles de Israel viven
ahora en el extranjero)».
Por su parte, los «cristianos que han
optado por permanecer en el país (...) se enfrentan con los enormes problemas
sociales y económicos, y buscan un futuro a largo plazo en su tierra natal».
Cita AIN al custodio franciscano de
Tierra Santa, el padre Pierbattista Pizzaballa, quien expresó: «La gente en
Occidente parece no tener conciencia de que aquí aún hay cristianos que
necesitan su ayuda». Y es que, recuerda AIN, «como no cambie su fortuna y no
disminuya la tasa de emigración, los cristianos podrían desaparecer de Tierra
Santa».
Tres casos: Maghar, Belén y Ramala
Unos 18 mil habitantes forman el
pueblo de Maghar --a 15 kilómetros del mar de Tiberíades y 40 de Nazaret--, la
mitad drusos [una comunidad que profesa una religión derivada de la mahometana,
separada del Islam en torno al siglo X, presente sobre todo en Líbano y Siria],
el 35% musulmanes y el resto cristianos, en gran parte católicos melquitas.
El 11 y 12 de febrero el lugar fue
sacudido por la violencia que desencadenaron fundamentalistas drusos contra la
comunidad cristiana (Cf. Zenit, 21 febrero 2005).
AIN visitó a principios de mayo esta
localidad. Recuerda que en la noche del 10 de febrero dos centenares de personas
se lanzaron contra los cristianos; la madrugada siguiente los atacantes ya eran
4.000. «Aproximadamente la mitad de la población cristiana del lugar huyó
despavorida», dice el Informe.
«Pese a esporádicos atentados de
bomba», el padre Maher Aboud, párroco católico de San Jorge, en Maghar, «ha
persuadido a la mayoría de las familias cristianas de que regresen a sus casas y
reconstruyan sus vidas» y «predica el perdón», informa AIN. «Sin embargo, al
menos 40 familias no han regresado» por miedo o por los destrozos ocurridos en
sus casas.
El sacerdote, que lleva 28 años
trabajando en Maghar afirma: «Le hemos dado vueltas y más vueltas al asunto,
pero no hemos encontrado nada que justifique lo que nos han hecho».
«La violencia que los cristianos
afrontan en Maghar se repite en muchos lugares de Israel», apunta AIN.
Mientras la ciudad de Belén --al sur
de Jerusalén-- prácticamente «está desapareciendo tras el muro de 8 metros de
altura levantado por las autoridades israelíes», recuerda AIN. El muro separa
los territorios palestinos de Israel.
La comunidad de 60.000 cristianos de
la región -constata AIN-- contempla esta nueva amenaza para su medio de vida:
las peregrinaciones y el turismo.
Ya «el inicio de la segunda Intifada
a finales de 2000 supuso un desastre para las tiendas y los negocios de
artesanía de Belén» por la drástica reducción del turismo. Ahora que éste
empezaba a recuperarse y los cristianos tenían esperanza de que su situación
mejoraría «el muro limita el número de turistas que entran en Belén».
Los cinco minutos que llevaba un
desplazamiento en coche de Jerusalén a Belén ahora puede llegar a durar más de
tres horas, debido a los controles. Y como mucho, se espera que los turistas
realicen visitas de un día a Belén, cuando antes solían pasar allí varias
noches, explica el Informe.
Subraya que «para los cristianos de
Belén, salir de su ciudad natal ha sido complicado durante muchos años, pero el
muro se lo va a poner mucho más difícil. Realmente, es como una condena a muerte
para todos aquellos que, por trabajo, se movían entre Belén y Jerusalén».
«Además la voz de los cristianos de
la zona apenas tiene fuerza porque su número es cada vez menor en comparación
con la creciente población musulmana. Si añadimos la emigración de cristianos,
nos encontramos con que, en un periodo de 25 años, la proporción de cristianos
en Belén se ha reducido en un 50%: ahora sólo uno de cada diez habitantes es
cristiano», dice el documento.
Y un reciente sondeo revela que el
75% de los jóvenes cristianos abandonaría el país en 24 horas si tuviera
oportunidad de hacerlo
«El estancamiento de los negocios
supone una enorme carga para las familias cristianas, y muchos piensan que el
muro los encerrará de verdad en sus propios pueblos y ciudades», alerta el
organismo católico de ayuda.
Por su parte en la ciudad de Ramala
--al norte de Jerusalén-- el crecimiento de la militancia entre musulmanes ha
provocado un éxodo masivo en un punto que, hasta 1948 y la creación de Israel,
era enteramente cristiano, revela AIN.
«A todos los musulmanes les gusta
venir a esta ciudad. Poco a poco los cristianos están yéndose porque no pueden
convivir con ellos. Hay algunos fanáticos a los que les molesta nuestra
existencia», explicó el padre Nazaih --desde hace mucho tiempo párroco de Ramala,
la sede del Gobierno palestino--.
El sacerdote informó igualmente del
sentimiento de amargura que aún sigue vivo varios años después de que unos
musulmanes fanáticos robaran la tierra cristiana próxima a la iglesia para
construir ahí una mezquita. «Llegaron con tractores y derrumbaron los muros de
las casas. No podíamos creer lo que estaba pasando. Se lo llevaron todo. Incluso
el gobernador no pudo hacer nada», relató.
De las miles de familias cristianas
presentes de 1948 en Ramala, ya sólo quedaban unos pocos centenares, estima el
padre Nazaih, y añade que hasta 40.000 cristianos han emigrado a los Estados
Unidos.
Esperanza... y llamamiento
A pesar de que «la emigración de
cristianos no cesa», AIN pudo constatar que «ha crecido el número de bodas y
nacimientos», circunstancia que «permite albergar esperanzas para el futuro a
largo plazo de la comunidad cristiana».
«También está aumentando el optimismo
en relación con la mejora de la formación --añade--. Pese a la enorme oposición
de las autoridades israelíes, el sacerdote greco-católico Elías Chacour dirige
un próspero centro educativo para 4.000 estudiantes en Ibillin, en la región de
Galilea (norte de Israel)»: «denominado Institución Educativa Mar Elías, es un
signo de esperanza para la cooperación entre cristianos y musulmanes, y uno de
los mejores centros de formación de la zona».
Y «organizaciones como el Consejo
para Relaciones Judeo-Cristianas de Jerusalén están luchando por eliminar las
barreras entre judíos y cristianos», se lee en el documento.
En una nota del pasado viernes, la
responsable de la sección de Oriente Medio de AIN, Marie-Ange Siebrecht, a la
vuelta de su visita a Tierra Santa, de todas formas recordó: «¿Cómo van a
quedarse los cristianos en su país natal sin trabajo ni futuro? ¿Y qué
significado tienen los lugares santos cristianos sin una presencia cristiana? Es
nuestra obligación informar al mundo en nombre de estos cristianos».
Finalmente invitó a los benefactores
de AIN «ante todo» a «rezar por Tierra Santa» y a «visitarla» «con
organizaciones cristianas».
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